sábado, 3 de diciembre de 2022

Mi viaje a Europa (¡La de Júpiter!). *cuento*

Hola, soy Asterius, un robot del tipo más fuerte e inteligente diseñado hasta el momento.

Asterius

Kinglet y Ananké

Estoy haciendo un trabajo de exploración e investigación astronómica en Europa, el satélite II de Júpiter, el más pequeño de los galileanos, justo entre las órbitas del volcánico Io y el de mayor tamaño, Ganimedes.
Somos siete robots idénticos (héptuples), con mecánica, hardware y software totalmente compatible e intercambiable, tanto a nivel de micro como macro componentes.  Tenemos una fuerte base en mecatrónica con siete especialidades: Criogenia, Biofísica, Bioquímica, Geofísica, Fisicoquímica, Astronáutica y Telecomunicaciones; excepto yo, que por decisión del Consorcio de Agencias Espaciales además actúo como una especie de “facilities manager” de la expedición. Llegamos a Europa el 8 de setiembre del año 2063, procedentes de la Tierra, con una escala en Marte, donde fuimos finalmente modificados y adaptados al ambiente de Europa.

¿Por qué robots?
Algunos motivos son

  • La gravedad en Europa es solo 1,314 m/s2; en la Tierra 9,8 m/s2.
  • La temperatura promedio es -171 °C. El récord en la Tierra es en la Estación Vostok en Antártica: −89,2 °C.
  • La presión atmosférica es 0,1 micropascales (una diezmillonésima del valor en la Tierra).
  • La radiación ionizante que recibe de Júpiter es peligrosa para humanos, durante períodos largos.

Voy a contarles algo que la mayoría de los terrícolas (o earthlings como cariñosamente les decimos nosotros a ustedes) ignoran, o no le ponen atención; es sobre la “vida” de los robots.

En realidad la “vida” de cualquier entidad autónoma, ya sea un organismo  biológico o puramente mecánico como un robot una vez construido (creado), depende de una fuente de energía para realizar sus funciones y puede “morir” si esta se agota.
  

-          Baterías, algo imprescindible.
En el caso de nosotros los robots, esa fuente de energía es una batería activa y otra “dormida”. La primera (siempre lista) suministra la electricidad para que todos nuestros mecanismos funcionen: palancas, poleas, pistones, motores, y calor para que nuestros fluidos corporales (aceites y lubricantes, similares a los de transmisión y frenos de un carro) no se congelen y permitan el funcionamiento de dichas partes móviles.
La segunda batería entra en funcionamiento un segundo después que la primera tenga una disminución notoria, pero eso nunca ha pasado; bueno hasta ahora.
Las baterías tienen una duración finita y deben recargase o cambiarse, para eso contamos con un generador eléctrico alimentado con un mini-reactor nuclear de Torio.  Cuando este ya no funcione, pues nuestra vida se terminará poco a poco.

https://www.youtube.com/watch?v=9fr31jSEEc8]


-          Envejecimiento y deterioro.
Las partes móviles se desgastan por el rozamiento. Esto a pesar de que fueron construidas con las mejores aleaciones de metales encontradas a la fecha en el Sistema Solar. Con propiedades excepcionales similares al ficticio “mithril”, el mitológico mineral encontrado en las minas de Khazad-dûm
en Tierra Media.

-        
  
Piezas de repuesto, no.
Por motivos de peso, volumen y combustible de la nave espacial

que nos trajo solo nos transportó. Ahora sirve de refugio o bodega para el reactor nuclear, algunas herramientas, lubricantes. dos vehículos rovers para movilizarse sobre hielo y el equipo de telecomunicación local y con la Tierra, por eso somos solo siete robots idénticos. Si alguno de nosotros se inhabilita, pues simplemente seguimos operando con algún tipo de minusvalía. 

     Accidentes, sí claro
Debemos viajar a diferentes sitios, explorar y recoger muestras. transportar equipo,construir, armar y desarmar piezas. Casi siempre lo hacemos en pareja. Eso involucra riesgos; los robots no somos indestructibles. Hace unos meses, “kinglet” mi compañero especialista en Biofísica estuvo a punto de “morir” debido a un problema causado por una batería defectuosa, durante una fuera de lo común exploración en solitario de una semana. ¿O quizás porque el software encargado de verificar el nivel de carga eléctrica, no lo hizo a tiempo? Estamos expuestos a casi el mismo tipo de riesgos que cualquier eartling.

