por
Daniel Villalobos
*
Y33 empujó
el féretro suavemente con su mano mecánica, casi con veneración; dentro yacía
el último humano que quedaba en Novis Orbis: El Dr. Mäkinen, uno de los
astro-biólogos más brillantes de la Tierra, había sobrevivido 3 años después de
infectarse, fue más resistente que los otros miembros de la tripulación.
Increíble que padecer una enfermedad autoinmune fue lo que prolongó su vida.
Saturno se
divisaba imponente en el horizonte y el firmamento lucía deslumbrante; debido
al inminente anochecer, la luz reflejada por el gigante golpeaba los anillos
dándoles una apariencia fantasmal, casi como una autopista de cristales
centelleantes suspendida en el espacio.
La
superficie de Novis Orbis empezaba a teñirse de un suave tono marfil. La cadena
montañosa que rodeaba la colonia mostraba esas vetas de color azul grisáceo en
sus laderas y blancos luminosos por el hielo en sus cumbres. Las llanuras
revelaban un resplandor intermitente de colores ocres y dorados debido a su
composición mineral. La vegetación cultivada hasta ese momento era de un azul
verdoso bellísimo, debido a la menor intensidad lumínica.
El féretro
flotaba suspendido a la altura de los brazos de Y33 que lo empujaba con
discreción hacia el borde del asentamiento donde estaba el incinerador.
**** Y33 ****
Y33 era un
“hibroide”, término que se acuñó después de los severos conflictos sociales que
desembocaron en la lamentable tragedia de Shenzhen, conocida también como el
“Ciber-cisma” en las primeras décadas del siglo XXII. Para entonces la
humanidad ya había desarrollado la Súper Inteligencia Artificial, la misma que
un siglo antes era considerada ciencia ficción: los sistemas informáticos, con
un poder analítico más rápido y poderoso que el humano, habían llegado a ser
autoconscientes y a comprender a la perfección el comportamiento de las
personas. Pero en su desarrollo se les dio rasgos humanos, con una fiel
capacidad expresiva al punto de no diferenciarse entre especies. La tragedia de
Shenzhen fue el punto cúspide del deterioro en la percepción de los individuos
informáticos hacia los biológicos cuando la tercera ley de la robótica fue
inusualmente ignorada por los androides, causando un enfrentamiento entre
robots y humanos y la lamentable muerte de algunos miembros de un equipo
científico chino.
Esto
representó un punto de quiebre en el desarrollo tecnológico. Las personas se
dieron cuenta de que habían depositado demasiado en la informática y habían
puesto en riesgo su propia existencia como especie. Esto llevó a una revisión
profunda y sistemática de la situación, desembocando en lo que se denominó la
“Ley Nakashima”; esta estableció que los robots, en lo sucesivo, si por sus
funciones debían tener una estructura parecida a la de las personas, su
apariencia sería mecánica, ya no tendrían coberturas que imitaban la piel
humana ni expresiones faciales. Sus capacidades seguirían siendo tan
desarrolladas como lo permita la ciencia, pero ahora se incluiría un código
infranqueable escondido en lo más profundo de su programación: la “conciencia”
de su estado mecánico al servicio de los humanos. Fue a partir de entonces que
esta nueva generación de robots antropomórficos, como Y33, se llamó
“hibroides”.
Y33 estaba
construido en titanio, metal muy liviano y resistente, de un color gris opaco
ligeramente azulado. En su rostro no tenía facciones humanas. En su lugar
contaba con una
-luz titilante roja-, como un cíclope cibernético y una rejilla
en lugar de boca.
**** Novis
Orbis ****
Novis
Orbis fue descubierto por la sonda Scrutinium III en el año 2362. El
satélite orbita Saturno, con casi un 3% de la masa de la Tierra y un diámetro
muy cercano al de Plutón. Las misiones no tripuladas enviadas posteriormente
fueron realizando descubrimientos cada vez más prometedores que apuntaban a una
posible terraformación, esperando lograr el mismo éxito que habían obtenido con
Marte, donde ya una incipiente colonización se aclimataba en los casi 50
millones de kilómetros cuadrados logrados hasta la fecha, prácticamente una
tercera parte del planeta rojo.
