miércoles, 26 de mayo de 2021

Muerto de miedo en Cruithne

-Hola, yo soy Fiachnae mac Báetáin, el actual comandante del grupo de tres astronautas que permanece en el asteroide 3753 Cruithne (pronuncie “cruuiitña”).
En realidad, ese fue el nombre con el que me bautizaron mis padres. Así consta en mi tarjeta de identidad, pero tanto ellos como mis compañeros, todos nativos de Escocia, desde la escuela hasta la Academia de Astronautas cerca de Glasgow y los que están ahora en Cruithne, me conocen como Fianche.
Les contaré sobre la situación cómica-seria que viví dos días antes de mi regreso a la Tierra, después de una larga estadía en la Estación Espacial Picti, pero primero algo sobre mi nombre, la nave y la estación espacial.
-Mi nombre, lo mismo que el de mi nave espacial natural, que fue descubierta el 10 de octubre de 1986, en una foto tomada por Duncan Waldronun, un astrónomo escosés, usando el "UK Schmidt Telescope" en Australia; es de origen Celta
No necesita ningún tipo de combustible para propulsarse, ya que simplemente aprovecha la atracción gravitatoria del Sol y de la Tierra, casi de manera similar a como lo hace la Luna.
En efecto, Cruithne es un asteroide co-orbital de la Tierra. No es otro satélite natural, como si lo es la Luna. 
La órbita de Cruithne y la del planeta Tierra, no son coplanarias, están inclinadas casi 20 grados, una respecto de la otra.
-Cruithne es un asteroide pequeño, tiene 5 kilómetros de diámetro, pero como todo en la naturaleza rota sobre sí mismo, lo hace cada 27,3 horas. Entonces un día aquí es un poquito más extenso que el de ustedes que permanecen en la Tierra, pero un año allá tiene dos días y medio más que aquí.
Esto colabora a que nuestro ritmo circadiano casi no se desajuste.
El fuerte problema, totalmente inevitable, es su campo gravitatorio:
g = Gm/r2 = ¡cero!.

En este asteroide, hace 77 años, se construyó la Estación Espacial Picti, nombrada en honor a una confederación de pueblos Celtas que vivieron en lo que se conoce ahora como el noreste de Escocia.

Durante los años de máximo acercamiento a la Tierra que ocurren cada 22-25 años, mi astronave -Cruithne- se acerca bastante al polo Sur de nuestro planeta, siempre en noviembre, (cada 364 días y unas horas aproximadamente). 
Por ahora,  la distancia mínima es como de unas 40 veces la distancia Tierra-Luna, lo que constituye una -ventana- apropiada para traer equipo- construir algunos módulos para observación astronómica y renovar la tripulación de tres astronautas por períodos de uno o dos años.
Esto no se hace cada 364 días, que es el periodo de revolución sideral (alrededor del Sol) de este curioso asteroide, solamente si es necesario.
Cuando Cruithne comience a tener ¡"acercamientos cada vez más distantes" !, que pueden llegar hasta las 500 veces la distancia Tierra-Luna, la base es puesta en hibernación y los tres astronautas de turno regresan a la Tierra.


Como en toda órbita elíptica alrededor del Sol, la de Cruithne tiene un punto de máxima cercanía al centro de atracción. En perihelio se acerca a la órbita de Mercurio, y en afelio, sobrepasa la órbita de Marte. Evidentemente la órbita de Venus se cruza con más frecuencia, pero como las dos tampoco son coplanarias, la posibilidad de colisión de Cruithne y el segundo planeta del Sistema Solar es casi nula.

Así pues viajamos en este asteroide como si fuéramos montados en una especie de “patrulla espacial”, acercándonos a veces a Marte, luego a Venus, desde luego a la Tierra y a veces a Mercurio. 
Hacemos algunos estudios sobre estos planetas, recopilamos datos sobre otros asteroides especialmente los cercanos con una probabilidad razonable de colisión, También sobre la actividad solar, cometas y meteoroides.
La base Picti tiene una grande y poderosa antena, para comunicaciones por radio con satélites artificiales y naves espaciales de la Tierra que viajan por el Sistema Solar.
Al final de nuestra estadía preparamos todo para que la base funcione en automático hasta que una nueva tripulación la rehabite luego de unos 22 años.

-Yo vine el 8 de noviembre de 2163, y ahora en este encuentro cercano del 2165, se cumple la fecha de mi jubilación y regreso definitivo a la Tierra.

-Para compensar los efectos de la ingravidez en Cruithne, los astronautas pasamos tres periodos de dos horas cada 24 horas, en una máquina de gravedad artificial de última generación, la cual se instaló en el 2159. Esto nos ha permitido vivir aquí, atenuando un poco el problema de los efectos fisiológicos de un ambiente con gravedad cero, pero no más de dos años, o 728 días que será mi récord. Esta marca, si la logro, será mucho mayor que el récord del ruso Valery Poliakov, de 437 días en la Estación Espacial MIR, completado hace tantos años, que ya casi nadie recuerda; en 1995.

-Ayer 7 de noviembre, adelantándose por 5 horas al momento de máximo acercamiento, arribó la nave espacial Aberlemno-8, procedente de la Tierra, con mi reemplazo y el primer turista espacial permitido en Cruithne, uno de esos con  mucho dinero que pudo pagar su pasaje, pero con muy poco conocimiento de astronáutica y menos de astronomía. Estará con nosotros un cortísimo tiempo, solo 72 horas y partirá de regreso conmigo.