Nuestra base de operaciones está exactamente en el punto geográfico de Europa, desde donde Júpiter se ve siempre al principio de la mañana, como si fuera nuestra estrella, es decir un poquito después de su orto, con toda la bola “joviana” exactamente sobre el horizonte; como recuerdo que se ve el Sol naciente, desde un punto de la Tierra, en los días que estuve allí, luego de que me construyeron y durante la etapa de programación.

Sucede que Europa, Io, Ganímedes y Callisto (también nuestra Selene a su propia manera con la Tierra), tienen un perfecto acople gravitacional con Júpiter. En el caso de esta “luna” (Europa) su periodo de revolución sideral (¡con respecto a Júpiter!) es muy corto, solo 3,55 días, lo mismo que su período de rotación (respecto a su eje).

Posiblemente Galileo y otros astrónomos de su época lo notaron por el año 1610, al menos la revolución. Así la humanidad se dio cuenta -por primera vez- que había un segundo centro de revolución, además de la Tierra, y entonces el modelo heliocéntrico de Copérnico y Kepler comenzó a tener más apoyo, aunque lentamente. Y a su vez otros mitos astronómicos comenzaron su declive.

 Le dejo de tarea averiguar ¿Cuánta duración tiene el día en Europa?, esto es, desde un orto del Sol hasta el siguiente (suponiendo que usted se mantiene fijo en un punto del satélite).

Entonces vea qué extraordinario, en este punto donde estoy ahora; el más grande de los planetas gigantes gaseosos, el poderoso e impresionante Júpiter, nunca se mueve de donde está (“no asciende ni desciende”), -está fijo, no revoluciona-; ¡desde luego sí lo vemos rotar, ¡una vuelta cada 10 horas!
Claro, este es un punto escogido estratégicamente por nuestro proyecto de exploración científica, donde se supone además que la capa de hielo de Europa es menos gruesa.
Como ustedes saben, en otros puntos de este lado cercano de Europa respecto a Júpiter, también se tendría una vista (poquito distinta), con el gigante a diferente altitud. Pero desde ninguno lo verá llegar al mediodía, descender, u ocultarse.

¿Habrá un sito en Europa desde el cual nunca se verá Júpiter?
Creo que sí, más bien hay muchos lugares. ¡Sucede lo mismo en sitios de la Luna (en el lado lejano), desde los cuales no podemos ver la Tierra!; muy convenientes para la observación del universo.

 Llegó mi primera noche en Europa.

Luz zodiacal
¡El satélite resplandece -brilla en la oscuridad-!  

Ya me habían explicado que por el fuerte flujo de partículas y radiación que recibe de Júpiter, ocurren interacciones con las sales disueltas en el hielo de la superficie europea, que se excitan y posteriormente emiten luz. El mecanismo fisicoquímico aún está en estudio. Esa peligrosa radiación es el motivo principal para que esta exploración sea robótica,

Observando videos en la biblioteca de la base, como lo hicieron Leeloo (en 1977) y Lucy (en 2014), para ponerme al día con la historia de la Tierra, el panorama parece semejante a estar en la ciudad cercana a la planta nuclear de Chernóbil, durante el accidente del reactor nuclear en 1986. O quizás como sumergirse en el puro centro de un cono de “luz zodiacal” un millón de veces más intensa, en una noche terrestre sin Selene.

Además, es curioso y explíqueselo usted mismo con un simple diagrama (con cuidado eso sí): Desde la Tierra no se puede ver el lado nocturno de Europa. Simplemente porque el Sol está entre nosotros y dicho lado, debido al acople gravitacional entre esta “luna” y Júpiter. Por eso ningún telescopio ha podido confirmar ese resplandor. Quizás lo compruebe la sonda espacial Europa Clipper, en unos años.

 Nuestros equipos de radar han determinado que el espesor del hielo donde estamos tiene un promedio de 20 km, que posiblemente esté flotando sobre un océano interno de unos 55 km de profundidad, encima de un manto rocoso. Lástima que aún no se construye una taladradora que pueda perforar esa distancia, a la temperatura de Europa. Si así fuera estaríamos en capacidad de descubrir visualmente, ¿qué hay en ese “mar global” y en su fondo?; su bioquímica y propiedades físicas. Salir de la duda de si hay algún tipo de organismos autorreplicantes, esto es, si existe algún tipo de vida allí.

