lunes, 8 de junio de 2026

La luz titilante

 por Daniel Villalobos

*

Y33 empujó el féretro suavemente con su mano mecánica, casi con veneración; dentro yacía el último humano que quedaba en Novis Orbis: El Dr. Mäkinen, uno de los astro-biólogos más brillantes de la Tierra, había sobrevivido 3 años después de infectarse, fue más resistente que los otros miembros de la tripulación. Increíble que padecer una enfermedad autoinmune fue lo que prolongó su vida.

Saturno se divisaba imponente en el horizonte y el firmamento lucía deslumbrante; debido al inminente anochecer, la luz reflejada por el gigante golpeaba los anillos dándoles una apariencia fantasmal, casi como una autopista de cristales centelleantes suspendida en el espacio.

 La superficie de Novis Orbis empezaba a teñirse de un suave tono marfil. La cadena montañosa que rodeaba la colonia mostraba esas vetas de color azul grisáceo en sus laderas y blancos luminosos por el hielo en sus cumbres. Las llanuras revelaban un resplandor intermitente de colores ocres y dorados debido a su composición mineral. La vegetación cultivada hasta ese momento era de un azul verdoso bellísimo, debido a la menor intensidad lumínica.

 El féretro flotaba suspendido a la altura de los brazos de Y33 que lo empujaba con discreción hacia el borde del asentamiento donde estaba el incinerador.

 **** Y33 ****

Y33 era un “hibroide”, término que se acuñó después de los severos conflictos sociales que desembocaron en la lamentable tragedia de Shenzhen, conocida también como el “Ciber-cisma” en las primeras décadas del siglo XXII. Para entonces la humanidad ya había desarrollado la Súper Inteligencia Artificial, la misma que un siglo antes era considerada ciencia ficción: los sistemas informáticos, con un poder analítico más rápido y poderoso que el humano, habían llegado a ser autoconscientes y a comprender a la perfección el comportamiento de las personas. Pero en su desarrollo se les dio rasgos humanos, con una fiel capacidad expresiva al punto de no diferenciarse entre especies. La tragedia de Shenzhen fue el punto cúspide del deterioro en la percepción de los individuos informáticos hacia los biológicos cuando la tercera ley de la robótica fue inusualmente ignorada por los androides, causando un enfrentamiento entre robots y humanos y la lamentable muerte de algunos miembros de un equipo científico chino.

 Esto representó un punto de quiebre en el desarrollo tecnológico. Las personas se dieron cuenta de que habían depositado demasiado en la informática y habían puesto en riesgo su propia existencia como especie. Esto llevó a una revisión profunda y sistemática de la situación, desembocando en lo que se denominó la “Ley Nakashima”; esta estableció que los robots, en lo sucesivo, si por sus funciones debían tener una estructura parecida a la de las personas, su apariencia sería mecánica, ya no tendrían coberturas que imitaban la piel humana ni expresiones faciales. Sus capacidades seguirían siendo tan desarrolladas como lo permita la ciencia, pero ahora se incluiría un código infranqueable escondido en lo más profundo de su programación: la “conciencia” de su estado mecánico al servicio de los humanos. Fue a partir de entonces que esta nueva generación de robots antropomórficos, como Y33, se llamó “hibroides”.

 Y33 estaba construido en titanio, metal muy liviano y resistente, de un color gris opaco ligeramente azulado. En su rostro no tenía facciones humanas. En su lugar contaba con una 
-luz titilante roja-, como un cíclope cibernético y una rejilla en lugar de boca.

 **** Novis Orbis ****

Novis Orbis fue descubierto por la sonda Scrutinium III en el año 2362. El satélite orbita Saturno, con casi un 3% de la masa de la Tierra y un diámetro muy cercano al de Plutón. Las misiones no tripuladas enviadas posteriormente fueron realizando descubrimientos cada vez más prometedores que apuntaban a una posible terraformación, esperando lograr el mismo éxito que habían obtenido con Marte, donde ya una incipiente colonización se aclimataba en los casi 50 millones de kilómetros cuadrados logrados hasta la fecha, prácticamente una tercera parte del planeta rojo.

 Novis Orbis tenía hielo en sus polos y en las cumbres de sus elevadas montañas; había agua líquida bajo la superficie en cavernas profundas; también minerales ricos en dióxido de carbono, lo que facilitaba su liberación a la atmósfera para crear un efecto invernadero artificial y aumentar la temperatura.

