jueves, 10 de junio de 2021

Luz y tinieblas eternas. “remastered”. 2021

Original publicado en “La tinaja de Guaitil y otros cuentos”.
M.L. Alvarado y J.A. Villalobos
ISBN:  978-9968-557-73-3. EDiNexo 2015.

Hace 8 horas que descendí en la Luna junto con dos compañeros más, en el módulo Nicte, uno de dos etapas lanzado desde la Tierra en un cohete similar al Saturno V. Nicte es como el  Módulo Lunar Apolo de los años setenta, solo que, de mayor tamaño y tecnológicamente más avanzado, en cuanto a la navegación espacial y confort para los astronautas, quizás como será el de SpaceX y el programa Artemis de NASA para el 2025.
Los tres astronautas creemos que, sin ningún problema, podremos salir a explorar con nuestro “
rover” dentro de un perímetro de 5 km de radio alrededor del módulo. También que los víveres, equipo, energía y elementos para las exploraciones científicas nos permitirán permanecer aquí al menos una semana, y que la Nicte es capaz de regresar a la Tierra cuando así lo decidamos. Todo nuestro viaje ha sido planeado, ejecutado y supervisado de manera cuidadosa, no tenemos nada que temer.

 



Día 1.
Anoto en la bitácora la fecha del “alunizaje”: lunes 8 de abril de 2024.
Las coordenadas selenográficas del sitio son : 89° S, 75° O.
Se trata de un pequeñito valle, aún sin nombre, a 3 kilómetros del borde del cráter
Shackleton,  entre este y el cráter Shoemaker, podríamos decir que casi estamos en el polo sur de la Luna.
Le di el nombre de “Valle Lise”, en honor a la física
Lise Mitner, miembro del equipo que descubrió la fusión nuclear, y que quizás por ser mujer, no fue considerada para compartir el Premio Nobel de Química en 1944, que fue otorgado a su jefe Otto Hahn. Bueno, es mi prerrogativa como comandante; cuando regrese a la Tierra someteré el nombre para que lo considere la Unión Astronómica Internacional.

En realidad estamos haciendo historia, pues nuestra misión está diseñada para evaluar las condiciones y preparar todo lo necesario para un primer alunizaje, dentro de 18 meses, en el interior eternamente oscuro del cráter Shackleton. En dos días subiremos hasta su cresta, bajaremos al fondo al siguiente día, y concluiremos una exploración minuciosa en menos de una semana.

Descendimos precisamente en la fecha exacta de la
luna nueva. Y como lo esperábamos, según lo aprendido en las clases de entrenamiento, la región está crepuscularmente iluminada, a pesar de la fase lunar, que como sabemos, no permite ver este satélite natural desde nuestro planeta.
Sin embargo, desde el Valle Lise si se notan los bordes del vecino cráter, iluminados por una luz mortecina. Parecen los dientes cariados de un gigante que tiene la boca abierta, como para tragarse todas las estrellas nebulosas y galaxias que vemos en el  cielo del Sur y así permanecerá siempre.

De pronto suena una alarma en la Nicte, y un reloj digital se ilumina, marca las 16:39 UT (Tiempo Universal Coordinado en la Tierra).
De momento no reconocemos  el motivo de la alarma, pero el equipo de sonido de la Nicte nos lo recuerda:

Eclipse total de Sol, Saros 139. El cono de sombra viajará hacia el oriente por el Océano Pacífico, entrará al continente americano por Mazatlán en México, seguirá hacia Texas y saldrá al Atlántico por New Brusnwick en Canadá. Su máximo será a las 18:17 UT y concluirá a las 19:55 UT.”

Luego de este mensaje, conversamos sobre lo afortunados que somos, al ser los primeros tres terrícolas que estarán en posición para observar lo que sería un eclipse total de Sol (según se verá desde la Tierra), pero nosotros lo miraremos desde la Luna. Estaremos justamente en el origen mismo del cono de sombra que dibujará una franja de oscuridad sobre la superficie terrestre.



Interactive.