Novis
Orbis tenía hielo en sus polos y en las cumbres de sus elevadas montañas; había
agua líquida bajo la superficie en cavernas profundas; también minerales ricos
en dióxido de carbono, lo que facilitaba su liberación a la atmósfera para
crear un efecto invernadero artificial y aumentar la temperatura.
Dadas esas
condiciones, una misión con robots muy especializados fue enviada para iniciar
el proceso de terraformación y preparar el planeta para recibir a un equipo de
científicos y especialistas que concretarían la habitabilidad de Novis Orbis.
Dicha misión inicial de robots estaba conformada por Y33 a la cabeza, como el
hibroide más avanzado en su época; estaría al mando de las etapas previas a la
llegada de humanos que ocurría al menos un siglo después.
En la
misión también iba un robot llamado “la araña” especializado en misiones
espaciales de larga duración, exploración de túneles y cuevas, fumigación de
cultivos y acceso en terrenos difíciles; uno llamado “el saltamontes”
especializado en búsqueda y rescate, acceso a terrenos difíciles, evaluación de
la humedad del suelo, detección de plagas y medición de la salud de la
vegetación, y uno llamado “la libélula” especializado en sobrevolar terrenos,
vigilancia, seguridad y reconocimiento. Con el aguijón posterior retráctil
tiene la capacidad de medir el PH del ambiente, contaminación y temperatura.
Dicha misión iba armada con generadores nucleares para alimentar la maquinaria
de alteración climática, espejos espaciales diseñados para redirigir y
concentrar la luz solar aumentando la temperatura para derretir hielo y liberar
gases de efecto invernadero, centros especializados en filtrar, separar y
sintetizar gases desde el entorno, generadores masivos de suelo para recrear
una magnetosfera artificial que evite que la nueva atmósfera sea barrida por el
viento estelar; también biotecnología resistente a la radiación inicial, capaz
de acelerar procesos metabólicos con el fin de fijar nitrógeno y producir
oxígeno, líquenes, musgos y hongos resistentes que se adapten al nuevo clima y
a la menor gravedad del planeta, material biológico en estado de congelación
para establecer la cadena trófica, incluyendo fitoplancton, zooplancton y
polinizadores, nano robots diseñados para esparcirse en la atmósfera y
catalizar reacciones químicas a una velocidad miles de veces mayor a la
biológica. Y los materiales para iniciar la construcción de refugios habitables
llamados “capullos” que permitirían a la primera misión humana vivir en una
atmósfera y gravedad adecuadas, mientras se trabaja en el resto del satélite.
Esta
misión trabajó durante 132 años, más de los programados inicialmente ya que
algunas etapas tomaron más tiempo, por supuesto también hubo eventos
inesperados y accidentes mecánicos.
**** Misión
tripulada ****
La misión
“Oppidum I” fue programada para llevar a los primeros humanos a Novis Orbis con
el fin de continuar con el proceso de terraformación del satélite, una vez que
los robots habían logrado un grado considerable de avance y existían
condiciones mínimas para la vida humana, aunque apoyada de forma artificial
todavía. Era un viaje de 12 años desde la Tierra.
La
criostasis fue desechada por no poder responder a las necesidades de las
distancias y los tiempos en los viajes interplanetarios. En su lugar, gracias a
los estudios de los astro-biólogos de finales del siglo XXII, Johan Ström,
Fernando Martínez y Pietro Rossi, se está utilizando la técnica llamada
“preservación asistida SMR”. Que consiste en mantener el cuerpo humano
dentro de cápsulas llamadas “crisálidas” en un ambiente de severa depresión
metabólica, controlada y segura para los seres humanos.
La misión
“Oppidum I” llevó un grupo de científicos y técnicos de un altísimo perfil,
especializados en los diferentes ámbitos de la terraformación. Era un viaje sin
retorno; 12 años era el recorrido máximo logrado hasta entonces con los
recursos energéticos de la época y todavía no había producción de combustibles
en Novis Orbis que permitieran el regreso a la Tierra. Todos lo sabían y la
selección de los tripulantes tomó años.