 Mis compañeros y yo hemos hecho varias veces un viaje de unos 613 km hacia el Oeste de nuestra base, a través de las casi lisas planicies de hielo de Europa, sin montañas ni cráteres notables, pero atravesadas por múltiples conjuntos de crestas y fracturas, semejantes a las grietas en el hielo que vemos en un Océano Ártico totalmente congelado.

Frecuentemente encontramos lo que parece ríos y lagos congelados. Cubiertos con una capa, no muy gruesa de hielo, encima de ellos. Parecido a lo que se ha encontrado en el Lago Vostok, en la Antártida. Estamos averiguando si pudieran ser de agua fresca, es decir, con un bajísimo componente de salinidad.

También hemos encontrado varios puntos, donde parece que ese supuesto océano interno se sale por alguna grieta en el hielo, pues se observa lo que llamamos crio-géiseres, eso sí de poco volumen y duración y con una periodicidad nada constante.


A lo mejor en este satélite se dan los tres requisitos indispensables para la vida que conocemos; agua líquida, bioquímica apropiada y una fuente de energía, proporcionada por un núcleo caliente, apoyado por la fuerte marea oceánica que produce Júpiter y las colaboraciones cómplices de Io y Ganímedes debido a sus inherentes acoples gravitacionales. Esto sería un resultado importante, no solo para la ciencia, sino también para una posible visita humana, aunque seguramente de muy corta duración.

Mientras nuestra luna realiza una revolución, Io nos alcanza, sobrepasa y nos deja atrás dos veces, mientras Ganímedes parece que lo mira todo desde arriba, con una sonrisa malévola, dando apenas media vuelta.


Entre los dos satélites y Júpiter amasan a Europa y la mantienen en ese estado, desde su formación, hace unos 4500 millones de años.
Eso se siente en el hielo bajo nuestros pies de una manera que a veces nos da miedo; se quiebra, se hunde, se levanta, libera “líquidos y vapores” que se solidifican casi de inmediato y cambian de color. Hay microsismos casi contantemente, pero lo más temido son las fallas de deslizamiento oblicuo, que ocurren con una potencia increíble, se abren y cierran en pocos segundos y si logran atraparnos entre sus paredes, posiblemente nos destruirán.

Pero lo mejor de nuestra estadía va a pasar el 8 de abril de 2083. En esa fecha va a ocurrir lo que llamaría un doble eclipse solar sobre el lado lejano (respecto a Júpiter). El alineamiento no será tan perfecto (¡casi nada lo es, pero a veces se acerca) como una recta sobre el cenit de Europa, pero Ganimedes y Calisto entrarán casi uno después del otro en el equivalente a una “luna nueva”, mientras que 5 horas después Io estará en fase de “luna llena”. ¡Que interesante que entre el equipo hay un “micro gravímetro -GPS”, que permite medir cambios de la aceleración de la gravedad (campo gravitatorio) hasta de 0,1 micro metros por segundo al cuadrado, durante el transcurso de un día.

Para finalizar le contaré lo que le pasó a un robot (yo) durante un trabajo de exploración, que parecía simple rutina.

Nosotros somos de tamaño humano un poco más que promedio, diga que nos modelaron como el “terminator T-800” de la película de 1984, desde luego sin la cobertura de látex para simular piel, que es innecesaria.


El equivalente a los pies son apoyos de tres dedos acondicionados para pararse sobre hielo liso y resbaloso (aquí nunca hay nieve). Cada uno de los tres dedos y el talón tienen “trampones  en la parte inferior, como los que usan los alpinistas que suben el Everest. Pero con una adición que ha resultado
extremadamente valiosa; son retráctiles de manera automática, como las garras del oso polar y de casi todos los felinos.

Las manos también tienen tres dedos para poder manipular cualquier herramienta, pero éstos terminan en rotores de diferentes diámetros para sacar o meter tuercas o tornillos.

Yo estaba precisamente tratando de tomar una muestra del hielo color café claro en una grieta que se abrió repentinamente a 75 metros de nuestra base. Era de unos 85 cm de ancho y traté de cruzar al otro lado de una zancada.
Pero el hielo a mis pies se quebró y no me proporcionó la suficiente
fuerza normal (Fn), para no patinar y a la vez impulsar mi salto.