 Dadas esas condiciones, una misión con robots muy especializados fue enviada para iniciar el proceso de terraformación y preparar el planeta para recibir a un equipo de científicos y especialistas que concretarían la habitabilidad de Novis Orbis. Dicha misión inicial de robots estaba conformada por Y33 a la cabeza, como el hibroide más avanzado en su época; estaría al mando de las etapas previas a la llegada de humanos que ocurría al menos un siglo después.

 En la misión también iba un robot llamado “la araña” especializado en misiones espaciales de larga duración, exploración de túneles y cuevas, fumigación de cultivos y acceso en terrenos difíciles; uno llamado “el saltamontes” especializado en búsqueda y rescate, acceso a terrenos difíciles, evaluación de la humedad del suelo, detección de plagas y medición de la salud de la vegetación, y uno llamado “la libélula” especializado en sobrevolar terrenos, vigilancia, seguridad y reconocimiento. Con el aguijón posterior retráctil tiene la capacidad de medir el PH del ambiente, contaminación y temperatura. Dicha misión iba armada con generadores nucleares para alimentar la maquinaria de alteración climática, espejos espaciales diseñados para redirigir y concentrar la luz solar aumentando la temperatura para derretir hielo y liberar gases de efecto invernadero, centros especializados en filtrar, separar y sintetizar gases desde el entorno, generadores masivos de suelo para recrear una magnetosfera artificial que evite que la nueva atmósfera sea barrida por el viento estelar; también biotecnología resistente a la radiación inicial, capaz de acelerar procesos metabólicos con el fin de fijar nitrógeno y producir oxígeno, líquenes, musgos y hongos resistentes que se adapten al nuevo clima y a la menor gravedad del planeta, material biológico en estado de congelación para establecer la cadena trófica, incluyendo fitoplancton, zooplancton y polinizadores, nano robots diseñados para esparcirse en la atmósfera y catalizar reacciones químicas a una velocidad miles de veces mayor a la biológica. Y los materiales para iniciar la construcción de refugios habitables llamados “capullos” que permitirían a la primera misión humana vivir en una atmósfera y gravedad adecuadas, mientras se trabaja en el resto del satélite.

 Esta misión trabajó durante 132 años, más de los programados inicialmente ya que algunas etapas tomaron más tiempo, por supuesto también hubo eventos inesperados y accidentes mecánicos.

 **** Misión tripulada ****

La misión “Oppidum I” fue programada para llevar a los primeros humanos a Novis Orbis con el fin de continuar con el proceso de terraformación del satélite, una vez que los robots habían logrado un grado considerable de avance y existían condiciones mínimas para la vida humana, aunque apoyada de forma artificial todavía. Era un viaje de 12 años desde la Tierra.

 La criostasis fue desechada por no poder responder a las necesidades de las distancias y los tiempos en los viajes interplanetarios. En su lugar, gracias a los estudios de los astro-biólogos de finales del siglo XXII, Johan Ström, Fernando Martínez y Pietro Rossi, se está utilizando la técnica llamada “preservación asistida SMR”.  Que consiste en mantener el cuerpo humano dentro de cápsulas llamadas “crisálidas” en un ambiente de severa depresión metabólica, controlada y segura para los seres humanos.

 La misión “Oppidum I” llevó un grupo de científicos y técnicos de un altísimo perfil, especializados en los diferentes ámbitos de la terraformación. Era un viaje sin retorno; 12 años era el recorrido máximo logrado hasta entonces con los recursos energéticos de la época y todavía no había producción de combustibles en Novis Orbis que permitieran el regreso a la Tierra. Todos lo sabían y la selección de los tripulantes tomó años.

 **** El virus MGR ****.

Samuel Smith era británico y geólogo planetario. Su misión era estudiar la composición de rocas y minerales e identificar recursos útiles para futuras misiones. Aquel mediodía había subido a una de las colinas desde las que se divisaba en su totalidad la colonia. Observaba abstraído la atmósfera de un tono azul más oscuro que en la Tierra.

 Los enormes espejos en órbita para redirigir la luz del sol hacia la superficie de Novis Orbis producían una hermosa y extraña iluminación sobre la superficie. Como si fueran muchos soles, lucían como puntos intensamente brillantes en el cielo produciendo sombras múltiples. Ciertas regiones recibían una luz cálida y dorada, mientras otras eran bañadas por reflejos blancos y fríos.

