jueves, 9 de septiembre de 2021

Dolores Villalobos, mi abuelo y yo

Escrito el 16 de agosto de 2014.
Publico esto ahora, porque me parece interesante 
que la familia lo conozca 
y porque la profesora de Teatro Alternativo quiere 
que haga un trabajo similar al que hice en 
pero esta vez sobre un personaje masculino.

Allá por los años 1950, yo vivía con mi mamá María Luisa Villalobos Morales, en casa de mi abuelo José Dolores Villalobos Alfaro, en Naranjo de Alajuela.

Don Dolores, o don Lolo, como a veces le decían vecinos y amigos, supongo que había concluido la escuela primaria, o al menos estuvo lo suficiente para aprender a leer y escribir correctamente, redactar cartas y escritos con suma facilidad. La Escuela República de Colombia fue fundada el 2 de agosto de 1938, ¿iría a esa? Voy a investigar.

Por su acuciosidad, ingenio, un poco de picardía y chispa, que pude apreciar desde niño, llegó a ser secretario de la Alcaldía de Naranjo, cuando el alcalde fue Emilio Moya. Creo que entre los dos se tomaron muchos traguitos en las cantinas del cantón. En esos años se llamaba Alcaldía a lo que ahora es la dependencia de la Corte Suprema de Justicia, que llamamos Juzgado. Don Lolo siempre andaba con un sombrero negro de fieltro (Borsalino).

Trabajó en su casa como “abogado-tinterillo” por muchos años. No estoy completamente seguro y se los dejo para que lo investiguen, creo que le ayudó a Orlando Serrano (el genial “Orlando Loco”) a redactar la solicitud de la creación del Colegio de Naranjo. Tenía una máquina de escribir de cinta (negro y rojo) Smith-Corona, que yo aprendí a usar.

Una feliz oportunidad se le presentó a mi tío Pachico que, debido a la falta de trabajo en Naranjo, había viajado a Limón, a jugar fútbol y a tomar un puesto de guarda en la cárcel de ese puerto. Luego entró a la Alcaldía como misceláneo, siguió como prosecretario, secretario, alcalde y  finalmente Juez Primero de Limón. Resulta que se encontró entre los archivos viejos de la Alcaldía, una solicitud de un expediente, firmada nada menos que por mi abuelo, como secretario de la Alcaldía de Naranjo, quizás más de 20 años atrás.

Mi abuela había muerto de diabetes hacía algunos años, pero sí la recuerdo, haciendo tortillas  en una cocina de leña que estaba en la última habitación de la casa, no sabía por qué, con piso de tierra (ahora me lo aclaró William Gonzalo; "para no tener problemas con tizones y  brazas"). Recuerdo tres o cuatro carretadas de leña, estibadas en un galerón contiguo para que no se mojaran. Subirse a lomás alto - casi tocando el techo-, durante un aguacero y quedarse dormido, era algo extraordinario.

Mi abuela era un poco morena, bajita y de labios gruesos. Mi mamá me dijo  que sus padres o abuelos eran indígenas salvadoreños, su nombre era Argemira Morales Rodríguez. Tuvo cinco hijos y cuatro hijas; el orden es: Hernán (casado con Ofelia Muñoz), Helena (casada con Aníbal Gonzalo), María Luisa (casada con Eulalio Romero), Deifilia (casada con Efraín Vargas), Lidylia (soltera), Danilo (casado con Zoraida Calderón) y Francisco (casado con Mireya Arias). Si no le da la cuenta es porque dos de los niños murieron, sus nombres eran Ivo León y José Walter. Mi madre me dijo que mi bisabuelo se llamaba León Villalobos y que una vez ella se atrevió a decirle “león, cabeza de tigre zoncha pelada”, así que lo del poco pelo y muchas otras cosas agradables, seguro viene  por los Villalobos.

Donde estaba la cocina de mi abuela, luego hubo una vieja cocina eléctrica, de resistencias dentro de una espiral de cerámica aislante, que cuando se quemaba el “resistor”, simplemente se arreglaba juntando los dos pedazos del resorte, traslapándolos. También había una máquina de moler maíz y una de moler café ya tostado.

Recuerdo que un vecino tenía una máquina “chancadora” que permitía romper la “cereza” del café maduro, para luego secarlo y eliminar el pergamino. Varias veces al año nos hacía ese favor.

La casa del abuelo Lolo estaba junto a la Unidad Sanitaria, en un solar grande de lado a lado de la calle cercado a todo el rededor con olivo, donde está ahora la Cruz Roja. Mi abuelo tenía sembrado café y había un gran palo de mango criollo, algunos cítricos, guineos y una intermitente “chayotera” y una enredadera de “tacacos” de las que nunca faltaban por ese tiempo y nos ayudaba mucho con el sustento diario. 

Había luz eléctrica para los bombillos de los dormitorios y la sala, pero nunca tuvimos una refrigeradora, ni ducha de agua caliente. La carne se traía fresca de las carnicerías del mercado, cuando se iba a usar, lo mismo sucedía con la mantequilla, el queso y la leche.
Esta última por ese motivo se hervía. Yo odiaba la nata, pero mi tía
Deifilia hacía unas deliciosas galletas con ella, recogiéndola durante varios días; no se asuste, esto último ocurrió cuando ya había refrigeradora, por los años sesenta y cinco y yo estaba en el Colegio de Naranjo.

Creo haber visto a mis tíos pintar el exterior de la casa del abuelo, con una “pintura de agua”, era un polvo -importado- que venía en una caja, quizás unas dos libras, que se revolvía con agua. Se reforzaba con un pegamento casero, hecho de la planta llamada tuna dejada en agua por algún tiempo. Se aplicaba con una brocha de encalar, hecha de hilos de cabuya, o henequén. Con el tiempo la pintura se desprendía en cascaritas como las de cereal de maíz llamado zucaritas.

Borsalino



Tacacos.

Lavadora.

