miércoles, 11 de febrero de 2026

Año nuevo chino **17 de febrero 2026**

La parte astrológica no la manejo, pero le proporcionaré algunas referencias. 

La fecha del Año Nuevo chino responde a un calendario lunar y cambia cada año.
Así que el 17 de febrero 2026 marca el inicio del Año del Caballo de Fuego, también conocido como el Año del Caballo Rojo, y concluye el 5 de febrero de 2027.

El Calendario chino inicia con la segunda Luna nueva después del solsticio de invierno, por eso varía cada año entre finales de enero y mediados de febrero.

  • El último Solsticio del Sur ocurrió el  21 de diciembre de 2025.
  • La primera luna nueva fue el 18 de enero de 2026 a las 13:52. 
  • La segunda luna nueva será el 17 de febrero de 2026 a las 16:01.

Pues precisamente esa segunda luna nueva marca el inicio del Año nuevo chino 2026.
La Luna estará en la constelación Aquarius.
Saldrá (orto) a las 06:01; culminará (punto más alto en el cielo) a las 12:04, y se ocultará (ocaso) a las 18:07.
Pero nada de eso lo podemos ver, porque es luna nueva.

Que dicha que existe la matemática,
la física y la astronomía! para informarnos.

La Luna estará  a medio camino entre el apogeo (posición lejana en el mes): 404 576 km de la Tierra; y el perigeo (posición cercana): 370 135 km.

Por su parte el Sol del día 17, también estará también en la constelación Aquarius.
Sale (orto) a las 05:55, cruzará el meridiano promedio de Costa Rica a las 11:50 (¡no tan alto, solo 68,3°!), justamente hacia el Sur, como debe ser.
Se ocultará (ocaso) a las 17:45.

Todo el tiempo alumbrándole la “espalda” a la Luna.

Marte, Venus. Mercurio y Saturno, serán testigos de este evento. Quizás lamentándose de que no los podamos ver, porque a pesar de ser luna nueva, están, por ahora, muy cerquita (visualmente) del Sol.


jav

martes, 27 de enero de 2026

Neil Diamond * 1941 - 202.. *


Neil Leslie Diamond (New York, 24 de enero de 1941 -     )

Cantante, compositor, guitarrista, actor y productor estadounidense.
Nació y creció en Brooklyn, Nueva York. Su padre fue Akeeba Diamond quien era judío-polaco y su madre Rose Rapapport, judía-rusa.

SONG SUNG BLUE - CANCIÓN PARA DOS - Tráiler Oficial (Universal Pictures)
HD: https://www.youtube.com/watch?v=QYElo6ZZ5Q8


El extraño caso de Neil Diamond: otro héroe olvidado del pop: https://www.youtube.com/watch?v=QD5AS1ygm9E


jav

miércoles, 14 de enero de 2026

Mitología y astronomía

WhatsApp: 87351834

Ahora que nos llega el cielo nocturno más despejado (pocas nubes) del invierno estacional (inició el 21 de diciembre), en los meses de enero-febreroy marzo se puede aprovechar para hacer varias actividades relacionadas con  astronomía.
En Costa Rica llamamos a estos tres meses VERANO, o temporada seca, a la usansa del IMN.

Desde luego lo más iportante cuando el cielo es negro y despejado, es observar, antes de que se nos vengan las noches nubladas, o la luna llena nos borre los objetos poco luminosos. 

Para que la observación  sea significativa y duradera, siempre debe acompañarse con buena lectura y estudio en libros, revistas, o la Internet y leer literatura muy bella con trasfondo astronómico.
También tomar cursos libres, como los de Estudios Generales y los del PIAM en la U.C.R.

Voy a contarles una historia, en versión libre, como yo prefiero recordarla. Relaciona una región de la esfera celeste que, por ahora (enero 15), la encuentra casi a medio cielo a las 18 horas. 

Seguro pronto identificará las constelaciones, recordará algunas partes y avivará su interés cuando haga sus observaciones. 


Cassiopeia era la reina de una región con amplias playas y altas montañas, quizás como Costa Rica.
Era muy bella en todo aspecto, seguro como la “
Señora de las cuatro décadas” de Arjona.

Cepheus era el esposo de Cassiopeia.
Se dice que era justo y nunca se aprovecho de su condición de rey, pues tenía muy clara su igualdad con los demás habitantes del reino y que solo tenía el trabajo de ser el jefe del gobierno, por un tiempo debidamente establecido y respetado.

Andrómeda era la hija de los reyes.
Por la época de la historia, ya tenía la suficiente edad para ser considerada una inteligente, hermosa, extraordinaria y bella mujer.
Si fuera de esta época sería la 
"Perfect" de Ed Sheeran (https://www.youtube.com/watch?v=VvA7U1nvuFg)


Cassiopeia creía que ella y su hija eran las mujeres más bellas del reino y cometió la imprudencia de expresarlo frecuentemente en una canción cuando paseaba por la playa.
Este problema de ser orgulloso, o decir cosas sin realmente meditar sobre la forma como las recibirán los demás, nos puede suceder algunas veces, cuando olvidamos que el vecino puede ser tan bueno o mejor que uno, en alguna cosa.
Así que lo mejor es tener cuidado, pero si algún día somos imprudentes, debemos ofrecer disculpas prontamente.


Los comentarios de Cassiopeia produjeron celos en las Nereidas, criaturas marinas que tenían ciertos dones, que provenían de su lejano parentesco con los seres que a veces se observaban en lo alto del Monte Olimpo.
Los celos y la envidia, otros dos problemas que debemos evitar, condujeron a las 
Nereidas a otro defecto, el chisme, y seguro le llegaron con un cuento muy aumentado a Neptuno (Poseidón).