 Smith se venía sintiendo ligeramente febril y cansado. Regresó con las muestras que había recolectado en las cuevas orientales y fue directamente hacia el laboratorio a desinfectarse e iniciar los análisis. Al quitarse el uniforme de trabajo notó que tenía unas manchas traslúcidas en sus manos y brazos. Acudió inmediatamente a la consulta de la Dra. Levi y esta, alarmada, le practicó varios exámenes de laboratorio.

 Era muy llamativo porque ese mismo día en la mañana otros dos miembros más de la misión habían presentado las mismas manchas. Uno de ellos con fiebre muy alta y el otro tuvo convulsiones. Los primeros exámenes de laboratorio revelaron alteraciones sistémicas.

 En los días siguientes otros miembros de la tripulación mostraron los mismos síntomas. La Dra. Levi y su equipo de médicos decidieron hacer biopsias de la piel, médula ósea y ganglios linfáticos encontrando células con patrones genéticos anormales. Los infectados empeoraban y hubo que aislarlos en un capullo especialmente preparado para ello; varios miembros del equipo médico empezaron a enfermar también, ninguna medicina ayudaba a su mejoría y fue muy alarmante el hecho de que primero a unos y luego a otros, su color de ojos empezó a cambiar volviéndose muy claros, de un tono casi plateado. Y luego empezaron a fallecer.

 El equipo médico trabajaba incansablemente tratando de encontrar la causa de aquella catástrofe. Los exámenes de laboratorio mostraron células con patrones proteicos imposibles en un ser humano sano, lo que sugería una influencia biológica externa. Las resonancias empezaron a revelar un crecimiento anómalo de tejidos en los infectados.

 Y33 trasladaba silenciosamente féretros hacia el incinerador varias veces al día. Desesperada, la Dra. Levi optó por comparar el ADN de los colonos infectados que todavía sobrevivían con sus muestras tomadas antes salir de la Tierra; incrédula constató que el genoma de los pacientes ya no coincidía con el original. Se comunicó con la Tierra para informar de lo que ocurría y pedir asesoría. A los médicos terrícolas les alarmó las graves consecuencias que presentaban los infectados: fallo neurológico, convulsiones, mutaciones tumorales masivas, un sistema inmune totalmente colapsado y concluyeron que debía tratarse de un virus con un genoma altamente mutable y polimórfico, que integra su material genético directamente en el ADN humano, que se camuflaba usando las propias proteínas del cuerpo y carecía por completo de enzimas únicas o puntos débiles vulnerables a los antivirales, no tenía enzimas propias, secuestraba y utilizaba exclusivamente la maquinaria interna de la célula humana, por lo que cualquier medicina que intentara atacarlo destruiría también las células sanas del cuerpo.

 No había nada que hacer. Los médicos en la Tierra, utilizando la información que la Dra. Levi les compartió, intentarían encontrar un antídoto que se pudiera replicar en Novis Orbis con los recursos que tenían allá. Pero los meses pasaron y no había respuesta. La población humana del satélite seguía disminuyendo. El Dr. Mäkinen puso todos sus conocimientos en astrobiología para ayudar a la Dra. Levi a encontrar una solución. Lamentablemente ella se contagió y falleció seis meses después. El Dr. Mäkinen siguió trabajando desesperadamente con lo que quedaba del equipo médico. La Tierra cortó toda comunicación. A pesar de los mensajes desde Novis Orbis con hallazgos poco esperanzadores, ya no hubo respuesta.

 El Dr. Mäkinen empezó a presentar síntomas, aunque muy leves y tardó mucho en sentirse mal. Él padecía la enfermedad celíaca, un padecimiento autoinmune y pensó que esa condición fue la que evitó que se contaminara antes. En la búsqueda de una respuesta, pudo concluir que seguramente el virus vino del agua de las cavernas subterráneas y pudo contaminar a las personas durante los análisis biológicos al inhalar accidentalmente su vapor. Fue el último en morir; agonizó cuatro meses al cuidado de Y33, siendo ya el único humano en el satélite.

 **** Esperar ****

Y33 se dirigió hasta la cápsula de cremación, muy despacio, como si fuera un ritual. Los hibroides no tienen sentimientos, sin embargo, aquella despedida parecía afectarle, como si un inminente e incontrolable vacío cayera sobre su estructura que, aunque se presentaba como un todo ordenado, no dejaba de ser una combinación metálica de partes.