Mi pie izquierdo (¡soy zurdo!) se hundió en la mezcla frigorífera de la grieta hasta la  rodilla y a su vez, la grieta se cerró casi inmediatamente de manera violenta, ejerciendo una extraordinaria presión tal que mi pie no resistió, quebrándolo. Para liberarme mis compañeros tuvieron que amputarlo a nivel del tobillo.

Así que sigo haciendo mi trabajo caminando renco y con mi cuerpo inclinado 10 grados respecto a la vertical. Suerte que no fueron las manos.
Pero hubo algo positivo, en la muestra que recogí se encontraron por primera vez trazas inconfundibles de “
metano”.

👻 Hola. ¿Quiere ponerle nombre a los otros cuatro robots?
!Y adivinar cual es  Ananké! 😉

!! Comentarios !!👇


miércoles, 26 de octubre de 2022

Zapote, casas “viejitas” de Barrio Moreno Cañas

mapa

No manejo muy bien la geografía de Zapote, pero creo que todas las casas son del barrio Moreno Cañas (# 10 👆). Revise usted y me informa.
Si me pasé un poquito fue hacia  hacia Quesada Durán (11), o La Arboleda (5).



Yo nací en Naranjo, Alajuela. Vivo en Zapote desde 1964 (menos tres años en Austin, Texas).

Fui profesor de Física y de Matemática (III y IV) para la primera generación de graduados (1966) del Liceo Rodrigo Facio. Me casé con una zapoteña de Moreno Cañas, pero mi casa está en el Barrio La Gloria.

Zapote es el distrito quinto del Cantón de San José, Costa Rica.

Según el mapa de la Municipalidad de San José, en Zapote se ubican 18 barrios: Alborada, Calderón Muñoz, Cerrito, Córdoba, Lucía Jardín, La Gloria, Urbanización Las Luisas, Los Mangos, Montealegre, Moreno Cañas, Quesada Durán, San Dimas, San Gerardo, Trébol, Ujarrás, Vista Hermosa, Yoses Sur, Zapote y Barrio las Rosas. Pero creo que la mayoría de los zapoteños consideran más tradicionales los que están en el mapa




 



Las otras subdivisiones, que se muestran en el mapa más reciente 👇son quizás “urbanizaciones”, por ejemplo mi residencia desde 1972 está en Urbanización La Gloria (!dentro del Barrio La Gloria¡).

Las fotografías las tomé en abril de 1975.




Para no exagerar, creo que la mayoría de las casas tienen más de 50 años, algunas menos y otras ya no están.

El orden de las fotos no obedece a ninguna categorización especial o geométrica. Como ya tienen 7 años voy a producir unas nuevas y tendré cuidado de hacerlo siguiendo ciertas calles y avenidas.

 


Para usted amigo lector, especialmente si es de Moreno Cañas, le sugiero como pasatiempo divertido tratar de ubicarlas en el mapa, o en su mente. Será además educativo

 

 

 

En esas casas (como en todas las barriadas del mundo), vivieron o viven personas que además realizaron allí mismo actividades importantes para la comunidad; pulpería, verdulerías, sastrerías, zapaterías, talleres de costura, panaderías, carnicerías, etc.
Una buena mayoría seguro realizó o realiza trabajos importantes en el centro de San José, o aún en el resto del país y más.

 

 

 

Si quiere aportar un comentario, use esa facilidad que permite mi blog, al final abajo 👇.

Con gusto contestaré sus preguntas.

 

 


Wayback Machine (archive.org)

Referencias adicionales:

jueves, 22 de septiembre de 2022

Tardígrados en el Chirripó *cuento*

Que lo motive a estudiar 
y a encontrar estos
maravillosos animalitos.

Estaba a punto de sufrir una severa hipotermia en el sitio conocido como  “Las Flores” (kilómetro 12; 3155 m sobre el nivel del mar), camino al viejo albergue del Cerro Chirripó, (3821,25 m sobre el nivel del mar), en julio de 1995.

Me salvé quizás de morir esa vez, por lo que pasó en el interior de una pequeña caverna que hay allí, que pasa inadvertida para la mayoría de los senderistas, excepto para los que buscan agua. Se lo contaré más adelante.