Paola
, la primera oficial, nos dice:

  • Desde nuestra posición en uno de los extremos del lado cercano de la Luna (Mirando desde la Tierra), el hemisferio de la Luna que siempre enfrenta la Tierra, el planeta se ve siempre frente a nosotros. -No revoluciona-, pero si rota (y esto no es una contradicción). Por eso no veremos el final del eclipse, ya que la rotación de la Tierra -de Oeste a Este-, nos ocultará el Este de Estados Unidos a las 19:02.

Sergei, el especialista de misión es geólogo y nos dice:

  • Si fuéramos habitantes nativos de la Luna (selenitas, pero no lunáticos), seguro diríamos que hoy tenemos “Tierra llena” y el eclipse que estamos observando, sería un “Eclipse parcial de Tierra”. La sombra de la Luna cae sobre una región de la Tierra.
  • En realidad, desde la Luna, todos estos eclipses son parciales, ya que la sombra de la Luna (a la distancia de la Tierra), por su menor tamaño nunca alcanza a cubrir totalmente a la Tierra.
  • Tampoco percibiremos el color rojizo típico de los eclipses totales de Luna, puesto que este satélite no tiene una atmósfera capaz de desviar hacia la Tierra, la componente rojiza de la luz solar.
  • Sin embargo: un eclipse de Sol, si pudiéramos observarlo desde aquí (en la Luna), serían excepcional, por su duración, tamaño  y nivel de oscuridad. Esto porque la Tierra cubriría al Sol durante más minutos, que lo que hace la Luna en los eclipses solares, como el de 11 de julio de 1991 (http://fisica1011tutor.blogspot.com/search?q=eclipse+total+de+sol+1991).
  • Ocurrirían, desde luego, en la fase de "Tierra nueva".

Los tres comentamos cuánto nos gustaría regresar a la Luna para la fecha de un eclipse solar y lo pedimos como se hace con un deseo.

Es impresionante como vemos a la Tierra fija en un punto del cielo, pero rotando (una curiosa rotación sin traslación) como si nuestra bella "canica azul" la tuviera bailando en un dedo uno de esos jugadores de baloncesto, pero a la vez, también mirar el fondo de estrellas girando más lento, detrás de ella.

Día 2 (09/04/2024).
Es un día de descanso, estudio y preparación.
Escribimos el informe sobre el eclipse, con fotos y video, y enviamos por radio a la Tierra.
Repasamos algunos datos orbitales y físicos de la Luna. Por ejemplo, que su órbita está inclinada 5,1 grados respecto a la eclíptica (el plano de la órbita de la Tierra) y que su eje de rotación está inclinado 1,5 grados con su plano orbital.
Por esas dos condiciones los rayos solares son casi rasantes a la superficie, en ambos polos lunares y ese es el motivo por el cual las crestas de los cráteres cercanos han permanecido un poco iluminadas.


Sin embargo, sabemos que el fondo de esos cráteres polares está completamente oculto por la oscuridad más negra, no importa la fase lunar. Eso lo comprobaremos a partir de mañana.
A esa eterna tiniebla u oscuridad colabora la tenue -casi ausente- atmósfera lunar, quizás lo más cercano a lo que conocemos como vacío. Esta carencia de atmósfera atenúa la luz difusa (que si ocurre en la Tierra), sólo la que es causada por la casi inexistente reflexión del oscuro suelo lunar cubierto de
regolito. Así, solo los cuerpos que reciben los rayos solares directamente están plenamente iluminados, mientras que los que no los reciben, como el fondo del cráter Shackleton, están en total oscuridad.
Esto último no lo experimentamos en la Tierra, puesto que la atmósfera terrestre difunde la luz del Sol, y permite que veamos un poco de nuestro alrededor, aún si estamos dentro de una habitación cerrada que tenga al menos una pequeña ventana.

Día 3 (10/04/2024). 
Paola y Sergei, vestidos con sus trajes de astronauta, están descargando de la Nicte  el equipo necesario, incluyendo el “
rover”, que les permitirá acercarse a una pared baja del cráter. Luego subir al borde y realizar la primera exploración de una parte de su circunferencia; pan comido.
Yo me quedaré, en pantaloneta,  dentro del módulo, para supervisar y mantener comunicación constante con los dos exploradores. Al día siguiente, Paola y yo subiremos al borde, descenderemos al fondo y seguiremos con la rutina de reconocimiento, toma de datos y recolección de muestras.

El Shackleton es un cráter de impacto circular, de 21 km de diámetro, la profundidad se estima en 4,2 km. Se supone que su fondo no es plano, que hay algunos montículos de varios tamaños, el central es de unos 200 m de altura. La temperatura en el fondo puede llegar a 90 kelvin y se cree que podría haber hielo de agua diseminado en algunos depósitos, o mezclado con el suelo, pero no se tiene certeza. Este hielo posiblemente proviene del núcleo del cometa que originó el cráter hace unos 3600 millones de años.
De lo que sí estamos seguros, es que allí nos toparemos con algo parecido a la más negra noche de luna nueva, en el lugar más remoto de la Tierra que usted pueda imaginar.
Para guiar nuestros pasos usaremos las “
lámparas led” de nuestros cascos de astronauta, que solo nos señalarán el paisaje en la dirección de sus estrechos conos de luz.

Día 4 (11/04/2024).
Veo a Sergei y Paola conducir el “rover”, alejarse y subir un poco la pendiente del cráter, hasta un punto donde su  inclinación llega a 35°. Lo estacionan de manera segura y comprueban que el mecanismo de control remoto esté activo, por si yo lo necesito y debo traerlo por medio del programa que retrotrae su recorrido previo.
El borde del cráter está 50 m más alto que el nivel promedio del Valle Lise, por lo que solo les falta subir 32 m. Usarán en esta etapa sus unidades de maniobra tripulada personales de última generación (“
jetpacks”), cuyos retrocohetes  permiten ascender o descender en el débil campo gravitatorio de la Luna (un sexto del valor terrestre), pero solo durante tres minutos, cada vez, antes de recargarlos.
A las 08:00 (hora de la Nicte), me informan que llegaron arriba, se quitan los jetpacks, los colocan en un lugar seguro  y comienzan a explorar el perímetro -casi liso- del borde del cráter.

Se dan cuenta que les tomó mucho menos tiempo que el esperado y entonces, toman una arriesgada decisión personal que no está en el protocolo.

Como están en el borde, descansados, con luz crepuscular, con suficiente oxígeno y energía, deciden que bajarán unos quinientos metros hacia el fondo del Shackleton, pero no me lo harán saber para no preocuparme, seguros que les diré que no, porque siempre me guío por lo establecido.
Estiman que pueden subir y bajar, nada más, en una hora y que yo no lo notaré hasta que concluyan, supuestamente con éxito, y en vez de una reprimenda para dos, tendremos una celebración entre tres.

El descenso y ascenso al interior del cráter se planeó, desde hace meses. Supuestamente se hará mañana, a la manera tradicional de los alpinistas en la Tierra, con pies, manos y cuerdas, pero requiere al menos cinco horas. Paola y Sergei se saben el procedimiento acordado de memoria, pero...

Decidido el cambio de planes, los dos astronautas usan su equipo de alpinismo para asegurar dos cuerdas en sendas  rocas del borde del cráter, que parecen sólidas y firmes y comienzan a bajar, son las 09:00 tiempo de la Nicte.
Las cuerdas son en realidad delgadas
fibras de carbono de resistencia y elasticidad excepcional, tienen una longitud de 600 m, sujetas a un arnés en la espalda, como las correas para perros y están arrolladas a un anillo en la cintura de cada traje espacial. Casi no se notan, pero pueden soltarse y enrollarse a voluntad  con tres comandos de voz, transmitidos por bluetooth a un pequeño motor incorporado en el traje del astronauta. Ellos sólo tienen que decir los nombres de tres notas musicales (como se pronuncian en español, francés, italiano, portugués, o rumano), de la siguiente manera: 

  • “do” de 261,6 hertzios para subir
  • “si” de 493,8 hertzios para bajar y
  • “fa” de 349,2 hertzios para detenerse.

Inician el descenso, cada vez está más oscuro, a las 09:15 llega el momento de usar las linternas, la altímetría señala que han descendido 500 m.
Todo ha resultado simple, las paredes son lisas, firmes, sin arena suelta y la pendiente promedio de unos 60 grados ha permitido un descenso relativamente fácil y rápido.
Aquí toman un descanso sobre una pequeña saliente y aprovechan para darme un informe, fingiendo que aún exploran el borde, yo lo escucho y guardo en la grabadora de la Nicte. Sin embargo, la
telemetría recibida, me indica que no están sobre el cráter, pero yo cometo el error de pasar por alto esa -pequeña- diferencia, suponiendo que es causada por una falla de calibración.

 

De pronto sucede algo inesperado por los dos astronautas y de lo cual no me enteraré hasta dentro de unas horas.
La saliente rocosa se quiebra, Sergei pierde el equilibrio, sufre un severo golpe en su casco, que repercute en su cabeza y pierde el conocimiento. Cae por la pendiente del cráter y desciende unos 50 m, hasta que el mecanismo que controla su cuerda se activa automáticamente y frena la caída intempestiva y bruscamente.
El esfuerzo mecánico del impacto hace que la cuerda de Sergei sobrepase ampliamente su límite elástico, se fractura y revienta. Ya sin ningún control, el astronauta reanuda su caída inexorable, dando tumbos hacia abajo, con golpes y ruidos que nadie puede ver ni escuchar, posiblemente dejó de existir mucho antes de llegar al fondo del cráter.

Paola imagina aterrorizada la escena, pero en realidad no puede ver nada, no puede escuchar nada, solo puede suponer un fatal desenlace. La emoción y la angustia alteran fuertemente los latidos de su corazón, respira con dificultad, tiene un exceso de saliva en su garganta, siente que se ahoga, quieres quitarse el casco, pero si lo hace, entonces si se ahogará.
Pensando en su compañero y algo confundida trata de activar varias veces el comando de parada; grita “fa- fa- fa”, pero no obtiene ninguna respuesta, ella está en reposo y su registro sonoro no aplica al equipo de Sergei.
Desesperada quiere echar  mano a su jetpack, pero se ha quedado arriba, trata de comunicarse por radio, pero las paredes del Shackleton no permiten una transmisión clara hacia la Nicte.
Su única opción es escalar la pared interior ayudada por el cordón umbilical de su cuerda, una vez allí comunicarme lo que sucedió y esperar un rescate. Difícilmente lo logra en tres horas.

A las 10:45 recibo la noticia del accidente, ya suponía yo que algo no estaba bien.
Paola esta exhausta, solo transmitió un mensaje escueto, está a punto de desmayarse, solo quiere descansar, ni siquiera se atreve a usar su jetpack, para descender hasta donde está el rover, tiene miedo y el miedo paraliza el músculo y la mente. Por suerte todas las comunicaciones  verbales y otros datos se almacenan en la grabadora del rover y de la Nicte y yo sé dónde está.
También sé qué debo hacer.

Son las 10:50, el mecanismo de control remoto del rover está funcionando y lo hago regresar de manera eficiente, retornando sin problemas sobre sus propios “pasos” porque todo su recorrido había quedado gravado en la memoria USB de su computadora. Llega a las 11: 35, lo he estado esperando con todo lo necesario para el rescate, lo abordo y me dirijo hacia su anterior parada.
En todo este tiempo no he recibido ningún otro mensaje de Paola y en cuanto a Sergei supongo que está totalmente inhabilitado.

Llego al sitio donde iniciaron el ascenso, me coloco el jetpack y 25 segundos después estoy arriba, junto a Paola, con un equipo de primeros auxilios, incluyendo un tanque de oxígeno adicional. Está seminconsciente, el traje está intacto, pero respira con dificultad, parece algo deshidratada y débil. Con esfuerzo, entre los dos logramos colocarnos los “jetpacks” y descendemos hacia el rover.

Parece haber un entendimiento tácito entre nosotros. Por ahora no podemos hacer  nada por Sergei, está desaparecido, quizás ya sin vida por los golpes recibidos, o porque su dotación de oxígeno está a punto de agotarse. Posiblemente esté en algún punto en la pendiente interna del cráter, o en el fondo de este.

Concentrados en regresar pronto a la base, Paola y yo dejamos todo el equipo innecesario y rápidamente nos dirigimos hacia la Nicte.
El reloj marca las 13:01 cuando entramos a la seguridad del módulo lunar. Nos liberamos de los trajes de astronauta y yo termino de auxiliar médicamente a mi primer oficial, parece que está recuperándose satisfactoriamente. Ambos estamos muy cansados y pronto caemos en un estado de somnolencia que nos hace dormir varias horas.

Día 5 (12/04/2024).
Son las 03:24, Paola y yo estamos despiertos y parcialmente recuperados. Afuera de la Nicte, si se mira hacia arriba, se nota la eterna claridad de los bordes del Shackleton y la Cruz del Sur brillando como nunca la hemos visto encima de él.
Pero adentro y en completa oscuridad, hay todo un dilema para nosotros:
¿Cómo encontraremos a Sergei?

Decidimos completar la misión y al mismo tiempo buscar a nuestro geólogo.
Usamos el rover, los jetpacks y las cuerdas para trasladarnos rápidamente a lo que quedó de la saliente rocosa en el interior del cráter, donde ocurrió el accidente.
Continuamos el descenso en la supuesta dirección de la caída de Sergei, ayudados por los jetpacks y las cuerdas, alumbrando a veces el camino con las lámparas.
Una hora después llegamos al fondo y allí encontramos un inconfundible signo del final de la trayectoria de caída de nuestro compañero.

El maltrecho guante de su mano izquierda con su dedo índice, parcialmente atrapado en un pequeño bloque de agua congelada. Posiblemente algo de hielo del fondo se fundió por la energía del impacto y se recongeló casi inmediatamente, debido a la baja presión.
Junto al guante, se mira una irregular huella de arrastre de unos tres metros de largo, donde se aprecian cristales de hielo recientemente removidos y reformados, mezclados con
regolito lunar fino y pequeñas rocas, pero que curiosamente termina abruptamente.
Se puede apreciar inequívocamente, que más allá de la huella y en todas direcciones el fondo del cráter no ha sido alterado.

Paola y yo nos juntamos, teniendo cuidado de caminar solo sobre nuestras propias pisadas, usamos las lámparas a máxima potencia e iluminamos la escena en todas direcciones.
Nada…, todo parece estar inalterado diez metros a la redonda. Sólo se aprecia el típico suelo de un cráter lunar, pero no está Sergei, ni ninguna otra pieza de su traje, o equipo, no hay ninguna pista de su posible destino. Para nosotros ha desaparecido misteriosamente.

  • ¿Qué hacemos, me dice Paola?

Vemos los manómetros y nos damos cuenta de que hay justamente el oxígeno necesario para un regreso rápido, esto si nos elevamos con los jetpacks, que esperamos tengan la potencia para hacerlo.
Rápidamente apilamos unas rocas, que casi no podemos ver, colocamos encima el guante de Sergei y el transmisor encendido del radiofaro de Paola, cuyos “bip-bip-bip” comenzamos a escuchar.
Dos horas más tarde ya estamos de regreso en la Nicte. Allí decidimos que no habrá día 6, viajaremos  a la Tierra inmediatamente.

Luego de obtener la autorización del centro espacial y de insertar en la computadora los nuevos parámetros de la trayectoria de regreso, nos elevamos sobrevolando el cráter.
Por la radio de la Nicte seguimos escuchando los cada vez más débiles “bip-bip-bip…” del radiofaro.

¿También los podrá percibir Sergei, donde sea que esté?
¿En algún rincón de la fría, eterna y oscura profundidad del Shackleton, o en otro sitio?
Nunca lo sabremos.
Ahora nosotros desde aquí arriba, solo nos queda saludar y despedirnos del amigo y compañero cosmonauta, con una mezcla de tristeza, respeto y alegría. Vamos de regreso a la Tierra, con una accidentada misión, casi cumplida.

 


 https://astrovilla2000.blogspot.
com/2019/12/

eternal-light-and-darkness.
html
.

 


jav.

2 comentarios:

  1. Muy bueno, lo felicito me mantuvo en suspenso, hasta que lo terminé. Gracias por compartirlo.

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