Es curioso y aún no sé el motivo, pero para los viernes santos, había que preparar de antemano los alimentos, porque la compañía eléctrica de la empresa de “Juan Mercedes Matamoros” o de “Enrique Vega” suspendía la luz por toda la tarde, como para cumplir con una especie de “Sabbath”, aunque fuera miércoles. Cuando Deifilia se casó y vivió un tiempo con nosotros, creo que tuvimos una lavadora “Speed Queen” de  color blanco, un solo tanque y con dos bolillos rotatorios para exprimir la ropa, que varias veces me atraparon la mano, hasta el antebrazo. Por suerte tenía un "desarmado de emergencia", con solo golpearlo.

No había medidores de consumo eléctrico en ese entonces, no recuerdo como se cobraban los kilowatt-hora. Lo que sí recuerdo es que la instalación eléctrica de la casa (cordones colgando del cielo raso, tensados por puentes de una cerámica blanca quebradiza) se conectaba al cableado de la compañía, con algo que los electricistas llamaban “cucaracha”, que se quemaba con cierta frecuencia cuando había un cortocircuito y tenían que venir a arreglarla. Supongo que una “cucaracha” es una especie de circuito puente como el de Wheatstone.

La habitación del baño era muy amplia y fría. Había un inodoro un poco cómico de esos con el tanque en alto, como a metro y medio encima de la tasa  (¡y de su cabeza!). Se halaba una cadena que levantaba el tapón para que descendiera el agua. Además, afuera de la casa había un “escusado de hueco”, al que había que ir con papel periódico, cuando fuera necesario, no importa si era de día, de noche, con miedo o con lluvia. Tanque séptico o cloacas no pasaba por la mente de la gente.

La aspersión del baño era el modelo de la época, una "lata" de avena Quaker guindado con un alambrito de la tubería de hierro (aún no había pvc), con huequitos hechos con un clavo de una pulgada, -cualquiera podía hacerlo-.

Es interesante como cambia el sentido de seguridad y de confianza con los años. La casa de mi abuelo Lolo estaba totalmente abierta por la parte trasera (hacia el cerco) y no había un solo llavín, solo “trancas” de madera con un clavo atravesado por el centro y quizás algunos trabados picaportes. Bueno no teníamos nada más valioso que nosotros mismos.

"Fada"
 

"Grundig".

Recuerdo un radio “Fada” pequeño como del tamaño de dos tapas de dulce de aquella época, en el cual escuchábamos principalmente noticias en Radio Reloj (... "a la hora meridiana cuando el sol está..."). Después Efraín compró un “Grundig Magestic” que tenían mayor presencia, más alto, con forro de tela al frente y 5 perillas para las bandas que parecían los dientes de un gigante, -lo último de la época-.
La televisión (en blanco negro, desde luego) llegó cuando yo estaba en el colegio.

Las ventanas de la casa –cuatro vidrios en un marco de madera- eran deslizantes de subir y bajar y un clavo para sostenerla a medio camino, algunas totalmente abiertas , se cerraban en la noche con una puerta de madera y un picaporte.
Tengo el recuerdo de una frase que no se me olvida; en una ventana de la sala que daba a la calle se podía leer un letrero translúcido, que estaba pegado en el vidrio. Desde adentro se leía: idnahcE oiraM aviV, eso le dará una idea del color político de mi abuelo (y de la familia) en esa época.

Recuerdo unas cortinas hechas con largas filas de tubitos de vidrio de unas dos pulgadas de largo y un diámetro como los actuales bolígrafos, con tapones de hule en los extremos y atravesados por hilo número 10. Los tubitos venían de algún tipo de inyectable, que por ser desechables alguien de la Unidad Sanitaria nos había obsequiado. Había también cortinas hechas con envolturas de cigarros ingeniosamente acopladas -de Ticos, Irazú, León- y uno que otro  de Luky Strike, Emu o Camel.

El piso de la casa era de tabloncillos y tablas grandes. Había algunas grietas, producidas por el frecuente lavado y encerado. Recuerdo que, para una navidad, cuando tenía como unos 6 años recibí un “velocípedo” y se me ocurrió seguir manejándolo mientras me tomaba un vaso de “agua de azúcar”. Bueno una de las ruedas traseras se hundió en una grieta y me volqué, cayendo apoyado con el vaso en la mano derecha, el cual se quebró y me dejó una herida entre el pulgar y el índice, que aún se nota. No entendí por qué el chiquillo rico del barrio recibió un “triciclo de cadena”, que me parecía fabuloso.




 



No crean que no había fresco de limón o naranja, de chan, o de tamarindo, y de vez en cuando cola, zarzaparrilla, o limonada, producida por una embotelladora que había en Alajuela, cuyo logo era el domo rojo de su catedral. También había “spur cola” y  old colony soda” que yo no sabía de dónde venían, pero el fresco de avena  en agua, o simplemente  agua con una cucharada de “azúcar” era lo más fácil y barato. El azúcar Victoria llegaba a las pulperías en sacos de manta fina pero resistente y con ellos a veces nos hacían calzoncillos.

La casa de mi abuelo estaba frente a la pulpería de Nino Serrano, padre de Orlando y Carlos Manuel, quien fue compañero en el Colegio. Don Nino vendía muchas cosas, entre ellas deliciosos bananos pecosos y pequeños, (el criollo) a cinco y los grandes (como el de la United Fruit Company) a diez.  También cajetas a diez y a peseta, lo mismo que melcochas de coco “La estrella” algunas de las cuales traían una etiqueta oculta que decía “premio, una melcocha”. 
No Faltaban las bolitas de confite de limón, duras como canicas, pero rendidoras. Recuerdo varias veces haber llegado con tres amigos y decirle a don Nino, “ véndame una cajeta y 4 vasos de agua” (no se usaba el ridículo y confuso "me regala", como ahora).

De la panadería de Clemenciano Arias, que estaba al otro lado de la Unidad Sanitaria, provenían  además de bollitos de pan de a 5 y de a 10, galletas, bizcotelas, quesadillas, polvorones, rosquillas, cachos, suspiros, orejas, gatos, cuñas, ilustrados, borrachos, prusianos, etc. No faltaban, desde luego los “helados de palito”, que seguro los hacía la esposa de don Nino, la señora Signe Johansson.


Melcochas.

Confites de Limón


 

Borrachos.

Frente a la Unidad Sanitaria, estaba la otra pulpería del barrio “Pueblo Nuevo”, la de Genaro Mora, que tenía su casa al lado. Recuerdo ir  allí a “comprar con libreta”. Se usaban dos, una que se quedaba en la pulpería para control de don Genaro y otra para el cliente, curiosamente se anotaban las compras con un lápiz, pero nadie se atrevía a usar un borrador. Se pagaba por semana o por mes, según el salario del cliente. Espero que no le hayamos dejado algún perrillo amarrado.


Por la parte trasera del solar y separada por el camino de tierra que iba hacia San Jerónimo y Cirrí, estaba la casa de “Doña Pachica Rodríguez” que tenía una guapa hija (Virginia), casada con Fernando Rojas Meza, un odontólogo empírico que tenía una mano suavecita para sacar muelas. Le decían  “abejorro” y tuvo tres hijos (todos “abejorros”) que en su momento se graduaron como odontólogos en la U.C.R., por lo que le dieron un reconocimiento a la familia. Melvin, el mayor fue compañero en los primeros años del Colegio de Naranjo. Éramos buenos amigos de juegos casi todos los días, pero cuando le pedía permiso a su padre, no sé si por broma o para no dejarlo salir, le hacía preguntas sobre matemática, por ejemplo, le pedía que dijera “la tabla del 3,75, del uno al trece".

Doña Pachica tenía detrás de su casa una finca, con palos de naranja, mangos, jocotes, guabas, limones dulces y ácidos, grapefruit, caña de azúcar, café, pejibayes y terminaba en una limpia poza que visitábamos a veces, pero yo no aprendí a nadar allí.
La finca que visitábamos a escondidas, porque al dueño no le gustaban las visitas, tenía jocotes, guabas y guayabas (¡para hacer jalea!). Era la de José Corrales, quien tenía su casa a la orilla de la carretera a Sarchí, en el alto antes de llegar al cementerio.

Siempre atrás, al otro lado de la calle, colindando con la casa y panadería de los Arias, vivía Esnider Rodríguez, el jefe del Resguardo Fiscal de aquella época, que se dedicaba principalmente a buscar “sacas de guaro de contrabando” escondidas en alguna finca del Cantón, eran los únicos autorizados a entrar a una casa. Su esposa, Leonor, era sobrina de la esposa de don Nino. Dos de sus hijos, Henry y Daysi (como la novia del pato donald) fueron compañeros de escuela.

Entre la casa de los Rodríguez y de los abejorros, había una humilde casa, donde vivían “los muflas”. Dos de los hijos menores eran “Cali” y “Pelón”, más o menos de mi edad. Creo que uno de sus hermanos mayores era cobrador de una de las “cazadoras” de Beto Pérez, que viajaban todos los días de Naranjo a San José, el pasaje era de tres colones y tardaba dos horas por el camino viejo, pasando por Sarchí, Grecia, Alajuela y Heredia.

Por entonces una de las únicas aceras que había en el barrio era la construida alrededor de la Unidad Sanitaria. En esa acera, “los muflas”, algún otro vecino del “barrio cuita blanca” que quedaba camino hacia “el rastro” (el Matadero Municipal de Naranjo), quizás Omar Arroyo (“plaga”) y yo, jugábamos de carritos casi todos los días, viajando imaginariamente con nuestras cazadoras, a Villa Quesada, Puntarenas y San José, haciendo señales, parando y recogiendo pasaje, avisándonos de la presencia de tráficos, era muy divertido.

Volviendo a mi abuelo Dolores “ratón”, supe que en sus tiempos de alcalde tenía que visitar los distritos de Naranjo, montado a caballo y a veces bajo la lluvia por los lodazales de los caminos de la época para hacer alguna notificación (no como ahora que se la envían por correo electrónico), hizo muchos amigos y algunas amiguitas, era un poco enamorado. 
Hay una anécdota interesante respecto al apodo familiar; mi hijo Javier como de unos 10 años le dibujó una tarjeta a su abuela María Luisa para el día de la madre y sorpresa, la tarjeta tenía tres pequeños ratoncitos rosados. Cuando la vimos, los mayores nos morimos de la risa, aunque Javier, en ese momento no supo por qué.

Mi abuelo tenía un personaje ficticio, un “doctor” que podía ser en medicina, leyes, letras, ingeniería, mecánica, o ciencias, usted escoja; eso no importaba porque el “Doctor Iturribarry Berrigorry Chinchapel Chinchurretasiempre salía airoso en cualquier situación, con la misma facilidad que podía meter la pata y equivocarse totalmente.
Era capaz de contestar cualquier pregunta, realizar la acción requerida, o fallar totalmente, era un “todo terreno” para cualquier lado.
Cuando mi abuelo quería referirse a una persona que había hecho algo muy bueno, o muy malo, decía que era el citado doctor.

A veces mi abuelo era un poco -tenaz- con el comportamiento de alguna persona. Recuerdo que había una bonita chiquilla, unos 5 años mayor que yo y que por entonces ayudaba en el taller de costura de mi madre y tía. Su nombre era Enilda Barrientos y éramos familia cercana. Era delgada, morenita, de pelo hasta la cintura, negro, lacio, brillante y bien cuidado, quizás algo pizpireta pero buena gente, sin embargo, mi abuelo solo se refería a ella como “la india bárbara del norte”.
Su familia emigró a Guadalupe y recuerdo que cuando hice el examen de admisión en la U.C.R. en 1960, ellos gentilmente me hospedaron en su casa, la noche anterior y me llevaron al Cine Río.

Por muchos años mi abuelo, ya pensionado, me llevaba a pasear donde el viajara. Fuimos varias veces a Turrialba y nos quedábamos donde Hernán, que era en ese tiempo el Inspector de Trabajo de la zona. La cazadora se tomaba en una estación que había en avenida central, al frente del Banco de Costa Rica, recuerdo haber visto a la venta allí un tarrito de “Pomada Canaria”. El pasaje costaba 3 colones, la duración del viaje dos horas y me parece que siempre llovía entre Curridabat y Tres Ríos, también por Juan Viñas. Turrialba se mantenía normalmente con una garúa entre fina y gruesa, típica del clima del atlántico.

Varias veces fuimos a Limón para visitar a Pachico.
Una vez el paseo coincidió con la visita del “
Circo Atayde”, con animales, trapecistas, payasos, magos y bailarinas, fue para mí una experiencia única.
El tren se tomaba en “La
Northern”, había dos posibilidades, tomar “el local” que paraba en cada una de las 62 estaciones, salía a las 8 de la mañana y llegaba como a las 5 de la tarde. O tomar “el pachuco”, que solo paraba en cuatro estaciones, Cartago, Turrialba, Siquirres y Batán, salía a las doce y llegaba como a las tres de la tarde. Eran trenes tirados por locomotoras de carbón, con su típicos silbatos, columnas de humo negro y a veces blanco, el sonido “cchhuu, cchhuu…” y los problemas para subir cuestas.

La primera vez que fuimos a Limón, a Pachico se le ocurrió que fuéramos a Piuta para que yo tomara un baño de mar en la arenosa playa. Cuando terminé me llevaron a un sitio cercano donde salía un gran chorro de agua, -de esos que te dejan morada la espalda-, que los lugareños usan para quitarse el agua salada.
Mientras lo hacía, mi abuelo que esperaba se subió en una piedra y en actitud entre solemne y jocosa comenzó a dar un discurso imaginario que inició con “Hijos de la gran Piuta…”

Cuando mi hermano Francisco estaba comenzando a caminar, ubique usted el año, mi abuelo inventó para nosotros y sin proponérselo un inocente juego que usamos y disfrutamos por mucho tiempo. Laura y Adolfo ya estaban un poco más grandes, también mis primos William, Alejandro, Hilda y “Nenis”, desde luego “Rafaelito”.

Resulta que don Dolores se encariñó mucho con Francisco, su nieto menor por entonces lo llevaba al centro de Naranjo y lo cuidaba con celo. Todos esos hermanos y primos nos reuníamos a veces a jugar, escondido, o de carritos, en el solar de mi abuelo y Francisco entre gateando y caminando nos seguía. Un día nos fuimos todos hasta el fondo y regresamos corriendo a la casa y al vernos mi abuelo nos regañó diciendo “dejaron al chiquito solo”. Nosotros nos reímos y lo fuimos a buscar y en ese momento nació el juego.
En los meses que pasaron llevábamos alzado a Francisco hasta el fondo del cafetal y regresábamos corriendo a la casa, nos volvíamos a ver y todos decíamos a coro “el chiquito solo” y lo íbamos a buscar. Tanto nos gustaba este inocente juego que a veces llevábamos a Francisco a la casa de mi
tía Elena, que también tenía un “cerco” pero más pequeño y allí también jugábamos “el chiquito solo”. Francisco creo que también disfrutaba el juego y cooperaba, quedándose quieto donde lo dejábamos esperando.

Cuando yo cursé mis dos últimos años en el Colegio de Naranjo, en 1959 y 1960, mi abuelo y yo leímos juntos "El Quijote", los dos tomos completos. Le gustó bastante y me ayudó a escribir algunos resúmenes, con una pluma de fuente "Esterbrook" que apreciaba mucho. Abuelo tenía una letra algo estilizada, un poco inclinada hacia la derecha, lástima que no me quedó ninguno de sus escritos.

Mi abuelo murió de cáncer de próstata en 1960, bueno eso dijeron los médicos, pero creo que murió tranquilo, simplemente de viejo, pues no recuerdo escucharlo quejándose de algún dolor (a pesar de llamarse Dolores), ni recuerdo visitas al médico.

Yo lo rasuraba de vez en cuando. En sus últimos días yo dormía en su cama, supuestamente para vigilarlo y ayudarle por si necesitaba algo, pero siempre fui buen dormilón.
En la noche o madrugada que murió, me desperté a eso de las cuatro o cinco de la mañana y me pareció que ya había terminado su vida. Le hice varias pruebas, que se me ocurrieron, incluyendo una de respiración usando un espejo. A pesar de que estaba seguro, no avisé a mi mamá y esperé como hasta las seis que se levantaron ella y mis hermanos para prepararse para la escuela y les di la triste noticia. 

Yo estaba muy calmado.

domingo, 29 de agosto de 2021

Paloma -- y Pecho amarillo comiendo frutos de sauco

 En mi casa, Zapote, San José, Costa Rica. Sábado 29 de agosto, 2021; 16:30

 

Paloma.

"Sauco". ¡Para hacer la varita de Harry Potter!

 


 

Pecho amarillo.

 

 


Larva de "Monarca", planta hospedera "Aclespias curassavica" y semillas   👉

 

 

Comiendo "guinea cuadrada".

sábado, 21 de agosto de 2021

A la sombra de Venus (¡cuento!)

Revisado 08/09/2021.
Original publicado en:
Los demonios de Occator con otros cuentos
Marie Lissete Alvarado y José Alberto Villalobos.
EDiNexo 2017. ISBN: 978-9930-539-30-9.

El viernes 31 de agosto del año 2063 inició realmente la participación espacial para Costa Rica, con el lanzamiento de la extraordinaria nave espacial MAvi-8, por un nuevo consorcio espacial en el que participa China por primera vez.

Esta astronave, cuyo destino es el planeta Marte, es la culminación de diez años de investigación, producción y construcción en ciencia e ingeniería espacial de las cinco agencias espaciales líderes en nuestro planeta: NASA de los Estados Unidos, ESA de la Unión Europea, JAXA de Japón, Roscosmos de Rusia y Guójiā Hángtiān Jú de China. Algo similar a lo que se cuenta, al principio en la serie de televisión  Away, pero con el lanzamiento desde la Tierra, no desde la Luna.

El aporte costarricense a este programa espacial no es la construcción de la nave, ni su lanzamiento. Consiste en el apoyo astronáutico de la Estación Terrena de Tráfico Espacial. Esta entró en funcionamiento el lunes 17 de octubre de 2061, el año del regreso del Cometa Halley a la zona central del Sistema Solar. También el año cuando supuestamente ocurren los eventos, detallados en la novela de Arthur C. Clark, “2061: Odyssey Three”.
La estación no tiene ningún costo para el país, más bien será una fuente de empleo para técnicos, ingenieros, científicos, matemáticos y personal de servicios.


 Por su posición geográfica estratégica, Costa Rica (10 grados latitud Norte, 84 grados longitud Oeste), fue escogida entre muchos otros sitios, por su cercanía al Ecuador Terrestre, lo que permite observar casi todo el año la eclíptica, esto es, la región del cielo donde se sitúan las órbitas de los planetas y así tener información diaria sobre Marte, donde está la base MARS ONE, el destino previsto de la astronave MAvi-8.

Sitio de la Estación Terrena de Tráfico Espacial, en "Calle Loros".

La Estación se encargará de monitorear las telecomunicaciones con las sondas espaciales del Consorcio.
Está ubicada en un punto estratégico, al lado derecho de “
Calle Loros”, justamente en el límite entre las provincias de Alajuela y Puntarenas, a pocos kilómetros de donde se planea construir el Aeropuerto Metropolitano de Orotina.
Tiene un centro de visitantes muy bien atendido, donde todos los miércoles de 9 a 11 a.m. se puede hacer una visita guiada de 30 minutos.

La plataforma de lanzamiento que usa el Consorcio Espacial está en el Océano Pacífico, en Costa Rica, exactamente en el paralelo 7°0’0” norte. A 265 km de la Isla del Caño (08°42’21” N; 83°42’53” O), a lo largo del arco de círculo máximo que la une con la Isla del Coco (05°31’41 N; 87°03’40” O). Se trata de una plataforma similar a la Odyssey, pero completamente renovada y con los últimos adelantos tecnológicos.

Ubicación de la plataforma de lanzamiento, en el paralelo 7.00°.

 ¡Llegó el día!
- Dix, neuf, huit, … un, zéro,… soulever”.
Se escucha por los altoparlantes de la Estación.

Es el conteo del lanzamiento de la MAvi-8 hacia Marte. Son las 20:05 hora oficial de Costa Rica (UTC-6 horas).
Pocos segundos después la brillante estela de gases de escape se ve en las pantallas de la  televisión local e internacional, elevándose majestuosamente.
Algunas imágenes y minutos de video las repitieron los noticieros, varias veces durante los siguientes dos días.

 La MAvi-8 transporta cinco astronautas, en realidad dos parejas de jóvenes entre 28 y 35 años, que han mantenido una relación afectiva exitosa, por al menos el año anterior, pero que no están a punto de procrear un hijo.
El quinto es un androide, tipo Data de Star Trek: The New Generation. Su nombre es (¡Hola lector; sugiérame alguno!).

Este el grupo de relevo para igual número de colonos, todos varones, que viven en Marte. El notable impulso que dará la misión MAvi-8 a la colonización del planeta rojo, además de la renovación de astronautas que regresarán a la Tierra, consiste principalmente en el transporte de cinco complejos instrumentos de última tecnología que serán instalados en la colonia:

  1. Un explorador geológico buscador de agua, que perforará un profundo pozo en el subsuelo marciano. Encontrará y extraerá agua, para todas las necesidades de este líquido vital, que requiere la colonia.
  2. Un extraordinario purificador de gases, capaz de mantener por más de 10 años la calidad atmosférica de la MARS ONE. Capturará las escasas moléculas de nitrógeno y oxígeno de la atmósfera marciana, pero su meta más importante es el reciclaje atmosférico en los módulos habitacionales de la colonia.
  3. Un invernadero modular, equipado con semillas de superior calidad, no transgénicas, que podrá abastecer de vegetales a la colonia, por al menos cinco años, sin tener que hacer grandes cambios.
  4. Una versátil impresora 3D, con capacidad para ser alimentada con materiales inorgánicos y orgánicos. Producirá alimentos concentrados para los astronautas, con todas las características y requerimientos nutritivos, similares a los que hay en la Tierra, pero también imprimirá piezas de equipo que se requieran renovar.
  5. Una combinación de planta solar-baterías-mini reactor nuclear que proporcionará la energía eléctrica necesaria para que funcione todo el equipo electrónico de la MARS ONE, prácticamente de forma indefinida.

En la colonia marciana este maravilloso conjunto de equipo científico y tecnológico será parte del "Hexágono", un complejo ya construido, pero no amueblado. Al momento está equipado solo en una sexta parte, con el más moderno servicio médico y farmacéutico del Sistema Solar.
Solo hay dos más, uno en algún lugar secreto de la Tierra y otro en una mini versión al 10 %, que va precisamente en la MAvi-8.

 Desde las misiones espaciales a Marte Viking 1 y Viking 2, en 1975; las del 2021; Perseverance y Zhurong, y todas las demás se ha usado una Órbita de Transferencia de Hohmann, para interconectar la órbita terrestre y la marciana.
Ha sido probada con éxito muchas veces, usando eficientemente la ventana de lanzamiento, para que la sonda espacial y su destino, Marte en este caso, lleguen al punto de encuentro -al mismo tiempo-.
Pero todas esas misiones han sido naves robóticas livianas.

 Viajar primero a Venus, un planeta interior a la órbita terrestre parecería ir en sentido contrario, pero en el caso de la MAvi-8 principalmente por su peso y por ser tripulada, no se usa una planta nuclear de gran tamaño. Para ahorrar energía se usa una trayectoria similar a la que llevó la misión Cassini-Huygens a Saturno (1997-2017).
Realizará primero un sobrevuelo de Venus gravitacionalmente asistido, para proveer a la nave la suficiente cantidad de movimiento, energía y velocidad y así, modificar la trayectoria e impulsarla hasta Marte.

ESA_Cassini's trajectory_to_Saturn.


 Esta parte venusina de la trayectoria, cercana al Sol es de muy alto riesgo, dada la fuerte incidencia de rayos gamma solares al acercarse a la estrella. El peligro es tanto para la nave y su equipo, especialmente la electrónica y las telecomunicaciones; como para la integridad física y la salud de los cuatro tripulantes humanos. El blindaje contra las radiaciones electromagnéticas y contra las partículas del viento solar, se diseñó como el de mínimo espesor y mayor protección, para reducir el peso, sin comprometer la integridad de la misión.

Pero a pesar de que se tomen en cuenta todas las posibles fuentes de riesgo y se calculen y apliquen los porcentajes de error, -la maldad intrínseca de las probabilidades-, como decía en broma mi profesor de estadística en la Universidad de Costa Rica, siempre nos acecha y se podrán presentar en el momento menos esperado.
Ahora la MAvi-8 está entre el Sol y Venus, casi a mediodía, ya que la trayectoria debe consistir en un sobrevuelo rasante a ese planeta, para que funcione el impulso gravitacional y la nave sea enviada, de regreso, hacia la región externa del Sistema Solar.

Emisión de masa coronal.

¡Cuando le faltaban 1500 km para quedar eclipsada por Venus (pasar al lado nocturno), se produce en el Sol, una feroz emisión de masa coronal!  

Esta llega en segundos a Venus.
Nuestra estrella expulsó una gran cantidad de materia; un
plasma compuesto en su mayoría de electrones y protones, más una masiva emisión de radiación electromagnética, un poderoso y enfocado haz de rayos-x fuertemente ionizante.

La nave pierde el control de sus giroscopios, inicia una fuerte rotación y traslación siguiendo una trayectoria en forma de hélice. Queda a la deriva, con el sistema de navegación y las radiocomunicaciones operando casi con el mínimo de control.
Ni la mini-
HAL 9000, la computadora principal acierta a hacer las correcciones.
La MAvi-8 está incapacitada para retomar la trayectoria original, completamente aislada. No puede enviar ni recibir mensajes de la Estación Terrena de Tráfico Espacial en Orotina, ni a ninguna otra, tanto en la Tierra, en la Luna, o en Marte. Tampoco a algún satélite o nave en órbita alrededor de la Tierra que pudiera retrasmitir la señal.

Los 5 astronautas acuden a sus puestos en la sala de mando, usan su conocimiento y experiencia y logran maniobrar para poner a salvo la MAvi-8, ocultando el Sol, -a la sombra de Venus-.
Cinco minutos después del impacto de la emisión de masa coronal, la astronave es conducida fuera de su curso original, a una trayectoria entre rara y fantástica, pero a salvo, frente al lado nocturno de Venus.

https://apod.nasa.gov/apod/ap190210.html

La tripulación está expectante, pero con una relativa calma y una sensación de precaria seguridad, que a ratos los tranquilizaba y luego les hace temer lo peor.
El sistema automático de navegación de la Mavi-8 y los esfuerzos de los tripulantes, los coloca en una extraordinaria órbita alrededor del Sol, a varios miles de kilómetros por encima de la irrespirable, más bien venenosa capa nubosa de Venus.
Sobrevuelan casi “¡geoestacionarios!” sobre un punto fijo encima del ecuador del planeta, cuya rotación es muy lenta (-116,75 días). Por lo menos eso se deduce, luego de una lectura rápida de las coordenadas de posición de la nave, su velocidad relativa respecto a Venus y su período de revolución respecto al Sol (224,71 días), calculado con gran esfuerzo por la Hal 9000.
Lo más importante desde el punto de vista astronáutico, es que el esperado impulso gravitacional de Venus aparentemente se ha desaprovechado. La misión hacia Marte parece imposible de seguir y concluir.

¿No tendrán la energía suficiente para continuar?
¿Habrán fracasado?

Están “cuasi-estacionarios”, a la sombra de Venus, afortunadamente sobre el hemisferio nocturno del planeta.

¿Seguirían así por más tiempo?
¿Caerán al planeta, o saldrán de nuevo al Sol?

Su situación podría ser un alivio a las consecuencias de la cercanía al Sol y su inesperada y peligrosa actividad, porque al estar la estrella oculta por el planeta, éste actuaría como una especie de blindaje físico y electromagnético para la MAvi-8. Pero también sería una grave fuente de problemas, pues las celdas de energía solar jamás funcionarían, y por consecuencia, las posibilidades de supervivencia se irían deteriorando al agotarse el suministro de electricidad de las baterías.

Pueden ver la Tierra, en fase de cuarto menguante, pero ningún equipo de telecomunicaciones funciona. No podrán enviar ninguna señal diciendo que han sobrevivido.

 - ¡Oh, no! -, exclama María Jose, la ingeniera de la MAvi-8.
 - Tengo dos lecturas perturbadoras. En este panel de navegación, el altímetro indica que estamos a 100 radios venusinos (6.052 km) del centro del planeta, que está por ahora a 108.208 millones de kilómetros del centro de Sol, en sencillo, estamos a 108.813 millones de kilómetros del Sol. (https://www.online-calculator.com/).

- He aplicado la Tercera ley de Kepler y obtengo un período de revolución de 226 días, lo que resulta congruente con el de Venus que es 225 días, ya que estamos -un poquito- más distantes del Sol.
- Viajamos más lento que Venus y entonces en unos días, saldríamos de su sombra y de nuevo quedaríamos expuestos a los efectos normales del Sol (alta temperatura y radiación).

- No sabemos si la emisión de masa coronal aún continúa, pero de ser así, moriríamos por radiación ionizante y quemados.

- He calculado nuestra velocidad orbital, aplicando simples conocimientos sobre órbitas circulares (v = 2 π R/T) y obtengo 34,01 kilómetros por segundo, lo que significa que nos estamos quedando atrás unos 3636 km cada hora, ya que Venus recorre su órbita a 35.02 kilómetros por segundo.

 -En realidad estamos dentro del cono de sombra de un eclipse total de Sol, provocado por Venus sobre la Mavi-8. Solo imaginen que Venus es como la Luna y que nuestra nave (en realidad un puntito) es como la Tierra y hagan una analogía recordando el eclipse total de Sol del 11 de julio de 1991 (https://fisica1011tutor.blogspot.com/2016/07/hace-25-anos-eclipse-total-de-sol-11-de.html), o cualquiera otro.

 - Compañeros, creo que saldremos de la sombra de Venus y quizás a achicharrarnos al Sol en menos de tres semanas, nuestro lector de velocidad relativa respecto a la superficie del planeta así lo confirma.

https://apod.nasa.gov/apod/ap180130.html

- Ese es el tiempo de vida que nos queda, a menos que resolvamos como permanecer por más tiempo a la sombra de Venus, o que de alguna manera -altamente improbable-, escapemos y sigamos el viaje hacia Marte o de regreso a la Tierra.

- Ha transcurrido una semana desde el accidente, el mortal amanecer ya se vislumbra. Pero es un poco raro, algo así como si estuviéramos a las tres de la mañana en la Tierra y por algún motivo que no puedo explicarles, parece que el tiempo corre hacia atrás y nos acercamos hacia las condiciones del atardecer previo, sin poder evitarlo.

Todos los tripulantes trabajan en una solución para resolver el problema anterior. Han reparado tres retrocohetes cuyo sistema de mando a control remoto quedó inutilizado durante la emergencia solar.
La solución del problema -momentáneo-, siempre fue obvia para todo el equipo, tendrían que viajar un poco más rápido, para mantener a la MAvi-8 con la misma velocidad de revolución que Venus.
Harán disparos cortos de los cohetes, cada cierto tiempo, incrementando la velocidad y manteniendo los 35,02 kilómetros por segundo, para permanecer en la posición más segura, cercana al meridiano venusino opuesto al Sol (el de medianoche) y seguir siempre dentro de este eclipse, a la sombra de Venus.

- Ahora lo que nos queda es sobrevivir el mayor tiempo posible-, aseveró Andrea que es médico.

- Trataremos de mantenernos con buena salud física y emocional, hasta que en la Tierra se hayan dado cuenta del accidente y envíen una nave exploradora, con una trayectoria similar a la nuestra, verifiquen de alguna manera que estamos vivos y puedan enviar una misión de rescate que se pueda acoplar a la Mavi-8. Pero esto es solo un ejercicio mental, sabemos que es altamente improbable y tomaría demasiado tiempo.

- Contamos con recursos muy limitados, tendremos que hacer algunos ajustes.
- Recuerden que el 90% del equipo médico y farmacéutico, fue enviado a Marte hace dos años.

- Así que, ninguna tontera o abuso con la salud, cero accidentes, por favor.

- Marijó ha calculado que el campo gravitatorio de Venus, a la distancia que estamos del planeta es [8,87÷ (100)2 ≈0,001 N/kg], no nos ayudará en nada, estamos en total y completa ingravidez. Tendremos que seguir usando la máquina de gravedad artificial y continuar con la rutina normal de ejercicios.

- Bueno-, dice Jan con una sonrisa, el experto en agricultura.
-  Ya que parece que los equipos están informando, les digo que las plantas que se sembraron en el invernadero, hace tres meses, siguen creciendo fuertes y saludables y nos proporcionarán alimentos casi por tiempo indefinido.

-¿Tendremos agua, iluminación y aire con la calidad de la Tierra? Es decir, pasando la papa caliente a nuestra ingeniera y a nuestro físico:
- ¿Contaremos con la energía eléctrica para que funcionen los equipos fisicoquímicos de soporte, podremos resolver eso?

-Creemos que sí-, responden entre preocupados y confiados, pero vamos a revisar en qué estado quedaron.
 - Sabemos que a la sombra de Venus las celdas solares no producirán electricidad, pero estamos diseñando una solución extrema para usarlas de una manera poco convencional, nunca utilizada.

- ¡Ya les diremos!

- Las baterías están al 23,5% de su carga, tendremos que desconectarlas y usarlas sólo cuando sea estrictamente necesario.

- Usaremos el mini reactor nuclear para mantener su carga mientras dormimos.

- Debemos mantener al mínimo el consumo de energía eléctrica. Todos los sistemas de soporte funcionarán al 10%, excepto el invernadero que lo hará al 20%. Tendremos que aprender a manejarnos en penumbra, la iluminación al 25% solo se mantendrá en el sitio de trabajo.

 En la Wikipedia de sus laptops encuentran datos sobre las misiones de sobrevuelo a Venus. llama la atención el primer sobrevuelo a un planeta, hecho en 1962 por la sonda Mariner 2, a 35 000 km de altura. También las observaciones y mediciones realizadas por del orbitador Magellan.

Pero como la Mavi-8 es esencialmente un transporte, no cuenta con equipo especializado, los cinco astronautas se dedican puramente a observar y tomar fotos. Saturno, Urano y Neptuno están en oposición y se miran muy bien, sin los problemas causados por la atmósfera planetaria. Han apreciado la Vía Láctea, con una perspectiva nunca vista desde la Tierra y uno que otro cúmulo de estrellas como el Omega Centauri, la Nebulosa de Orión, la Galaxia de Andrómeda y hasta ha ocurrido una lluvia de meteoros.

https://apod.nasa.gov/apod/ap210603.html

https://apod.nasa.gov/apod/ap201125.html

Una semana más, la segunda -siempre a la sombra de Venus-, pero con el crepúsculo astronómico acechando, los astronautas cada vez están viviendo más cerca de un ambiente con mayor iluminación exterior.

Necesitan desesperadamente una solución tecnológica, una extraordinaria y sofisticada creación de ingeniería astronáutica que les permita escapar de la gravedad de Venus y continuar su viaje a Marte, o regresar a la Tierra, donde parece que todos en el Consorcio Espacial creen que la MAvi-8 y sus tripulantes fueron completamente aniquilados.
Seguro que no tienen preparada ninguna misión de rescate, pero si supieran que hay sobrevivientes, posiblemente no tendrían capacidad tecnológica para recuperarlos. La emisión de masa coronal también afectó, en menor grado, la tecnología electrónica delicada de la Tierra.
La MAvi-8 ya no está a medianoche, sino como al equivalente terrestre de las cuatro de la mañana, el mortal amanecer se acerca.
Todos los tripulantes han estado trabajando en lo que creen es la solución de su problema. Han separado los paneles solares y los están acoplando a un anclaje de tres líneas de cable que tienen arrolladas en dos bobinas.

Estiman que con dos cables de unos 5 km de longitud es suficiente, para sujetar los paneles al exterior de la MAvi-8 y volarlos alejados hacia atrás como si fuera un gran papalote.
Agregarán un tercer cable de conducción eléctrica de la misma longitud, para traer la electricidad que producirían los paneles solares, cuando la luz del sol incida sobre ellos.
Así se cargarán las baterías del sistema de navegación y activar los grandes propulsores de la nave, para salir de la órbita venusina estacionaria y dirigirse a Marte o a la Tierra, lo decidirán en el último momento.
Esa es la solución que a todos les pareció ser la única posibilidad y trabajan como grupo para lograrla. Están a punto de usarla, sin ninguna prueba previa, no pueden arriesgarse a gastar energía.

La MAvi-8 tiene una pequeña bahía de carga que da acceso al exterior y hay trajes de astronautas para actividades extra vehiculares (caminatas espaciales), pero solo uno de ellos cuenta con este tipo de entrenamiento. Así que, tomando un riesgo calculado, Marijó sale con "Data" y en tres horas logran instalar las bobinas para el “papalote venusino de energía solar”, como lo han denominado.
Mientras tanto el resto de la tripulación ha dedicado dos días a coleccionar y acoplar las dos líneas de conducción eléctrica. Han trabajado horas extras y se han sobrepasado, ya tienen casi 6 kilómetros.

Llegó el momento de iniciar este experimento de vida o muerte, comienzan a desarrollar el cordón umbilical de triple vía que está en las bobinas. Los paneles solares comienzan a alejarse, ya llevan dos kilómetros, los tres cordones oscilan como si fuera una onda seno estacionaria, pero no se tuercen y la comprobación de conductividad eléctrica indica que hay conectividad.
¡Tres kilómetros y nada… No hay corriente eléctrica!
¡Cuatro kilómetros y la situación siguen igual!

La desesperación se refleja en sus caras, posiblemente el gran ángulo de incidencia entre los rayos solares y los paneles hace que la conversión fotovoltaica no sea muy eficiente.
¡Cuatro kilómetros y medio, las agujas de los indicadores de carga de las baterías se mueven y estabilizan más allá de la mitad del dial!
¡Están fluyendo electrones y las baterías indican que están al 60 % de su carga!

 Todo un día más con la MAVI-8 ahora sí dentro del crepúsculo de Venus y con el papalote iluminado por un sol como el que tendríamos a las 7 de la mañana en la Tierra.
Ahora las baterías están al 98 % de su carga. Los 4 tripulantes no quieren esperar más. Ocupan sus sitios en los asientos del cuarto de mando y conceden a Marijó el honor, o la terrible responsabilidad, de ejecutar la incierta maniobra de iniciar las computadoras de vuelo. automáticamente encenderán y controlarán los cohetes iónicos de la astronave.

- “Tres, dos, uno, cero, encendido”-, dice Marijó.
Pulsa el botón de encendido.
Las luces parpadean una, dos, tres veces y finalmente se estabilizan.
Se escucha el típico sonido de encendido de los potentes reactores de la MAvi-8.
Los 5 astronautas casi se despegan de sus asientos y tres de ellos gritan emocionados.
- ¡Marijó, sos una genio loca con mucha suerte! -
- Dale potencia a los cohetes, acelera al máximo y dejemos de estar a la sombra de Venus-, dicen al mismo tiempo.

Sin dudarlo un segundo más, Marijó le ordena a las computadoras que aceleren la nave, la cual aumenta rápidamente su velocidad, se sale de la órbita salvadora que los mantuvo por más de tres semanas, casi retoma la trayectoria original, aunque con menor velocidad y sin el empujón gravitacional.
Venus se ve cada vez más pequeño.
Viene ahora un dilema, seguir hacia Marte o regresar a la Tierra.

¿Qué haría usted amigo lector? -
¿No quiere escribir su final personalizado?

La MAvi-8 parece que está casi al 88 % del estado que tenía antes del accidente, unas comprobaciones rápidas de las computadoras de los cinco súper instrumentos les indican que no han sufrido pérdidas graves.
Sus familias estarían felices de verlos de regreso en la Tierra, luego de su supuesta muerte.
Pero los colonos de la MARS ONE, no solo estarán felices, sino infinitamente agradecidos.
Así que ordenan a la Hal 9000 que continúe con la trayectoria que llevaban antes del accidente.
Y entonces, finalmente se dirigen a Marte, convirtiendo un casi fracaso astronáutico, en un posible éxito.
Prolongarán la vida a otros cuatro terrícolas y estabilizará más nuestra colonización del planeta rojo, como se había planeado.