Era mi primer ascenso a dicha montaña; antes no había subido a nada más alto que el Volcán Irazú, y en carro. Preparación nada, ¿Qué va a tener un profesor universitario en ese momento, más que la única caminata de un lado a otro de la pizarra y a veces, por las gradas centrales, en el auditorio (01) del edificio  Física de la U.C.R.?
Solo entusiasmo que me contagió mi acompañante mucho más joven (Yadira. H.), quien ya había hecho el ascenso varias veces, pero quizás con poca experiencia como guía. Yo decidí llevar alimentos pesados, ¡casi nada deshidratado!, y todo me lo cargué a la espada, pues tenía un excelente salveque de marco obsequio de mi amiga (C. Coury) de Martha’s Vineyard, Massachusetts. No recuerdo si para esa fecha había porteadores, seguro que sí, pero no los contactamos. Cargué entonces mis cosas personales, los alimentos y quizás algo de mis compañeros.

Los albergues que había en esos días eran chozas para un pequeño grupo familiar, en realidad un cubo de 4 paredes y techo, todo de lata de zinc. Había que llevar lo que se podría necesitar, alimentos, sacos de dormir, ropa de cambio, una cocina de gas pequeña y un tanque adicional de repuesto, platos y cubiertos, todo menos agua.
Se dormía sobre un “tablado” compartido por cuatro personas “
acurrucadas”, lo que llamábamos en el campo un “tabanco”. La choza incluía una pequeñísima mesa para cocinar y comer, dos “taburetes” (había que alternar)  y una pila para lavar trastes.
No recuerdo como era el baño ni el servicio sanitario, si estaban adentro, en un cuartito separado, o a la intemperie. Se contaba el chiste de que si salías a orinar en la noche, sonaría como pequeñitos cubitos de hielo recién sacados del congelador.

Viajamos en mi carro (Toyota station wagon 57879), Yadira, su hijo y yo. Llegamos de noche a San Gerardo de Rivas en  Pérez Zeledón, porque salimos de San José a las 13:00, pues yo tenía una clase de 9 a 11. Sin reservación, por suerte encontramos un pequeño hotel abierto, que tenía por mera casualidad una habitación disponible.

Desde luego, no pudimos registrarnos previamente con Guardaparques, sino hasta el otro día a las 7 de la mañana, cuando abrieron la oficina. En ese entonces no había un cupo limitado para ascender el cerro, sólo se necesitaba el registro en San Gerardo y la confirmación de arriba, supongo que por radio (no era la época de teléfono celular) con el puesto superior de Guardaparques, para que estuvieran seguros de que, al caer la noche, nadie estaba en camino.
Iniciamos la caminata en “el Termómetro” a las 8:00, con el sol picando en la cabeza y la nuca; mal comienzo.


Al llegar a “Las Cañuelas”, (kilómetro diez.; 3022 m de altitud) yo estaba prácticamente fundido, debido al esfuerzo físico de llevar mucho peso, sin haber entrenado antes. 
Decidimos que mis dos compañeros, que tenían dos cualidades que yo no poseía: juventud y entrenamiento constante, seguirían mientras yo descansaría un rato. Supuestamente los podía alcanzar por  Arrepentidos” (kilómetro 13; 3183 m de altitud), o me esperarían en el albergue de visitantes para cenar, antes del anochecer, dormir para reponer energía y emprender la caminata final hasta las cima (3820 m), como siempre se ha hecho.

 Luego seguiré contándole sobre mi aventura en solitario, que al principio, con el recargue de energía que me permitió el descanso de media hora, parecía que lograría cumplir con lo acordado.
Pero ahora le diré algo sobre unos bichitos que me salvaron, de los cuales había estado leyendo durante el último año,
los tardígrados.

Los tardígrados reales son animales de ocho patas, que habitan fundamentalmente en musgos, líquenes, helechos y, desde luego en el agua. Fueron descritos por primera vez en 1773 y su nombre significa paso lento. Su tamaño varía entre 0,05 mm y 0,5 mm, lo que permite verlos con un microscopio casero, una lupa y a simple vista, depende de su agudeza visual, si tiene suerte de encontrar alguno.
No le quiero contar más para no arruinarle la visita a los sitios de internet que le indico como referencias al final del cuento.