 Introdujo el féretro en el incinerador, aquel mismo en el que todos los miembros anteriores de la tripulación habían sido cremados en diferentes momentos durante los últimos 3 años. Un dedo brillante oprimió el botón y la puerta se cerró y empezó el proceso de incineración.

 

Y33 se dirigió al capullo central desde donde se administraban todos los procesos en el satélite. Revisó que los reactores de fusión estuvieran trabajando correctamente. Verificó que los espejos espaciales estuvieran redireccionándose constantemente hacia el sol, así como que los sintetizadores de gases estuvieran al tope. Verificó la temperatura, revisó el material biológico que aún estaba congelado y constató que los ejércitos de nano robots siguieran cumpliendo con su función. Se encargó de descontaminar el capullo que había servido de Unidad de Cuidados Intensivos durante los últimos 3 años.

 Procedió luego a apagar a la araña, al saltamontes y a la libélula. Su misión desde el inicio era muy clara, preparar todo para la llegada de los humanos. Todo estaba en orden, todo funcionaba, todos los procesos se acoplaban armónicamente; aunque desde Novis Orbis se habían enviado mensajes, la Tierra nunca respondió. Entonces Y33 envió un aviso:

 -El Dr. Mäkinen falleció. Se aplicó el protocolo CH16, al igual que con los anteriores humanos. El virus MGR sigue presente en el medioambiente sin afectar los procesos de terraformación, que continúan con éxito. El Dr. Mäkinen no logró encontrar la cura antes de morir. Espero instrucciones.

 Y33 apagó las luces de todo el complejo de capullos y dejó sus funciones en el mínimo. Se sentó tranquilamente frente al enorme ventanal mirando en la dirección en que debería encontrarse el planeta de los humanos. Sabía que en la distancia más cercana entre Saturno y la Tierra, el mensaje llegaría en hora y media. Solo debería esperar una respuesta, una instrucción, tal vez el comunicado de que en la Tierra habrían encontrado la cura contra el virus MGR y que en algún momento en los próximos siglos volverían a llegar personas.

 Mientras cuenten con la nanotecnología de auto reparación, el tiempo para un hibroide no es una variable que le afecte. ¿Cómo estará la Tierra? ¿Qué avances habrá en ciencias, en tecnología, en sus comunidades? ¿Ya habrá versiones de robots más avanzadas? Esas eran preguntas que Y33 no se hacía, a él solo le interesaba recibir una directriz de la Tierra.

 Ahí sentado con aquella mirada fría, observó el infinito; poco a poco entró en un letargo programado del que despertaría periódicamente para cerciorarse si había un mensaje.
¿Cada década?
¿Cada siglo?
Para Y33 el tiempo no era relevante.
Lentamente fue apagando la luz titilante en su rostro hasta quedar a oscuras… y esperó.

 * Taller: Escriba su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)

CG022 1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. villalobosjosealberto@gmail.com

domingo, 7 de junio de 2026

Mi tio Hernán Villalobos

Hernán Villalobos Morales nació en Naranjo, Alajuela, el 7 de junio de 1914.
 Como mi mamá y mis otros cincos tíos, hijo de Don Lolo y Argemira (así aparece en el Registro Civil, en el de Lidilia aparece como Argimira). 


Mi primer recuerdo de Hernán fue cuando él venía a estudiar a San José, para convertirse en uno de los trabajadores, de un nuevo cargo público; “Inspector de Trabajo”. Supongo que al menos había concluido la escuela primaria.  

Recuerdo una herida que me dijo la causó una astilla de leña aún. siendo un niño que apenas gateaba, causada cuando alguien descuidadamente picaba leña con un hacha y la astilla voló a su cara.
También el hundimiento circular en su cabeza, como un diminuto cráter en el regolito lunar, causado por la pequeña pata de una olla de hierro negro que lo golpeó, parece con poca lógica, pero…
Recuerdo su casamiento con Ofelia Muñoz, cuando nacieron Carlos y Francisco, en Naranjo y su traslado a Turrialba. 
Seguro unos años antes, hicimos un viaje a Villa Quesada, pues me han enseñado una fotografía de él y yo en un Jeep oficial del Ministerio de Trabajo, cuando yo tenía unos 7 años, pero no recuerdo ese paseo. En esa fecha el Inspector de Trabajo de Naranjo, tenía una parte de la Zona de San Carlos bajo su cuidado.