****
El virus MGR ****.
Samuel
Smith era británico y geólogo planetario. Su misión era estudiar la composición
de rocas y minerales e identificar recursos útiles para futuras misiones. Aquel
mediodía había subido a una de las colinas desde las que se divisaba en su
totalidad la colonia. Observaba abstraído la atmósfera de un tono azul más
oscuro que en la Tierra.
Los
enormes espejos en órbita para redirigir la luz del sol hacia la superficie de
Novis Orbis producían una hermosa y extraña iluminación sobre la superficie.
Como si fueran muchos soles, lucían como puntos intensamente brillantes en el
cielo produciendo sombras múltiples. Ciertas regiones recibían una luz cálida y
dorada, mientras otras eran bañadas por reflejos blancos y fríos.
Smith se
venía sintiendo ligeramente febril y cansado. Regresó con las muestras que
había recolectado en las cuevas orientales y fue directamente hacia el
laboratorio a desinfectarse e iniciar los análisis. Al quitarse el uniforme de
trabajo notó que tenía unas manchas traslúcidas en sus manos y brazos. Acudió
inmediatamente a la consulta de la Dra. Levi y esta, alarmada, le practicó
varios exámenes de laboratorio.
Era muy
llamativo porque ese mismo día en la mañana otros dos miembros más de la misión
habían presentado las mismas manchas. Uno de ellos con fiebre muy alta y el
otro tuvo convulsiones. Los primeros exámenes de laboratorio revelaron
alteraciones sistémicas.
En los
días siguientes otros miembros de la tripulación mostraron los mismos síntomas.
La Dra. Levi y su equipo de médicos decidieron hacer biopsias de la piel,
médula ósea y ganglios linfáticos encontrando células con patrones genéticos
anormales. Los infectados empeoraban y hubo que aislarlos en un capullo
especialmente preparado para ello; varios miembros del equipo médico empezaron
a enfermar también, ninguna medicina ayudaba a su mejoría y fue muy alarmante
el hecho de que primero a unos y luego a otros, su color de ojos empezó a
cambiar volviéndose muy claros, de un tono casi plateado. Y luego empezaron a
fallecer.
El equipo
médico trabajaba incansablemente tratando de encontrar la causa de aquella
catástrofe. Los exámenes de laboratorio mostraron células con patrones
proteicos imposibles en un ser humano sano, lo que sugería una influencia
biológica externa. Las resonancias empezaron a revelar un crecimiento anómalo
de tejidos en los infectados.
Y33
trasladaba silenciosamente féretros hacia el incinerador varias veces al día.
Desesperada, la Dra. Levi optó por comparar el ADN de los colonos infectados
que todavía sobrevivían con sus muestras tomadas antes salir de la Tierra;
incrédula constató que el genoma de los pacientes ya no coincidía con el
original. Se comunicó con la Tierra para informar de lo que ocurría y pedir
asesoría. A los médicos terrícolas les alarmó las graves consecuencias que
presentaban los infectados: fallo neurológico, convulsiones, mutaciones
tumorales masivas, un sistema inmune totalmente colapsado y concluyeron que
debía tratarse de un virus con un genoma altamente mutable y polimórfico, que
integra su material genético directamente en el ADN humano, que se camuflaba
usando las propias proteínas del cuerpo y carecía por completo de enzimas
únicas o puntos débiles vulnerables a los antivirales, no tenía enzimas
propias, secuestraba y utilizaba exclusivamente la maquinaria interna de la
célula humana, por lo que cualquier medicina que intentara atacarlo destruiría
también las células sanas del cuerpo.
No había
nada que hacer. Los médicos en la Tierra, utilizando la información que la Dra.
Levi les compartió, intentarían encontrar un antídoto que se pudiera replicar
en Novis Orbis con los recursos que tenían allá. Pero los meses pasaron y no
había respuesta. La población humana del satélite seguía disminuyendo. El Dr.
Mäkinen puso todos sus conocimientos en astrobiología para ayudar a la Dra.
Levi a encontrar una solución. Lamentablemente ella se contagió y falleció seis
meses después. El Dr. Mäkinen siguió trabajando desesperadamente con lo que
quedaba del equipo médico. La Tierra cortó toda comunicación. A pesar de los
mensajes desde Novis Orbis con hallazgos poco esperanzadores, ya no hubo
respuesta.
El Dr.
Mäkinen empezó a presentar síntomas, aunque muy leves y tardó mucho en sentirse
mal. Él padecía la enfermedad celíaca, un padecimiento autoinmune y pensó que
esa condición fue la que evitó que se contaminara antes. En la búsqueda de una
respuesta, pudo concluir que seguramente el virus vino del agua de las cavernas
subterráneas y pudo contaminar a las personas durante los análisis biológicos
al inhalar accidentalmente su vapor. Fue el último en morir; agonizó cuatro
meses al cuidado de Y33, siendo ya el único humano en el satélite.
**** Esperar ****
Y33 se
dirigió hasta la cápsula de cremación, muy despacio, como si fuera un ritual.
Los hibroides no tienen sentimientos, sin embargo, aquella despedida parecía
afectarle, como si un inminente e incontrolable vacío cayera sobre su
estructura que, aunque se presentaba como un todo ordenado, no dejaba de ser
una combinación metálica de partes.
Introdujo
el féretro en el incinerador, aquel mismo en el que todos los miembros
anteriores de la tripulación habían sido cremados en diferentes momentos
durante los últimos 3 años. Un dedo brillante oprimió el botón y la puerta se
cerró y empezó el proceso de incineración.
Y33 se
dirigió al capullo central desde donde se administraban todos los procesos en
el satélite. Revisó que los reactores de fusión estuvieran trabajando
correctamente. Verificó que los espejos espaciales estuvieran redireccionándose
constantemente hacia el sol, así como que los sintetizadores de gases
estuvieran al tope. Verificó la temperatura, revisó el material biológico que
aún estaba congelado y constató que los ejércitos de nano robots siguieran
cumpliendo con su función. Se encargó de descontaminar el capullo que había
servido de Unidad de Cuidados Intensivos durante los últimos 3 años.
Procedió
luego a apagar a la araña, al saltamontes y a la libélula. Su misión desde el
inicio era muy clara, preparar todo para la llegada de los humanos. Todo estaba
en orden, todo funcionaba, todos los procesos se acoplaban armónicamente;
aunque desde Novis Orbis se habían enviado mensajes, la Tierra nunca respondió.
Entonces Y33 envió un aviso:
-El Dr.
Mäkinen falleció. Se aplicó el protocolo CH16, al igual que con los anteriores
humanos. El virus MGR sigue presente en el medioambiente sin afectar los
procesos de terraformación, que continúan con éxito. El Dr. Mäkinen no logró
encontrar la cura antes de morir. Espero instrucciones.
Y33 apagó
las luces de todo el complejo de capullos y dejó sus funciones en el mínimo. Se
sentó tranquilamente frente al enorme ventanal mirando en la dirección en que
debería encontrarse el planeta de los humanos. Sabía que en la distancia más
cercana entre Saturno y la Tierra, el mensaje llegaría en hora y media. Solo
debería esperar una respuesta, una instrucción, tal vez el comunicado de que en
la Tierra habrían encontrado la cura contra el virus MGR y que en algún momento
en los próximos siglos volverían a llegar personas.
Mientras
cuenten con la nanotecnología de auto reparación, el tiempo para un hibroide no
es una variable que le afecte. ¿Cómo estará la Tierra? ¿Qué avances habrá en
ciencias, en tecnología, en sus comunidades? ¿Ya habrá versiones de robots más
avanzadas? Esas eran preguntas que Y33 no se hacía, a él solo le interesaba
recibir una directriz de la Tierra.
Ahí
sentado con aquella mirada fría, observó el infinito; poco a poco entró en un
letargo programado del que despertaría periódicamente para cerciorarse si había
un mensaje.
¿Cada década?
¿Cada siglo?
Para Y33 el tiempo no era relevante.
Lentamente fue apagando la luz titilante en su rostro hasta quedar a oscuras… y
esperó.
* Taller: Escriba
su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)
CG022
1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. villalobosjosealberto@gmail.com