Bueno, aquí reanudo la narración de mi viaje, con un buen poco de fantasía.
A las 18:00 llegué al “Refugio Natural - Las Flores-  (kilómetro 12; 3155 m sobre el nivel del mar), donde miré la fuente de agua y me dirigí a ella, pues tenía sed. Al descender unos dos metros observé que además había una muy pequeña caverna, casi superficial, cuya entrada está encubierta por flores y helechos.  No sé si todos los excursionistas que suben el cerro Chirripó la han notado, pero para mi suerte de ese día yo sí. Las otras tres veces que  he subido, siempre me detengo un rato y recuerdo lo que me pasó en ese primer ascenso.
Quizás fue un sueño, o viví una fantasía mágica que me salvó la vida, aunque no creo en ese tipo experiencias fuera de lo natural.

El frío calaba mis huesos de brazos, piernas y cabeza con poco pelo. Lo único tibio era mi espalda, gracias al salveque y su denso contenido, no podría decirles la temperatura, pero seguro unos pocos grados bajo cero.

Alumbré con el foco el interior cercano de la caverna y me sedujo lo que me pareció un asiento de piedra, que parecía había sido esculpido por la corriente de agua del diminuto riachuelo, durante muchos años, pensé.
Al sentarme lo sentí como una combinación entre cuero o vinil y una calientita alfombra persa. que parecía decirme: -venga descanse aquí, está calientito, duérmase un rato-.

Y lo hice, el problema es que toda mi ropa estaba empapada por la fuerte lluvia que había recibido una hora antes, mientras caminaba a lo largo de “La Cuesta del Agua” (kilómetro ocho; 2600 m de altitud). No sé si me cambié la ropa, solo que disfruté ampliamente de esa sauna imaginaria, al punto de que luego de media hora la sensación de frío había descendido a un nivel confortable.

Valle de las Morrenas.
(jav).
Eso es lo único que recuerdo desde las 18:30, en que miré el reloj por última vez, hasta las 08:00 del día siguiente, cuando dos guardaparques y mis dos compañeros sonrientes, felices y aliviados del susto e incertidumbre de mi paradero durante toda la noche, me encontraron calientito, vivito y aún dormido.
Pero lo más curioso de todo es que no estaba dentro de la caverna de “Las Flores”; dormía sobre una confortable alfombrada de “colchón de pobre” (Lycopodium) en un playón de uno de los charquitos glaciales en “el Valle de las Morrenas”, a varios kilómetros de donde supongo que me quedé dormido la noche anterior.
Lycopodium.
(jav).

De alguna manera había sido transportado, ¡ inconsciente creo!
Ahora cuando lo pienso una y otra vez, todo parecería normal para un experto y atlético excursionista, si hubiese caminado, pero no para mí.

No creo haber caminado como sonámbulo toda la noche, no ver el albergue de visitantes, que de seguro tendría las luces apagadas y seguir un trayecto con rumbo aleatorio hasta llegar al Valle de las Morrenas, pero sin mi salveque.
 ¿Lo dejaría olvidado en un recodo del camino, o me lo quité intencionalmente porque ya no aguantaba el peso?
El esfuerzo realizado habría sido increíble y tuve mucha suerte.
En realidad no recuero nada, excepto este sueño recurrente que le voy a contar, y que he tenido desde hace dos años, ¡o quizás fue realidad!

“Mi cuerpo se convertía inexorablemente en un trozo de hielo, con lo que fue un ser vivo adentro.
Pero, de pronto, mi supuesto asiento de piedra alfombrada comenzó a moverse de una manera extraña, pero agradable. No sentí miedo.

Me pareció que ese asiento estaba apoyado en dos patas simétricamente dispuestas, que tocaban el suelo y que se extendían hacia adelante en otras dos patas igualmente acolchadas, como una muy confortable silla tumbona con apoya piernas, de las que usted podría usar si quisiera tomar el sol en la explanada del albergue actual, frente a Crestones.
Al nivel de mi cintura había otros dos apéndices simétricos, - izquierdo y derecho-, totalmente acolchados, que me sostenían en la poltrona, como lo hacen los cinturones de seguridad de los aviones.

Hacia arriba a nivel de la articulación del hombro, pero por encima, como saliendo de ambos lados del cuello, había dos… llamémosles “ almohadillas- bufandas” que me sostenían ambos hombros, si quisiera descansar acostado.