En las vacaciones de quince días yo iba a Turrialba, al principio con mi abuelo, porque mi tío Hernán hacía las inspecciones anuales a las haciendas; Azul, Atirro, la Suiza, Tuiz, etc. Le llegaba un “
Jeep Willys curvito, tapa baja de doble tracción y chancha”, con todo y chofer.
Como yo soy unos siete años mayor que Carlos (“antiojudín” como le puso posteriormente –con cariño- mi hijo Ricardo), solo yo me encaramaba en el Jeep y acompañaba a Hernán casi todos los días. 

Los capataces de las fincas son gente agradecida y muchas veces obsequian con alguna cosa a los inspectores. Recuerdo que una vez nos obsequiaron un apetitoso “queso Turrialba”, era un hermoso cilindro amarillento como de tres kilos envuelto en tela encerada. Yo venía en el asiento trasero del carro con el queso entre las rodillas y precisamente hablando de él, cuando en una vuelta del camino nos topamos un carro en el que venía el dueño de la finca, quien se detuvo para saludar a mi tío. Pensando instintivamente que posiblemente el obsequio del queso no estaba autorizado, antes de que el señor se asomara por la ventana de nuestro carro, mi tío me dijo; “Pepeto, alcánceme esa libreta que está en el asiento detrás de usted”. Por suerte yo entendí el mensaje y dejé caer el queso a mis pies, para que no se viera. Cuando “paso el peligro” y nos alejamos, los tres nos reímos y mi tío cortó tres buenos pedazos de queso con una cuchilla, los que cominos alegremente para recuperarnos del susto.  

 Equipo de fútbol de Naranjo -1943-
03/04/1925
Hernán
María Luisa, Deifilia, Danilo, Lydilia, Elena.
 Estadio Nacional - 1963-
Hernán, Danilo, Lydilia y Francisco.




En Turrialba nacieron sus hijas Gilda y Sandra
Olvidé decirles que en Naranjo también había nacido Liliana, a la cual yo le cantaba una cancioncita con música flamenca (https://www.youtube.com/watch?v=v4U_zP4qCoo), que yo la alteré para que dijera: “Me llaman Liliana, Liliana Fernández, mi nombre es Liliana, Liliana del Carmen, Rodríguez Fernández”. No le gustaba para nada y se vivía acusándome con doña Ofelia.
Por mucho tiempo, antes de mis primeros primos y hermana, yo fui el único sobrino en una familia de siete solteros que me quisieron y cuidaron mucho, era casi como el hijo de todos.
Hernán y Lidilia fueron mis padrinos de bautizo y de confirma, también de mi  hijo Javier Alberto.
Cuando Hernán se pensionó o poco antes, se trasladó a vivir a Alajuela, cerca de la Iglesia de La Agonía, finalmente compró una casa en el Barrio La Trinidad.
Don Hernán murió el día primero de abril de 2007.
Doña Ofelia Muñoz Rodríguez, quien nació el 29 de noviembre de 1939, hija de Saturio y Salomé, murió varios años después que mi tío, el 16 de marzo de 2001.

sábado, 6 de junio de 2026

Nuevos horizontes

Por Eva Schnell


**

En un  lugar profundo y caliente de la Tierra, en el  manto superior, mucho más abajo de las montañas,  océanos y  volcanes,  dos entidades magmáticas pequeñas consciencias de calor y energía habían, nacido, crecido y ardido felices en las profundidades del manto terrestre. Se llamaban Chispita y Brasa.

Pero un día, Chispita suspiró (con una pequeña lluvia de diamantes) y dijo:

- Brasa, llevamos siglos viendo el mismo silicato de  hierro fundido, las mismas ondas de presión, los mismos cristales de carbono aplastados convertidos en diamantes que nunca nadie verá. Necesito un cambio de fulgores.


Brasa
, que era más práctica pero no menos curiosa,  arqueando una ceja de fuego respondió:

He oído rumores geológicos. En este país, hay volcanes muy activos como el Poás que expulsa magma a una temperatura de 1.000 °C, que es muy parecida a nuestro hogar.
Y así fue como las dos, burbujeando de emoción, esperaron pacientemente durante eones geológicos hasta que una grieta en el manto terrestre comenzó a abrirse. Chispita y Brasa se colaron en una burbuja de roca fundida que ascendía y comenzaron su viaje hacia arriba.

Al ascender por la cámara magmática del volcán se asomaron a un mundo nuevo, a pesar de las cenizas y vapor, se deslumbraron con algo inmenso,  hermoso, deslumbrante, rugiente: el sol que brillaba en el cielo. 



Chispita y Brasa se quedaron ardiendo, mudas, observando cómo aquella estrella ardía a 5.000 °C,  sin pausa desde hacía miles de millones de años.

- La Chispita soñadora bien encendida dijo:

- ¿Y si nos mudamos al Sol ?
-¿Seremos parte de esa estrella que mantiene viva a la tierra?
¡ Qué emoción! Nuestros átomos se mezclarían con el Sol y arderíamos felices para siempre en nuestro nuevo hogar.

- Pero fíjese bien —respondió Brasa, con su chispa científica.

- Eso que vemos no es solo brillo y calor. Es gravedad aplastante, vientos solares, y si nos acercamos demasiado, la corona nos deshará en millones de partículas sueltas.

- ¿Y eso es malo?- preguntó la Chispita soñadora.


- Seríamos luz. Seríamos parte de la estrella que hace viva la Tierra.  Arderíamos felices para siempre!

Las dos parpadearon de emoción y entendieron que así ya no serían Chispita y Brasa serían Sol.

Se despidieron del volcán con un suspiro humeante y chispearon en busca de arder en nuevos  horizontes, brillar en nuevas experiencias, disfrutar de nuevos destellos.

Integrarse en el Sol no es "morir", sino volverse  luz ... energía.

- Entonces… ¿vamos?
- Vamos. Y así fue.


Epílogo solar

Y desde entonces, cada mañana, cuando el Sol sale por el este y calienta la Tierra, hay dos pequeños destellos un poco más brillantes que el resto que desde la física, dejaron  de ser Chispita y Brasa.

Pero si miramos con mucha atención (y con mucha ciencia en el corazón), podríamos pensar que allí siguen Chispita y Brasa, juntas, navegando felices y ardiendo sin prisa, buscando iluminar siempre nuevos horizontes.

* Taller: Escriba su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)

CG022 1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. villalobosjosealberto@gmail.com
** Ilustraciones; cortesía de "Copilot"

Es hoy

Por Natalia Henchoz

*

Finalmente, mi espera ha terminado.

Todo lo que he aprendido durante los últimos años, especialmente las enseñanzas contenidas en la página tres del Manual del Explorador Espacial, y aquello por lo que he respirado, soñado y trabajado durante la última década, está a punto de convertirse en realidad.

Me he preparado física, emocional e intelectualmente para este momento. Cada sacrificio, cada entrenamiento y cada noche de estudio me han conducido hasta aquí.

Es noviembre del año 2191.

Dentro de pocas horas abordaré la nave Aberlemno-10.

Durante setenta y dos horas visitaré la Estación Espacial Picti, aprovechando el breve período de transición que ocurre cada dos años cuando se realiza el cambio de turno de su personal. Millones de personas han solicitado este privilegio. Muy pocas lo han conseguido.

Para mí, este viaje representa mucho más que una simple visita.

Fue también el sueño de mi padre.

La historia apenas menciona su nombre. A pesar de ser un hombre extraordinariamente rico y, debo admitir, algo caprichoso, desperdició la oportunidad que la vida le ofreció cuando el programa espacial apenas comenzaba. Nadie conoce con certeza las razones de su renuncia. Algunos hablan de miedo; otros, de orgullo. Lo único que sé es que aquel sueño inconcluso pasó a mí como una herencia silenciosa.

Pero mi historia será diferente.

Yo sí estoy preparada. .

Durante años cultivé una amistad con Fíanchi, quien  se desempeñó como comandante de la Base Espacial Picti, instalada sobre el asteroide 3753 Cruithne. Sus mensajes, relatos y observaciones me enseñaron a mirar más allá de mi propio mundo.

Gracias a él aprendí a amar aquel pequeño cuerpo celeste que acompaña a la Tierra en su viaje alrededor del Sol.

También aprendí a contemplar nuestro planeta desde otra perspectiva.

La Tierra ya no es para mí solamente el lugar donde nací. Es un oasis azul suspendido en la oscuridad infinita.

La Luna dejó de ser un simple satélite para convertirse en una compañera fiel de nuestro viaje cósmico.

El Sol, con su inmensa energía, se transformó en el corazón silencioso que mantiene unido nuestro hogar estelar.

Y comprendí algo aún más importante: la perfecta sincronía de todos ellos.

La belleza de formar parte de este Sistema Solar.

La pequeñez de mi existencia frente a la inmensidad del universo.

Y, al mismo tiempo, la inmensa grandeza de cada vida que habita este pequeño planeta.

 Hoy es el día.

Mientras observo el reloj de cuenta regresiva, siento cómo mi corazón late con una fuerza que jamás había experimentado.

Dentro de exactamente cinco horas partiremos a bordo de La Patrulla Espacial. Los cálculos orbitales indican que esta es la ventana perfecta para el lanzamiento. Un margen de tiempo tan preciso que apenas dura unos minutos, pero suficiente para que la misión tenga éxito.

 Cinco horas.

Después de diez años de preparación, cinco horas parecen apenas un suspiro.

Pronto abandonaré la superficie terrestre y contemplaré desde las estrellas aquello que durante toda mi vida observé desde abajo.

Y cuando llegue a Picti, cuando vea la Tierra flotando en el vacío, sabré que todos los esfuerzos, todos los sacrificios y todos los sueños heredados habrán valido la pena.

Porque algunas aventuras no se emprenden para descubrir nuevos mundos.

Se emprenden para descubrir quiénes somos realmente.

Aquella mañana de noviembre comprendí que los sueños no pertenecen a una sola generación. 

Viajan de padres a hijos, esperando a que alguien tenga el valor de hacerlos realidad. 

Y mientras la Aberlemno-10 se preparaba para partir, entendí que el verdadero destino de mi viaje no era una estación espacial ni un asteroide lejano, sino una nueva forma de mirar la vida, la Tierra y mi lugar en el universo.

 Natalia; 17/10/2026.

* Taller: Escriba su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)

CG022 1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. villalobosjosealberto@gmail.com

Dos lunas

por Ilse Ma. Blanco González.
*

En octubre de 1955, los periódicos ya hablaban del Proyecto Vanguard y de los futuros satélites que algún día orbitarían la Tierra.

La Luna seguía siendo un mundo inalcanzable, y solo los curiosos y los enamorados podían viajar hasta ella con su imaginación.

Fue en ese mes de octubre, cuando tuvieron la dicha de cruzarse en el camino Rodrigo, un hombre galán, contador y con alma de poeta, y una mujer hermosa, inteligente, y bohemia llamada Iris.  Solo una sola mirada de complicidad en ese instante fue suficiente para iniciar un sentimiento que no habían experimentado hasta ese momento.


Me gusta pensar que aquel nuevo sentimiento en sus vidas fue influenciado por algunos acontecimientos astronómicos que se dieron en ese mes. Aunque en ese momento no hubo un eclipse total visible ni un gran cometa surcando el firmamento, lo que sí ocurrió  fue una rareza celeste:  se vieron dos lunas llenas en un mismo mes. La primera apareció el día primero y la segunda el día treinta y uno, fenómeno que hoy conocemos como una Luna Azul, aunque no por su color.

El universo fue especialmente generoso con los nuevos enamorados, no solo regalándoles esas dos lunas llenas, sino también otros acontecimientos estelares que serían testigos de aquellos momentos de pasión, como si fueran señales enviadas desde el cielo para unirlos cada vez más.

La Luna se lució aún más cuando estuvo especialmente cerca de la Tierra y pasó por el perigeo, el punto más cercano de su órbita. Por eso se veía ligeramente más grande, hermosa y brillante de lo habitual.

Y si eso no hubiera sido suficiente para Rodrigo e Iris, sobre ellos cruzaron las lluvias de meteoros Dracónidas y Oriónidas. Las primeras provenían de los restos del cometa 21P/Giacobini-Zinner; y las segundas, del antiguo polvo dejado por el cometa Halley, ambos testigos silenciosos del nacimiento de un nuevo amor.

Una de aquellas noches de octubre, el cielo se engalanó con una hermosa conjunción entre la Luna y Júpiter, que aparecieron muy próximos en el firmamento, fue un hermoso espectáculo, ambos se veían a simple vista extremadamente brillantes, tal cual se veía el brillo en los ojos de los nuevos amantes cuando cruzaban sus miradas.

Para mí no hay duda de que aquella era una señal de que Rodrigo e Iris estaban destinados a continuar juntos por el camino en el que habían coincidido. Algo importante que cambiaría sus vidas, los esperaba en un futuro no muy lejano.

En aquella época, la humanidad se encontraba a las puertas de la Era Espacial. Todavía faltaban dos años para el lanzamiento del primer satélite artificial Ruso el Sputnik 1, y un poco más de una década para que un ser humano caminara por primera vez sobre la Luna.

Mientras tanto Rodrigo e Iris seguían viajando en sueños, elevando sus miradas hacia el firmamento mientras caminaban tomados de la mano, cómo esperando algo más, no solo las noticias de los nuevos avances astronómicos, sino de algo que los sorprendiera aún más.

Gracias a aquellos acontecimientos astronómicos, a los viajes imaginarios y a los poemas que Rodrigo escribió y dedicó a Iris, ella terminó rindiéndose a su encanto y le dio el sí definitivo a su petición de compromiso.

Con el paso del tiempo unieron formalmente sus vidas y, cuatro años más tarde, un martes de abril de mil novecientos cincuenta y nueve, y como fiel testigo de aquel momento, en el firmamento brillaba con todo su esplendor Sirius, la estrella más luminosa de la noche, no sin antes saber que  la Luna en su fase de cuarto creciente se dejaba ver como un delicado cachito de luz colgando del horizonte, tan frágil y brillante como una sonrisa, ambos  eventos listos para ser testigos del acontecimiento tan importante y fruto de su amor que esa noche vivirían Rodrigo  e Iris :  ESA  NOCHE NACI YO.

Dedicado a mis padres por traerme al mundo y dejarme de herencia ser una romántica soñadora.

Agradecimiento al profesor y físico José Alberto Villalobos por enseñar sus conocimientos con tanta pasión, entrega, y alegría y dejarme ver con otros ojos nuestro universo, el sistema solar del cual soy una minúscula parte.

* Taller: Escriba su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)

CG022 1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. villalobosjosealberto@gmail.com

jueves, 28 de mayo de 2026

Finca Los Lotes; Tres Ríos. *Visita del 28/05/26*

87351834

 Fotos de Rossy Estrada

A solo -- km de mi casa en San Francisco de Dos Ríos, llegamos a la extraordinaria Finca los Lotes ¡Y a un Río más, el Tiribí
Puede viajar por Sabanilla de Montes de Oca (ruta 202), llegar a la parte más alta, cerca del hospital Chacón Paut y bajar un poco. 
O como lo hicimos nosotros, por Curridabat, Tres Ríos, subir hacia Dulce Nombre por  la 2027 y cuando encuentre el rótulo de Planta Hidroeléctrica Lotes, tome un camino de lastre hacia la derecha, y en  menos de un kilómetro llegará a las oficinas y el estacionamiento.


Farolito japonés/ amapolita (Abutilon hybrydum)


 La visita la realizamos (Grupo de Senderismo Autogestionado), por iniciativa de Gio, quien consiguío los contactos y el respectivo permiso, pues la finca aún no está abierta al público. Quieren convertirla en  un Parque Nacional y están trabajando fuerte, acondicionando los jardines y senderos, para lograrlo pronto. Ya hay servicios sanitarios limpios.

Hibiscus genus.

Arbusto de la mermelada (Streptosolen jamensonii).

 

Tienen varios viveros y sitios para la reproducición de plantas muy variadas, que la Municialidad del cantón de la Unión utiliza para embellecer todos sus parques.

También está la planta de potabilización de agua para Dulce Nombre y otras localidades.
Allí recibimos una breve, pero muy clara explicación sobre el proceso, desde la parte física, con sulfato de aluminio para iniciar la coagulación y precipitación de "lodos", pasando por los filtros de arena, cada vez más fina, hasta la parte química de desinfección con cloro. Todo bien controlado, según los protocolos requeridos.

Sitio de una de las primeras

plantas hidroléctricas de Costa Rica

Será pronto un museo.

 Los senderos me parecieron  accesibles y con "mantenimiento" adecuado.
Son cortos, pero atractivos, con muchas oportuidades para apreciar y fotografiar plantas, flores, hongos, mariposas, orugas, etc. Como cortesía de la institución, nos acompañó como guía ---, unos de sus funcionarios, cuya colaboración y explicaciones fueron valiosas. 


 

Mural cerca de la planta de tratamiento de agua.

 

 


Milpiés; según "Lens" 👆


 


Creo que la mariposa es una "Chlosyne janais"
https://mariposa4363.blogspot.com/2012/01/chlosyne-visitante.html


 



 

Zinnia peruviana (San Rafael)


Fotos de Ana Córdoba



Fotos de Roberto Cascante

 


 


jav