Neptuno era uno de los seres que se reunían en el Monte Olimpo. Parece que era el padre del propietario del castillo que allí había. De momento era el regente y protector de las criaturas marinas.
El cuento de las Nereidas hizo que perdiera su cordura, se enojó mucho y prometió castigar a la familia real.
No debemos perder la calma y cometer actos imprudentes, cuyas consecuencias serán después difíciles de solucionar.

Júpiter era el jefe supremo de los seres que se reunían en el castillo del Monte Olimpo. 
El y algunos miembros de su familia tenían gran conocimiento de la ciencia y la matemática, o mejor digamos de la naturaleza. Por ese motivo los habitantes de las regiones bajas pensaban que tenían poderes sobrenaturales. 
En realidad poseían las mismas fortalezas, cualidades y defectos que todos los demás. 

Neptuno pidió a Júpiter (Zeus) la autorización para soltar al monstruo marino Cetus. Quería que atacara a los habitantes del reino, hasta que Cepheus y Cassiopeia no ofrecieran a su hija Andrómeda en sacrificio.


Perseus era un joven hijo de Júpiter Dánae, una mujer del reino.
De su madre, que prácticamente lo crio sola (los dioses generalmente son irresponsables), recibió la mejor herencia que podemos dar los padres a los hijos, nobleza de sentimientos y una excelente educación. 
Júpiter una vez le obsequio una espada que podía cortar cualquier cosa y un reluciente escudo.

Con sus conocimientos de ópticaPerseus usaba su escudo como un espejo, que le permitía observar las cosas, sin tener que verlas directamente.
Perseus se le ocurrió cortar la cabeza de Medusa y usarla contra el monstruo Cetus.

Medusa era otro monstruo, que en vez de cabello tenía serpientes y de sus ojos salían rayos que convertían en piedra a todo lo que miraba (¡se le adelantó, equivocadamente a supermán!). 
Perseus logró su tarea usando su ingenio, el escudo y la espada.

De la sangre de Medusa surgió el caballo alado Pegasus que rápidamente fue domado y montado por Perseus. Cuando este regresó a su casa, llevaba consigo la fiera cabeza de Medusa, que aún conservaba su poder petrificante.

Mientras tanto Cetus, soltado por Neptuno, azolaba sin piedad los mares y las playas del reino, matando a muchos de sus habitantes.

El rey Cepheus tomó entonces la ingrata decisión de encadenar a Andrómeda a una roca de la playa para que Cetus la devorara y así calmarlo, evitando la destrucción del reino.

Cuando Andrómeda estaba a punto de ser devorada se presentó  Perseus montado en su caballo alado Pegasus y sosteniendo con una mano la cabeza de Medusa.
La fiera mirada de esta convirtió inmediatamente a  Cetus en piedra, lo que aprovechó Perseus para rescatar a Andrómeda.
Así se conocieron Andrómeda y Perseus y se hicieron amigos.
Luego se enamoraron y finalmente decidieron formar una pareja. Muchos años después, Alcmena una nieta de ellos llego a ser la madre de Hércules.

15/01/2026; 18:00. El norte está arriba👆
Las constelaciones Cepheus, Cassiopeia y Perseus;
muy cerca del Ecuador Galáctico.
Andrómeda debajo de Cassiopeia. Pegasus a la derecha.
Cetus casi en centro del cielo, debajo de Pisces.

Yo uso estas connotaciones mitológicas como inspiración y para recordarme la ubicación de las constelaciones y algunos detalles.

No invierto esfuerzo en tratar de encontrar en el cielo la figura mitológica. Me basta con una w para Cassiopeia, una flor de liz para Perseus, un trapecio para Hércules, una casita para Cepheus y un cuadrado para Pegasus. Cetus es como una pequeña ballena con cabeza hexagonal, debajo de la v que forman los cachos de Taurus.

Si usted quiere hacer correcciones o agregados a esta historia, por favor hágalo, o remítame una composición literaria que relacione otra parte del cielo. Sin duda alguna enriquecerá mucho este artículo y todos saldremos beneficiados.
Pero además, para que estudiemos y nos entretengamos les dejo esta tarea:
  • ¿Donde, en la esfera celeste fue a parar la cabeza de Medusa? 
  • ¿Dónde está Nereida y qué características tiene ahora?
  • ¿Conoce alguna estrella extraordinaria por su variabilidad en Cetus?
  • ¿Sabe de algún cuento que relacione las constelaciones Hercules, Cancer, Hydra, Leo y Centauro?

jav

sábado, 3 de enero de 2026

Telescopio en Mare Orientale

Original publicado en "El escorpión de jade con otros cuentos".
Marie Lissete Alvarado y José Alberto Villalobos. EDiNexo.

Formo parte de un equipo de treinta y cinco ingenieros, astrónomos y técnicos, todos astronautas, que estamos instalando el Telescopio Lunar Galileo en el Cráter Hohmann, un cráter de impacto circular de dieciséis kilómetros de diámetro, en el lado lejano de la Luna. 

Soy un técnico medio, un especialista en el traslado de equipo pesado y delicado, como las piezas del telescopio. Eso hace que mis servicios sean necesarios solo en momentos específicos y por períodos cortos. Trabajo durante las dos semanas de luz solar en este punto de la Luna. El resto del “día lunar”, en mi tiempo libre, lo paso explorando el cráter y a veces acompaño a Javier, un amigo que maneja un “rover lunar” parecido al mío. 

Durante la larga, negra y tranquila “noche lunar”, de otras dos semanas de duración, invierto muchas horas observando el cielo con la esperanza de descubrir algo nuevo, un asteroide, un cometa, una supernova, ¡algo a lo que podré poner mi nombre!
Desde luego que los períodos para dormir, reposo, alimentación, estudio y ejercicio, están programados para todos los que estamos aquí en la Luna, de acuerdo con el ciclo de veinticuatro horas de la Tierra, para que nuestra fisiología no se exponga a grandes alteraciones.
El ejercicio físico lo hacemos cada tres días, cuando entramos por dos horas a un dispositivo de gravedad artificial para mantener tonificados nuestros músculos y huesos. Esto debido a que los 1,62 newton/kilogramo del campo gravitatorio lunar son pocos comparados con los 9,80 que experimentamos en la Tierra. 

En el 2055 la NASA y las demás agencias espaciales, definitivamente se convencieron de que para regresar a la Luna con suficiente carga y establecer los módulos para una colonia ―en este caso para construir el telescopio, había que volver a usar una tecnología similar a la del Programa Apolo de la década de 1970. Ahora se usa una versión mejorada del poderoso cohete Saturno V. 

El proyecto SLS y la Nave Espacial Orión se terminaron de diseñar en el 2015. Tuvieron apoyo total y cooperación de varios países, y el primer cohete SLS Block 1b se lanzó en el 2057.
Recuerdo que en el año 2099, veinticinco años después de reiniciarse los viajes tripulados a la Luna, ya había dos colonias de terrícolas, una en el cráter Fra Mauro, donde alunizó el módulo lunar Antares de la misión Apollo 14, el 7 de febrero de 1971. La otra, donde yo  laboro, que es la encargada del telescopio, apenas tiene trece meses de existencia. 

Mis amigos en la Tierra se refieren a este telescopio como el nuevo telescopio espacial, pero yo prefiero llamarlo por su nombre: “Telescopio Lunar Galileo”, pues lo estamos ensamblando precisamente aquí en la superficie Lunar.
Posee características de diseño muy similares a las de su hermano El Gran Telescopio de Canarias, en la isla de La Palma, España, solo que ese está en la Tierra. La diferencia entre los dos sitios es meramente relativa al tamaño del cuerpo del espacio donde está.
Por otro lado, el Telescopio James Webb, que sustituyó al Hubble, al igual que este último, sí es propiamente un telescopio espacial, en órbita alrededor de la Tierra. 

Llegué en el segundo viaje a la Luna que alunizó en el Mare Orientale, a tres kilómetros del borde sur del cráter Hohmann, donde posiblemente dos impactos de meteoros de regular tamaño formaron dos cráteres menores, justamente en el borde.
Javier y su rover especializado en remoción de materiales es parte del equipo que está modificándolos para habilitar la entrada y la salida de vehículos lunares más livianos, y así comunicar el amplio Mare Orientale con el pequeño Hohmann y el sitio de construcción del Galileo. Remover materiales de la superficie lunar no es una tarea difícil o compleja, pero sí necesita desarrollarse con mucho cuidado, porque se quiere mantener muy bajo el grado de contaminación y producir la mínima alteración ambiental de la Luna. Usamos unos potentes “rovers” de cuatro ruedas, alimentados por energía solar, que no producen ningún tipo de gases de escape, pues esto provocaría nubes de polvo lunar que durarían días en asentarse. Solo hacemos una estrecha vía suficiente para que pasen los módulos del telescopio. No nos preocupa que por evitar las rocas grandes resulten algunas curvas suaves en el camino, que de por sí es corto. Nos interesa más no producir una polvareda, con el fino regolito de poca densidad que cubre el “suelo” lunar. Por increíble que parezca, una vez caímos en un pozo de “regolito movedizo” que casi nos traga vivos a Javier y a mí. El regolito lunar que se encuentra en diferentes sitios alrededor del cráter Hohmann es algo particular. Hay zonas de piedras negruzcas del tamaño de palomitas de maíz, semejantes a muestras de lava volcánica, hasta las más finas como la ceniza del volcán Turrialba, que, según se cuenta, cayó en Zapote en mayo de 2016, de un color gris oscuro. Un día viajaba de copiloto en una sencilla misión con Javier al mando, y estacionamos su rover en un sitio para recoger una brillante roca amarillenta que destacaba notablemente. Ambos descendimos del vehículo y, para nuestra sorpresa, casi inmediatamente este comenzó a hundirse lenta pero inexorablemente. Era una trampa de fino regolito que nos mostraba una boca dispuesta a tragárselo todo, justamente a metro y medio de nuestras espaldas. Supongo que nos estacionamos sobre alguna caverna que se había formado hace millones de años en el suelo lunar, quizás producida por el impacto de un gran meteoro que produjo un localizado fallamiento en la corteza y había sido cubierta (sin mala intención, la naturaleza solo actúa) por una inestable capa de fino regolito. Nosotros solo nos volvimos para mirar al rover desaparecer en dos minutos, y agradecer que estábamos de pie sobre un suelo un poco más sólido. La huella de regolito escurrido llegó justamente hasta la punta de nuestras botas de astronauta. La superficie se reorganizó un poco y, al final, para alguien que no hubiese vivido el evento, el suelo quedó casi tan parecido como minutos antes. Ahora, para nosotros, solo quedaba un problema menor: regresar a pie a nuestra base, a solo dos kilómetros de distancia. Fue una de las caminatas más extenuantes, pues dábamos pasos lentamente, escudriñando el terreno en frente de nosotros, tratando de pisar sobre suelo firme, para no correr con la misma suerte que “Titanic”, el nombre que Eduard Shmit, otro compañero le había dado al rover de Javier. ¿Había tenido una premonición, o sabía mucho de historia naval? También tendríamos que explicarle a nuestro jefe que, de alguna manera, la Luna se había tragado nuestro vehículo. Como testigos solo quedamos mi amigo y yo, más la curiosa roca sulfurosa, a la que creo que le debemos la vida. Luego de nuestro accidente se procedió a hacer una prospección más rigurosa, con análisis sismológico del suelo del Mare Orientale en las cercanías del Hohmann, para conocer la profundidad, granulometría y firmeza del regolito. Si alguna de nuestras naves descendiera sobre un sitio semejante, sería atrapada por una trampa mortal con nefastas consecuencias, por lo que se verificó una vez más la solidez y estabilidad del suelo donde se ensamblaría el telescopio. Han pasado dos lunaciones, y ayer, un día antes de la siguiente noche lunar que se avecina en “el lado lejano de la Luna”, alunizo a 5 km del borde sur de Hohmann la nave que trae mi rover para movilizar equipo pesado y delicado. Viene empacado como piezas de lego en cinco grandes módulos: el cuerpo, el motor eléctrico, las celdas solares, las cuatro ruedas y un brazo mecánico semejante al “Canadarm” que usaron los Transbordadores Espaciales de la NASA a finales del siglo pasado. Mi trabajo, por ahora, es descargarlo y ensamblarlo, lo cual no es muy difícil, ya que un cuerpo de 100 kilogramos de masa en la Tierra, aquí solo “pesa” como la sexta parte, unos 162 newton. Además tengo la ayuda de Javier, que por ahora no tiene vehículo que conducir y se aburre por la cantidad de tiempo libre que no sabe en qué invertir. No solo en la Tierra pueden ocurrir situaciones jocosas. Nos sucedió al colocarle las cuatro ruedas a “Sherathan”, el nombre que le puse a mi vehículo. Una vez que pulsamos el botón marcado “desplegar” en el módulo lunar, los cinco legos se deslizaron automáticamente por una plataforma, inició la secuencia y luego fueron colocados ordenadamente por el brazo mecánico que aún tenía cargada su batería y que actuó como un “transformer”, dejando todo en posición como si fuera uno de los “pits” en una carrera de autos. Entonces terminamos de desplegar los paneles solares, hacer los acoples eléctricos y el indicador de “cargando” comenzó a parpadear con una luz verde. Necesitábamos la energía plena de las baterías para concluir las labores de ensamblaje y poner a rodar mi rover por primera vez en la Luna. Pues bien, el módulo de las ruedas trae una versión espacial de un gato mecánico para levantar el extremo de cada eje e insertar la rueda. Resulta que el gato venía algo expandido para que trabara y quedara fijo en su compartimiento, como viene en un Toyota 2043 que tuve en la Tierra. Lo usé por última vez para viajar a Naranjo, el 9 de febrero de 2059, para visitar a mis abuelos Rossy y José, con motivo del cumpleaños cien de ella. Cualquiera pensaría que aún no hay nada de gracioso en el ensamblaje de un vehículo de este tipo, pero a pesar de nuestra experiencia y conocimiento, a nosotros nos ocurrió que, al tratar de colocar este gato bajo el eje no tamos que no cabía, pues su longitud era más grande que el espacio libre entre el eje y el suelo lunar. Y, lo que es la vida, a pesar de nuestros meses de entrenamiento en la escuela de astronautas, sin pensarlo mucho Javier y yo, con la inapropiada herramienta que teníamos (una pequeña pala de playa y la “llave rana”) hicimos un agujero en el regolito que, por mala o buena suerte, resultó ser un sitio muy compacto. Al cabo de cuarenta y cinco minutos de esfuerzo, el hueco alcanzó el tamaño suficiente para acomodar el gato muy holgadamente, bajo el eje delantero izquierdo. Queriendo terminar en corto tiempo iniciamos el palanqueo del gato y este comenzó a estirarse. Pero ¡oh sorpresa!, llegó tan extendido como se pudo, pero sin alcanzar el eje. Por más que manipulamos la palanca, no pudimos elevarlo ni un milímetro. Inmediatamente Javier y yo nos volvimos a ver mudos de la risa y nos dimos cuenta del error. No quedó más que volver a rellenar el agujero con regolito, encoger el gato hasta el mínimo, colocarlo como se esperaba, estirarlo y colocar la rueda. Repetimos la maniobra tres veces más (¡sin hueco!) y regresamos a la base para finalizar al día siguiente, antes del largo descanso nocturno de catorce días. Pero esta vez el reporte fue “Todo normal, jefe”. No contamos lo que realmente sucedió, para evitar ser el hazmerreír de nuestros compañeros. Ha pasado un año y ¡qué casualidad!, hoy es 17 de noviembre en la Tierra. ¡Aquí también!, pues por la pequeña diferencia en hora, solo los 1,282 segundos que tarda la luz en viajar de la Tierra a la Luna, se mantiene el mismo calendario y usamos Tiempo Universal Coordinado. Cuando ustedes, en la Tierra, están de noche y miran hacia acá, nosotros estamos un poco entre la penumbra. Pues bien, los astrónomos han predicho para hoy a las 21:30 U.T.C. (en la Tierra) y durante un cortísimo tiempo de noventa y cinco minutos ocurrirá un pico de la lluvia de meteoros “Leónidas” muy intenso. En realidad una tormenta de meteoros como la de 1833, pero con tan mala suerte que coincide con una extraordinaria luna llena en un perigeo de esos realmente cercanos. El cielo en la Tierra estará esta noche de otoño, muy iluminado y, para rematar, la Luna estará a medio camino entre las estrellas Spica, de Virgo, y Regulus, de Leo, como decía jocosamente mi profesor de estadística en la UCR, “debido a la maldad intrínseca de las probabilidades”. Pero cuando llueve en algún lado, no es cierto que llueva para todo el mundo. Nosotros estamos disfrutando una oscura noche con solo un tímido cachito de “Tierra menguante” que se ocultó hace ocho horas. Una noche perfecta para observar cielo profundo, grupos de estrellas, nebulosas, galaxias. Se especula que hasta podríamos ver el núcleo del cometa Halley, si usamos un viejo C-8 que me traje de la Tierra, y si contamos con los datos correctos de sus coordenadas ecuatoriales (¡lunares!), la ascensión recta y la declinación. Realmente la noche está espectacular, a simple vista y sin mayor esfuerzo hemos visto estrellas de magnitud 9, algo imposible desde la Tierra. “El Pesebre” (M44) en Cáncer, el cúmulo globular de Hércules (M13), “El Joyero” (NGC 47655) en Crux, y el cúmulo “Omega Centauri” (NGC 5139) se ven perfectamente, no se necesitan binoculares. Pero dejaremos eso para otro momento, pues ahora estamos emocionados con la tormenta de Leónidas. Estábamos fuera de nuestro módulo, sentados en el suelo, solo usando nuestros trajes de astronautas, con los visores de nuestros cascos totalmente desplegados, mirando hacia Virgo y con una cámara digital bien plantada en un trípode, lista para atrapar meteoros. ¡Qué raro! Pasan quince minutos alrededor de la hora del máximo esperado, ¡y nada! Entonces Ricard, aquel amigo que casi nunca usa los intercomunicadores nos dice: “Es imposible ver meteoros desde la Luna. No hay atmósfera para producir la compresión de gases requerida para que se forme la estela luminosa que sí dejan los meteoros en la alta atmósfera de la Tierra”. Pues sí pensamos todos: ¡Qué pifia no darnos cuenta de esto antes! ¡Nos preparamos para nada! Comenzamos a regresar al interior de la base, cuando sentimos algo así como una moderada granizada de las que ocurren en las altas latitudes de la Tierra al inicio del invierno. No escuchábamos nada, pero en el liso suelo del Hohmann (liso como lo ven ustedes), comenzaron a formar se algunos cráteres, desde pocos milímetros de diámetro hasta uno como de 2 centímetros, que sí podíamos ver. Algunos en una secuencia rectilínea, como si fueran producidos por cuerpos que rebotan varias veces, haciendo saltos de canguro. Pues claro, en la Luna no se pueden ver ―ni escuchar― meteoros luminosos. No hay “estrellas fugaces” como en la Tierra. Pero sí caen meteoros, como en cualquier cuerpo del Sistema Solar. Nosotros estábamos en presencia de un fenómeno natural de esos que pasan una vez en la vida, quizás cada dos generaciones. Cuando los meteoros impactan el suelo lunar se ven los “meteoritos”, es decir, el objeto propiamente dicho y, desde luego, los mini cráteres, en este caso recién nacidos. Si el meteoro es suficientemente grande y el sitio es apropiado, se pueden observar fenómenos transitorios. El suelo es brillante por unos segundos, como si produjera diminutos “Aristarcos”, en una superficie parecida a la toba volcánica que hay en los alrededores de Liberia, en Guanacaste. Recogimos algunos de los pequeños meteoritos, que no parecen estar calientes, pues como nos dijo el profe de astronomía, lo que se pone incandescente en la Tierra son principalmente los gases de la onda de choque que va delante del meteoro, pero aquí no ocurre nada de eso. El meteorito más grande que recogimos parecía un conglomerado de rocas y metal. Era del tamaño de un jocote (1,5 cm de diámetro), quizás el que produjo un cráter cien veces más grande. Pero la gran mayoría eran como de dos o tres milímetros, algunos de material ferromagnético. Los distinguimos del regolito por su efecto en una brújula estándar, que Javier había traído con la esperanza de poder contradecir al profe, sobre la no existencia de campo magnético bipolar en la Luna. Por la gran cantidad de cráteres en secuencia dedujimos que la tormenta sobre el Hohmann fue bastante rasante y localizada. Por suerte no tuvimos ningún impacto directo sobre nuestras personas y el equipo. Esta vez sí teníamos algo muy bueno que reportar, además de nuestra buena suerte de no ser blanco de esa ametralladora de meteoroides leónidos, no solo al jefe, sino a los frustrados astrónomos en la Tierra.

El telescopio, su edificio y otras instalaciones necesarias son modulares, para ensamblarse como un gigantesco “lego”, que finalmente se completará con las conexiones de fibra óptica y electrónicas, más las computadoras y la antena parabólica de la estación de radio para comunicaros con la Tierra. El “hotel” para los astrónomos, técnicos e ingenieros no estarán dentro del Hohmann. Los “cimientos” para todo el complejo los construimos Javier, Ricard y yo, usando ciertas características de diseño de los “rovers”. Preparamos una especie de “concreto” para construir una plataforma, con sólidas columnas de anclaje al suelo lunar, algo parecido a las torres de soporte de las plataformas petroleras fijas, que se construyeron a finales del siglo XX en el Golfo de México. La diferencia es que aquí no son de acero, sino de “concreto preparado con regolito lunar, reforzado con nanotubos de carbono, aglomerados por medio de una resina epóxica especialmente diseñada para este proyecto. Hicimos pruebas in situ de la receta diseñada en la Tierra, pues hay sus diferencias entre lo que hicieron ellos en el laboratorio y lo que se hará en la Luna, debido a las condiciones locales de presión, temperatura, humedad relativa, atmósfera y gravedad, que afectarán de manera diferente el tiempo de secado y el endurecimiento de la mezcla. Ya nos pasó un problema y el secado rápido nos jugó una mala pasada, dejando atrapadas algunas herramientas en un bloque cúbico de 25 cm de lado, que quedará a la entrada del complejo, como recuerdo para los futuros astrónomos. Parece una de esas esculturas de abolición del ejército, hechas en la Tierra a finales del siglo XIX.

Dos años después, el Telescopio Lunar Galileo está ter minado y operando de manera extraordinaria. Es un telescopio óptico segmentado de 10,4 m de apertura, casi idéntico al Gran Telescopio de Canarias, pero con la ventaja de estar en el lado lejano de la Luna. Ha sido el instrumento clave en varios descubrimientos y en el reconocimiento de algunas teorías por la comunidad científica. A mí me pasó algo parecido a lo de Milton Humason en 1919, en el Observatorio Monte Wilson. Como él, llegué como chofer de rover y terminé como astrónomo. Yo me gradué como ingeniero en mecatrónica en el Instituto Tecnológico de Costa Rica y luego viajé a Austin Texas para un posgrado. Cuando terminé se había funda do un consorcio privado con aportes de capital y dirección de varios países, quizás como un CERN Astronómico . Sacaron a concurso cuatro becas de entrenamiento y posterior trabajo, como especialistas de misión (¡chofe res de rover de última generación!) en la Luna. Yo apliqué y obtuve la plaza, junto a Javier, Ricard y Eduard, ingenieros de Francia, Japón y Brasil, respectivamente. Siempre quise ser un astrónomo de los que observan el cielo, con sus ojos o con instrumentos. No un astrofísico de computadora, que no sabe dónde está “la cucharita”, en Sagitario. Por eso, cada vez que pude fui invirtiendo una buena parte de mi tiempo libre en estudiar, conocer el cielo y ofrecerme como asistente para los astrónomos que operaban el telescopio. Memoricé una sector del cielo en Coma Berenices, no solo la posición de los objetos visibles, sino las fuentes de radio y de ultravioleta, las galaxias y sus cúmulos. Podría decirse que me lo sabía mil veces mejor que la palma de mi mano. Desde luego regresé varias veces a la Tierra, por “vacaciones terapéuticas” de seis meses, pero hace un año se presentó una vacante definitiva por motivos de salud, apliqué y me dieron el puesto de “coordinador optomecánico” del Galileo. La integración al equipo fue casi automática. Esto ocurrió en una etapa como de inflación en los hallazgos que producía nuestro equipo de astrónomos. Con ese telescopio logramos descubrir el equivalente a la Nube de Oort en Alfa Centauri A, el cometa P/20885F “Rossy-Villa” con período de 1963 años, y ocho posibles “enanos” del Sistema Solar que están esperando más observaciones para ser reconocidos.

Go-karts en las Fosas del Panteón - (¡cuento!)

Mercurio es el sitio preferido en el Sistema Solar, para practicar deportes extremos, como las carreras de go-karts a campo traviesa. Imagine un escenario similar al de las películas Mad Max, en un ambiente muchísimo más rudo, pero sin violencia. Todos los karts son monoplazas y es requisito que los pilotos sean de género femenino. 

Hoy hay en Mercurio solo tres habitantes (deux ex machina). Tres corredoras hospedadas en un hotel espacial de seis estrellas, que satisface todas sus necesidades, solo que es totalmente de autoservicio. Cada una debe hacer lo que necesita, aquí sólo encontrarán alimentos, provisiones, cualquier tipo de herramientas y equipo, incluyendo un robot de apoyo para cada una, pero ningún otro humano. Llegamos al Cráter Apolodoro, en el centro de las Fosas del Panteón y desde allí, en unos cuantos días (terrestres) iniciaremos la más extrema carrera de go-karts, en la que he participado. Las Fosas son un conjunto de depresiones limitadas a ambos lados por fallas normales paralelas, algunas de más de ochenta kilómetros de largo y dos kilómetros de profundidad, situadas un poco al norte del ecuador de Mercurio. Ligeramente a un lado del centro de Las Fosas está el Cráter Apolodoro, más reciente que los cañones de aquellas. Se le dio ese nombre en honor a Apolodoro de Damasco, el posible arquitecto e ingeniero del Panteón en Roma. Desde ahí saldrá la carrera y allí deberá regresar quien la gane.

Mercurio tiene la órbita más excéntrica de todos los planetas del Sistema Solar, esto y su cercanía al Sol en perihelio, hace que el “día mercuriano” (176 días terrestres) sea el doble de su año (88 días terrestres), esto es, luego de dos órbitas completas el mismo punto tiene el Sol a mediodía, de nuevo.

La fecha y hora terrestre de este momento es 10 de julio de 2028 y la hora 03:29 Tiempo Universal Coordinado. Dentro de unos días (terrestres) más, Mercurio llegará a uno de sus perihelios en el que la Planicie Caloris va a estar justamente a mediodía, con el Sol cruzando el meridiano.

Si usted estuviese en Mercurio –hoy- vería el Sol moverse lentamente, en promedio dos grados cada veinticuatro horas, muchísimo más lento que la Luna vista desde la Tierra, que recorre trece grados por día (360°/27,5 días). Las tres esperaremos la salida del Sol (orto) por el Este. Justo en ese momento, el sistema de GPS autorizará la salida del primer vehículo, e iniciará la medición del tiempo para esta piloto. El cronómetro particular de cada corredor se detendrá cada vez que entre al refugio de un cráter y vuelve a iniciar cuando salga a continuar la carrera.

El primer amanecer perihélico es normal; el Sol sale por el Este, pero muy lentamente. Cuatro días después la rapidez orbital de Mercurio iguala a la rapidez de rotación y el movimiento aparente del Sol cesa. Poquito después la rapidez orbital le gana a la rapidez de rotación; ¡el Sol parece retroceder y presenta un extraño ocaso (por el Este), ocultándose bajo el horizonte!

Finalmente, luego de otros 4 días, la rapidez de rotación se iguala y luego se vuelve mayor que la de revolución; el Sol toma su movimiento normal aparente, hacia el Oeste y provoca el segundo amanecer.

Esto lo aprendí en un curso de Fundamentos de Astronomía, que tomé una vez durante mi paso de cometa por la Universidad de Costa Rica.

En resumen, en el momento de ese extraño atardecer -invertido-, se autorizará la partida del segundo go-kart. Y cuando ocurra el segundo amanecer, la tercera y última piloto tomará su salida, que espero ser yo. Las fosas están prácticamente en penumbra, debido a lo rasante de los rayos solares de los primeros momentos del día. Para entonces el lento Sol seguirá su marcha hacia el occidente, en un perezoso amanecer mercuriano y llegará al ocaso 88 días después.


El primer reto que debemos vencer las tres corredoras es llegar en buenas condiciones a un refugio, de los que hay en cada uno de los cinco cráteres obligatorios de la carrera, al final de cada una de las fallas radiales de las Fosas del Panteón.

La carrera no tiene una pista o trayectoria definida que deba seguirse, se puede rodear las fosas siguiendo una curva irregular, en cualquier dirección, viajar por los cañones, combinar modalidades, lo que queramos, todo menos volar. Simplemente gana la corredora que realice las cinco visitas obligatorias en el menor tiempo.
Mercurio está, en promedio a 0,387 unidades astronómicas del Sol, mientras que la Tierra está a 1,0 ua, pero en perihelio la distancia Mercurio-Sol disminuye a 0,307 ua, provocando una irradiación solar diez veces mayor que en la Tierra. Como no hay atmósfera, la temperatura nocturna puede ser extremadamente baja y la diurna muy alta. La Planicie Caloris, puede alcanzar trescientos grados Celsius, al mediodía. El viaje matutino al refugio escogido debe ser una combinación altamente eficiente de distancia-tiempo, para que la combinación óptima de -traje-astronauta-vehículo-energía-equipo-, permita llegar con vida

(C). Carmina
Son las 06:00 en la Planicie Caloris, sale el primer go-kart, el KGV-43123. Su piloto, Carmina; da la vuelta de rigor dentro del cráter y sale por la fosa cinco. Cinco horas después, luego de un recorrido de ciento sesenta y cinco kilómetros, se dirige al albergue al final de la fosa.

Su go-kart, está hecho de Carburo de Wolframio, una sustancia muy resistente, más rígida y densa que el acero, y de alto punto de fusión (2785 °C). Tiene dos ejes, cada uno con dos pares de ruedas, las traseras de 1,0 metro de diámetro y las delanteras de 75 centímetros. Está impulsado por una turbina de jet entre las ruedas traseras. Es de doble tracción, pero el empuje básico lo proveen las ruedas traseras. Las delanteras permiten la conducción de vehículo con flexibilidad y control.

La vuelta que hizo alrededor del cráter Apolodoro luego se reportó como la más veloz de las tres, pero una vez en el cañón número cinco iniciaron las dificultades. Los primeros veinticinco kilómetros son de arena firme como si la hubiese compactado una aplanadora, pero empedrados con rocas variadas, las más grandes del tamaño de bolas de softball, entonces se debe conducir el vehículo no muy rápido, para sortear los obstáculos grandes y no dañarlo. Luego siguen ciento diez kilómetros de roca lisa, parchados por pequeños huecos llenos de arena muy fina, que refleja la luz como si fueran charcos de agua y provoca la visión de espejismos a cada momento. El tramo final es un mosaico grande de agujeros, cúmulos de arena fina y pequeñas rocas filosas.

Carmina se acercó al cráter cinco, pero cuando faltaban cuarenta y cinco metros para llegar y se miraba la puerta del refugio, la gran rueda trasera de la izquierda cayó en un hueco, justamente del mismo tamaño que ella, quedó atrapada y el go-kart viró bruscamente hacia ese lado, con las ruedas delanteras en el aire. Continuó por 35 segundos haciendo un trompo contra reloj, del que parecía no podría salir. Sin ver totalmente lo que hacía, por la micro tormenta de polvo que causaban las ruedas, Carmina frenó bruscamente, entrampando las cuatro ruedas hasta que dejaron de girar, e inmediatamente pasó toda la potencia de la turbina a la rueda trasera derecha. El kart respondió saliendo del atascadero, disparado hacia arriba como si fuera el saque de un portero de fútbol, dio tres vueltas en el aire y lanzó a Carmina hacia afuera. Esto la salvó de morir aplastada, cuando el kart cayó violentamente con las ruedas hacia arriba, aplastando la manivela. Carmina no daba ningún signo de vida, la tensión en las redes sociales ya iniciaba una avalancha de comentarios. Diez minutos después se recuperó un poco adolorida y mareada, se levantó, miró a su alrededor como para evaluar lo que había pasado, levantó sus brazos como diciendo -esto es el final de mi kart, pero yo estoy aún con vida-. Caminó hacia la puerta y la abrió, dio un paso más, la puerta se cerró automáticamente detrás de ella, otro paso y miró a su alrededor comprendiendo donde estaba, trastabilló un poco y se desplomó sobre el frio suelo. Horas después se confirmó que estaba viva y en vías de recuperación. Carmina está a la cabeza de la carrera, pero sin vehículo, aunque con la posibilidad de construir un nuevo kart, ¡hasta una motocicleta!, todo lo que necesita está allí. Esto es permitido, quien debe regresar al cráter Apolodoro es el corredor, en cualquier vehículo o caminando y portando la matrícula original con que inició la carrera.

¿Tendrá también Carmina el conocimiento y la voluntad para hacerlo?

(S). Sandra
- Quizás ya se ha dado cuenta de que yo, Sandra, soy la que estoy narrando esta historia, por eso saldré de última, para enterarme de todo y obtener un poquito de ventaja.

-Pues bien, soy del mismo pueblo que Macha y fuimos a la misma escuela, pero con 10 años de diferencia. Creo que hace muchos años que no nos vemos y ella aún no me ha reconocido; si la vuelvo a ver, se lo diré. Además de piloto de go-karts soy mecánica automotriz y trabajé en la construcción de mi propio vehículo, un híbrido sin marca, quizás -mita y mita- entre el de Carmina y el de Macha, adapté lo mejor de cada uno. -Ahora estoy esperando ese raro ocaso del Sol, para ver la salida de Macha y las primeras horas de su carrera.

(M). Macha
Su go-kart (MLV-63843) es un DeLorean_DMC-12 modificado para soportar los rigores de la carrera, la extraordinaria geología y el raro comportamiento de Caloris en perihelio. Al igual que los otros dos, casi no tiene carrocería, solo la necesaria para proteger a la piloto, el chasis es mínimo. Se impulsa con una pequeña turbina de jet de combustible sólido para cohetes, y un motor híbrido alimentado por simples baterías de litio, intercambiables con las de reserva que hay en cada uno de los cráteres. La potencia promedio es de 3,6 kilowatt, para proporcionar una velocidad máxima de ciento veinte kilómetros por hora. En su eje trasero este tiene un par de grandes ruedas de ochenta y cinco centímetros de diámetro. No son nada convencionales, son estructuras toroidales rígidas, producidas a base de carburo de silicio y cerámicas aislantes que forman una malla de 0,5 milímetros de ancho, especiales para mantener tracción y maniobrabilidad en el suelo de rocas lisas, piedras sueltas y arena de la Planicie Caloris. A la mitad del eje trasero, hay un par de esquíes retráctiles, que pueden utilizarse como deslizadores, si el terreno es apropiado, están hechos de una cerámica aislante como la usada en la panza de los trasbordadores espaciales, estructuralmente muy fuertes y flexibles.

Llega la rara puesta del Sol, suena la alarma, el DeLorean inicia a unos veinticinco kilómetros por hora y da la vuelta dentro de cráter Apolodoro. Toma una de las salidas hacia el noroeste, pero cuando parecía que viajaría por la fosa número tres, sucede algo inesperado, se sale y toma una rampa natural hacia la parte superior de una meseta y corre sin dificultad por ella a ciento diez kilómetros por hora. Es una locura, el cráter 4 está a quinientos cincuenta kilómetros, pero con su go-kart en óptimas condiciones podría lograrlo en sólo cinco horas y unos minutos. Es posible que un cuidadoso estudio de la superficie de Caloris le haya permitido a Macha tomar esa atrevida decisión. Si logra llegar en buenas condiciones estaría en una excelente posición para ganar la carrera la competencia se pone interesante.

En efecto, el Delorean parece que viaja por una lisa pista de carreras, Macha hasta podría darse el lujo de fijar el rumbo con el GPS y usar piloto automático. Se aproxima al cráter disminuyendo la velocidad de su go-kart, casi se detiene, oprime al vuelo el botón de la puerta y nos proporciona una nueva sorpresa. Rápidamente vira hacia la derecha, aumenta la velocidad y se enfila hacia el cráter 5, que por su cercanía y las señales de la carrera debe estar muy cerca. En efecto, poco después se divisa claramente al noreste. Media hora más y Macha entra rápidamente con su vehículo por la puerta del refugio, ha completado una proeza excepcional; dos cráteres y ya está dentro de la seguridad de un recinto donde podrá descansar, restituir las buenas condiciones de su go-kart y planear la estrategia para el resto de la carrera.

Bandera de cuadros
Han pasado unas ocho horas, el sol mercurial está a punto de tener su segundo amanecer.

Tomo la salida, doy la vuelta dentro del Apolodoro a cinco kilómetros por hora, saludando a mi público imaginario y luego salgo tan rápido como el motor de mi go-kart lo permite, quiero terminar esto de una vez. Visito todos los cráteres en orden inverso y entonces hago que se detenga mi cronómetro personal al entrar al refugio número 1, faltando solo el regreso a la meta

Según el reglamento de la carrera, una vez que hayan transcurrido 72 horas luego de que la última corredora ha entrado a su refugio, la carrera se puede reiniciar a gusto y riesgo de cada piloto.

Concluyen los tres días de espera obligatoria y cada corredor reinicia la carrera bajo su propia estrategia.

Carmina, ¡con una motocicleta! ya pasó por cuatro cráteres y está a diez kilómetros del quinto

Macha también visitó todos los cráteres, su go-kart se encuentra con problemas de calentamiento y viaja a baja velocidad.

Diviso a menos de un kilómetro la angosta entrada a la meta, creo que Macha también. Ninguna quiere ceder. Se puede ver como a cien metros una polvareda detrás de nosotros, indudablemente lo único que la puede causar es la motocicleta de Carmina.

La entrada a la meta es un estrecho cañón de setenta y cinco metros de largo, inclinado 45 grados hacia abajo, al final espera el mecanismo automático de la bandera de cuadros.

Conducir por él y maniobrar con seguridad puede hacerlo solo un go-kart, o a lo sumo uno pequeño y una motocicleta a su lado. Carmina viene a toda velocidad por el centro, e inteligentemente Macha y yo tomamos la delantera por la izquierda y la derecha, respectivamente, ninguna quiere ceder.

Un minuto después sucede lo que parecía inevitable, nuestros dos vehículos quedan trabados en la bajada, el de Macha un poquito adelantado. El mío da una voltereta, justamente le pasa por encima y cae de costado cinco metros adelante. Me siento adolorida, mi traje me ha salvado, logro salir de mi kart, recojo la placa y comienzo a caminar de manera lenta pero decidida. Miro hacia atrás y veo a mi competidora bajándose de su go-kart con su placa, camina muy despacio, yo voy al frente. ¡Voy a ganar!

Segundos después en realidad no sé, todo sucedió muy rápido, la motocicleta de Carmina se estrella contra el go-kart de Macha. Como resultado del impacto se zafa el patín y lo empuja directamente hacia abajo, por donde ella camina.

La astuta compañera se sube al vuelo al patín, se impulsa cuesta abajo, me rebasa y gana la carrera.

- ¡Buen trabajo, hermanita, felicitaciones! -