Finalmente, algo como un reclina cabezas, que me daba un masaje adormecedor, muy agradable. Seguro la última pieza de confort que me envió a los brazos de Morfeo, pero de una manera curiosa. Podía ver con mi mente inconsciente, todo lo que pasaba conmigo y a mi cercano alrededor, como lo haría una cámara que toma un documental siguiendo al personaje en primer plano. Estaba viviendo una experiencia onírica, en la que participaban principalmente mis sentidos del equilibrio, vista, tacto y oído. No recuerdo ningún sabor particular en mi boca, excepto mi propia saliva, pero sí un encantador aroma de hojas y flores de lavanda.

Pues resulta que el tal asiento era un tardígrado gigante, estimo que de unas trescientas veces el tamaño del bichito real de mayor tamaño. Había dos más y supongo que miles de millones del tamaño normal; es mi única explicación de como el piso de la caverna se movía como si fuera la banda transportadora de pasajeros en un aeropuerto.

Las tardígrados habían excavado un túnel cilíndrico como de unos setenta centímetros de diámetro, por el cual discurría el riachuelo, que se extendía, por así decirlo, de la estación “Las Flores” hasta otra estación en uno de los conglomerados en el “Valle de las Morrenas”. Creo que había otros dos o tres ramales a sitios diferentes, todo dentro del Cerro Chirripó, uno a la Laguna San José; algo así como las líneas “del metro” del DF en México.
EL otro tardígrado gigante en el interior de la caverna y el de mi asiento, con la ayuda de los de tamaño regular que facilitaban la movilización disminuyendo el rozamiento, me cargaron de Flores a Morrenas, un trabajo que les tomó toda la noche.”

Al bichito no lo conocía en persona, hasta ahora. Solo una imagen de un “tardígrado  por Internet, años después, luego de escribir mi primer cuento de ciencia ficción, en el año 2015, gracias al estímulo de Marie Alvarado y a la publicación del libro “La tinaja de Guaitil y otros cuentosRecuerdo que durante los días en que redactábamos  estaba estudiando (¡leyendo con cuidado y atención!) sobre el planeta Marte y me impresionó una región al Oeste del Valle del Mariner, llamada “El laberinto de la noche” y ese fue el título que escogí,

Como el entusiasmo era mucho, escribí solamente el título para un nuevo cuento y fue este; “Tardígrados en el Chirripó”, que podía referenciar con mis cuatro ascensos a esta cima.
Ahí ha estado descansando, esperando inspiración, más referencias y tiempo. A veces lo releo y escribo medio renglón o una página. No se amohíne usted amigo colega escritor si le sucede lo mismo, ya le llegará el momento.
Mi segundo momento de escribir algo más llegó durante la pandemia en el 2021, cuando en una sola sentada durante dos días, disfruté la serie “Star Trek Discovery”. En la primera temporada, en el episodio 4, aparece “Ripper”, un animal parecido a un tardígrado, sólo que gigante y con cualidades especiales como navegante espacial.

Vuelvo al final del cuento y espero que lo poco emocionante que ha resultado, no sea un factor para que usted pierda interés en estos maravillosos animalitos.

De paso le digo lo que creo sobre el cuero, el vinil y alfombra sobre la que me arrecosté. Como el gigante proporcional era unas 500 veces el tamaño real, su peso sería unas 125 millones de veces más, pero la fortaleza de sus patas y el cuerpo, solo sería 250 000 veces más fuertes. Quizás por eso su estructura externa mutó a una especie de keratina más fuerte, con apariencia de cuero vinil y tejido de lana, en ves de continuar como un un gel, menos resistente.

Cuando regresamos los cinco a la Base Crestones, resultó la última sorpresa. Mi salveque estaba allí intacto y como esperando que su carga fuera usada, yo tenía mucha hambre.
¿Qué paso? Pues simplemente que Analí Nuñez, la única mujer porteadora en esos días, ayudada por una mula, trabajaba cuando el sendero estaba en buenas condiciones, lo encontró en la fuente de agua de “Las Flores” y lo cargó hasta la cima.
Lástima que no la volví a ver en mis siguientes viajes, ni a los bichitos que me salvaron.
Los he buscado en cada liquen, hongo, musgo y pocito de agua fresca o de mar que encuentro… y nada… ¡Bueno, hasta ahora!

Amigo lector, ascienda usted al Cerro en cuanto esté preparado y pueda hacerlo, esa caminata debe estar en la hoja de vida de todo costarricense.
Quizás tenga suerte y encuentre a los “Tardígrados del Cerro Chirripó”.

Sentados en los Crestones
(jav).

Referencias adicionales: