domingo, 22 de diciembre de 2019

El Laberinto de la noche

La Tinaja de Guaitil y otros cuentos/
M.L.A y J.A.V./EDiNexo 2015. ISBN: 978-9968-557-73-3.Pág 31-41


La nave Calíope cuenta con sólo 8 mililitros de combustible, la altimetría señala 9 metros, el nivel de proa 63 grados hacia abajo y desciende sin control a 4 metros por segundo. La colisión es inminente, contra uno de los cañones arenosos del Laberinto de la noche, al extremo oeste del Valle del Mariner, en Marte. La fecha es 8 de setiembre de 2043.
https://en.wikipedia.org/wiki/Noctis_Labyrinthus

Luego se seinte el choque contra algo muy similar a las dunas delSahara, mucho ruido dentro la cabina, infinidad de chispas y llamas en el exterior. La parada casi en seco, posiblemente contra una gran roca, las luces de Calíope parpadean, se apagan por dos minutos, todo es silencio y oscuridad. Finalmente, las luces de emergencia se encienden y los dos astronautas dirigen su mirada al panel de control, afortunadamente el sello está intacto y el nivel de oxígeno correcto.



La comandante Mlah y el primer oficial Wolff aún aturdidos por el fuerte impacto, tratan de quitarse de encima algunos instrumentos de navegación que cayeron sobre ellos, y revisan el estado de sus trajes de astronauta, especialmente la cantidad de oxígeno y los intercomunicadores.
Wolff y Mlah son los únicos sobrevivientes del accidente causado por el repentino bombardeo de Perseidas que ocurrió hace 15 soles. Los otros dos murieron por asfixia, cuando algunos meteoroides perforaron la habitación dormitorio de la Caliope y sus trajes espaciales.
Los cuatro astronautas se dirigían a la colonia Mars 1 que se  había establecido con la primera tripulación, en las faldas del Volcán Pavonis desde el 8 de abril de 2025. Allí hay actualmente 40 colonos terrestres en los 10 módulos de descenso provenientes de la Tierra. Ahora quizás lleguen dos más, si logran comunicarse con la base Mars 1, o caminar poco más de 32 km sobre dunas de arena muy fina y rocas.

Mientras recogen sus escasos tesoros de sobrevivencia, miran a través de una ventanilla del módulo. Se ve el Sol está ocultándose tras una delgada capa de atmósfera de un curioso tinte rosado, casi inmediatamente el cielo se oscurece y salen las estrellas.
Marte está en uno de sus equinoccios, por lo que la temperatura cerca del ecuador no es muy baja, les espera, sin embargo, una fría noche marciana de unos 30 grados bajo cero, por eso deciden quedarse dentro de su maltrecho pero aún sellado vehículo, para protegerse del frío, comer algo dormir un poco, recuperar energía, restablecer su estado de ánimo y esperar el amanecer para cumplir con la etapa más importante de su viaje, la de vida o muerte, en una sola jornada.

Está clareando, los astronautas salen del módulo con solo dos pequeños tanques adicionales de oxígeno comprimido, y uno con agua, incorporados a sus trajes presurizados.
La presión atmosférica en Marte es una centésima del valor en la superficie terrestre, sin sus trajes todos los fluidos corporales entrarían en ebullición y morirían en menos de un minuto.
En sus manos llevan un radiolocalizador de onda corta que despliega un preciso mapa de la superficie marciana y una piqueta de geólogo. De paso recogen un trozo medio chamuscado de seda blanca con bandas anaranjadas del paracaídas de aterrizaje que estaba a unos metros del módulo.

https://www.wikiwand.com/en/Noctis_Labyrinthus
Dos horas de caminata y parece que regresan al mismo punto, los cañones y encrucijadas del Laberinto de la Noche son a nivel planetario, ni comparado con el de Creta, es más bien como un conjunto de cintas de Moebius interconectadas, de las que no se puede escapar, porque nunca se acaban.
Sus cañones son traicionero, casi imposibles de escalar. Hay altas paredes de roca lisa que los mejores alpinistas de la Tierra jamás imaginarían y también suaves planos inclinados que son una tentación por su poca altura, y desde su base parecería que se puede alcanzar el borde con facilidad, pero están hechos de finísima arena en polvo, donde un paso hacia arriba va complementado por tres pasos hacia abajo.

Deciden reiniciar por un cañón que parece distinto y del cual comienzan a salir fantasmas de una transparente bruma, sublimada de la escarcha del suelo, por los primeros rayos del naciente sol. La única manera de permanecer juntos es amarrados con un girón de la tela del paracaídas, el resto lo utilizan protegerse del viento y la arena durante los poco minutos que descansan. 
El blindado volcán Pavonis de 14 km de altura, sobresale majestuoso sobre el horizonte con su cúpula nevada, lo ven tan cerca, pero como una meta lejana, casi imposible. Viajan en la dirección correcta, así lo confirma el mapa digital del radiolocalizador, podrían estar  a solo 5 horas de su destino final, pero deben escalar la pared del cañón, evitar las hendiduras  de algunas fallas, los traicioneros terrenos donde ocurren avalanchas de pequeñas rocas y sobre todo no caer en los profundos agujeros que ha causado la actividad de los tres volcanes de la Meseta de Tarsis. Si logran esto estarán en terreno relativamente plano y con la base Mars 1 a vista de pájaro.
Meseta de Tarsis.

Wolff es un experto conocedor de la “geología” marciana, pero solo en teoría, nunca ha pisado el suelo de este planeta, es su primer viaje espacial, y en realidad es tan novato como cualquiera. Mlah ha realizado tres viajes a Marte, todos con éxito total, jamás ha estado perdida. Es solamente una piloto, “una astronauta de cabina”, solo ha realizado caminatas en el simulador del centro de entrenamiento, nunca en el espacio, ni en Marte.
Tres horas más tarde están a punto de alcanzar la cima de uno de los traicioneros cañones del Laberinto de la Noche, que decidieron escalar, están cansados, hambrientos y con mucha sed, pero lo que más les preocupa es el estado de sus trajes, rasgados por el roce con el terreno rocoso del cañón, también por el bajo nivel de la reserva de oxígeno.
Mlah alcanza el borde de la planicie con su mano izquierda, se impulsa un poco y sube su cuerpo con un último y brinco, se incorpora, mira al frente y ve las pálidas luces de la Mars 1, envueltas en la polvareda de una típica tormenta del otoñomarciano. Se inclina hacia el abismo y extiende su mano derecha a Wolff, que parece estar más agotado, pero sonríe satisfecho por haber concluido la escalada.
Calculan que si corren pueden estar dentro de la seguridad de la estación en menos de 15 minutos. La tormenta oscurece el paisaje, no tienen una linterna de mano y el radiolocalizador funciona a intervalos, pero parece que la antena solo recibe señales, no pueden enviar ningún mensaje. Escuchan la actividad y preparativos en la base, para salir al rescate dentro de 10 horas, cuando haya pasado la tormenta, pero no pueden decirles que solo están a 1500 metros. No queda otra, hay que llegar por su propio esfuerzo y pronto, de lo contrario pasarían a ser dos cadáveres en la desértica llanura volcánica del Pavonis, envueltos en un sofisticado ataúd de última tecnología.

Entonces corren con la vista fija en dirección donde se desvanece como un fantasma la Mars 1.
Wolff que va dos pasos atrás tropieza con su propio pie y en la caída arrastra a Mlah que instintivamente se había vuelto hacia atrás. Los dos abrazados ruedan por una suave pendiente, que Parece llevarlos de vuelta al Laberinto de la Noche, luego por un ensortijado tobogán de muchas vueltas, es un conducto cilíndrico de lisas paredes de roca, posiblemente un antiguo tubo de lava ahora seco, pulido por algún tipo de seres inteligentes, tecnológicamente avanzados. Parece que recorren veinte, cincuenta, trescientos m …, el traje comienza a ceder por varios puntos incluyendo el casco, si se pudiera escucharían un sonido como aleteo de zancudo, lo causan finísimos chorritos oxígeno escapándose de su vestimenta. La muerte está cerca.
Por último, cuando termina el tobogán, sienten que son lanzados a un verdadero vacío. Tres segundos en caída libre. luego un golpe seco contra una especie de escotilla, una trampa mecánica que automáticamente se abrió y cerró, permitiéndoles acceso a una nueva etapa de caída libre durante dos segundos y al puro final, algo parecido como caer desde un tercer piso, sobre un depósito de algodón recién pizcado.

Piensan que están muertos, o en una especio de limbo conciente y extraño. Mlah intenta levantarse, pero no puede, tiene algunos huesos y músculos muy lastimados. Se da cuenta que no tiene su casco en posición, pero puede respirar, mira y escucha al Wolff tratando de decirle algo. Él está de pie junto a ella, también sin el casco y la saluda con una sonrisa de oreja a oreja que lo dice todo.
No saben dónde están, pero deducen que cayeron en un recinto artificial sellado, una combinación de magia y realidad, con aire, presión, temperatura e iluminación muy similar a algunas cavernas superficiales de la Tierra.
De momento se han salvado, quizás gracias a una construcción subterránea hecha por antiguos arquitectos-exploradores marcianos y que aún sigue en buen estado.
O quizás si dejaron de existir físicamente y solo son sus espíritus quienes viven la experiencia.
En realidad, a ellos no les importa, porque no pueden distinguir una situación de la otra.
Y es que nada escapa al Laberinto de la Noche.

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