El cansado turista venía casi dormido y pasó directamente a la habitación de huéspedes.
Durmió unas tres horas, se despertó algo desorientado poco después de nuestra media noche.
Comenzó a deambular solo por la base, acercándose a los puestos de observación, tratando de identificar algo en el cielo.
Cuando estaba en la sala de mando, observa en un amplio monitor de la computadora principal, diseñado para proporcional una espectacular imagen 3D de la Tierra aumentada mil veces, -lo que para él fue una escena apocalíptica-.
La Tierra y la Luna es fase de cuarto menguante se observan en trayectoria de colisión, acercándose a nosotros (a Cruithne). Puede leer en la pantalla una rapidez de acercamiento de los dos cuerpos, de 25,7 kilómetros por segundo, la cual aumenta sin dar señal de que vaya a disminuir.
¡La Tierra y su satélite cada vez se miran más grandes y están a punto de no caber en el monitor  (Cuando nosotros estamos de guardia bajamos covenientemente la ampliación a 500, 100, 10 etc.)!
Esperando lo peor; -que nuestra nave está irremediablemente cayendo hacia la Tierra-, el turista corre gritando para alertar a los tres astronautas, incluído yo,  que duermen plácidamente.
Logra despertarnos y nos trasmite entre señas y gritos de terror lo que considera va a suceder.
Mis dos compañeros y yo, ya completamente despiertos corremos hacia el sitio desde donde proceden los gritos. El turista n
os pide que ingresemos inmediatamente a la Aberlemno-8, despeguemos y nos alejemos del asteroide, tan rápido como sea posible, para no morir en la colisión.
Comprendemos al instante la situación inusual que está experimentando, nos miramos calmadamente, intercambiamos señas corporales y con una sonrisa entre compasiva y burlona tratamos de calmarlo.

Yo le digo:
- Sàmhach, till air ais gu cadal, tha na tha sinn a ’dùileachadh gach bliadhna airson a’ cheann-latha seo cha mhòr a ’tachairt.
Olvidándome sin querer que él no habla galés, creo que le dije:
(“Tranquilo, vuelva a dormir, ya casi sucede lo que esperamos todos los años por esta fecha.”)
Y aún sin darme cuenta del problema de idioma, agrego:
-Peidiwch â phoeni am beidio mynd i wrthdaro ei, y pellter gofynnol yn tua 40 o weithiau rhwng y ddaear a'r lleuad.
(“No se preocupe no va a colisionarla, la distancia mínima es como unas 40 veces la que hay entre la Tierra y la Luna”).
Y sigo hablando:
-Nid oes unrhyw berygl-
(“No hay peligro”).
Luego caminamos hacia nuestras habitaciones dejando al turista espacial perplejo, totalmente confundido y preso del más intenso terror, esta vez sin poder más que balbucear lo siguiente:

- ¡Qqquieren… suicidarse! -.
-...Y lo harán matándome con ustedes...-.

En ese momento comprendemos el error lingüístico que cometí.
El turista se convulsiona, sufre un paro cardiaco y cae al suelo, no da ninguna señal de vida por 45 segundos.
¿Habrá muerto de miedo en Cruithne?
Creo que mis dos compañeros y yo pensamos lo mismo.

Finalmente, los esfuerzos de uno de nosotros, la doctora de la base,
Boadicea Óbroin, logran revivirlo. 
Poco tiempo después, lo declarara estable, pero sigue muy asustado, tanto que hay que atarlo a la camilla y no puede hablar, pero parece que no se morirá.

No podemos explicarle lo que sucede, en su condición no lo entendería, pero nosotros sí lo sabemos.
La explicación, que todos los futuros astronautas que viajan a este asteroide, aprendemos desde los primeros días de entrenamiento en la Tierra, se encuentra en la página tres del manual.
Es la que nuestra especialista en telecomunicaciones a la que por cariño simplemente llamamos
Eabha (ey-va), como la amiga de WALL-E, nos lee:
  • Como la Tierra y Cruithne recorren sus órbitas en la misma dirección (contra reloj), con periodos orbitales -casi iguales-, entonces cuando se acercan, algunas veces la Tierra va delante del asteroide y en otras Cruithne va delante del planeta.
  • Si la Tierra va alcanzando a Cruithne,  la dirección de la velocidad de éste y la aceleración gravitacional que la Tierra le imprime son casi opuestas, -entonces aquel se frena un poco y pasa a una órbita externa de mayor periodo-, evitando la colisión (en realidad una aproximación cercana).
    Entonces, el asteroide sigue su viaje más lento que la Tierra y los dos cuerpos continúna en sus órbitas respectivas, separándose poco a poco. ¡Tercera ley de Kepler!
  • Si Cruithne va alcanzando a Tierra, la dirección de la aceleración gravitatoria provocada por la Tierra y la velocidad del asteroide son casi coincidentes, entonces el asteroide aumenta su velocidad y pasa a una órbita interna de menor periodo, evitando la colisión (la aproximación cercana).
    La Tierra entonces viaja más lento que el asteroide y los dos cuerpos siguen sus órbitas separándose poco a poco.
  • Esto se repite cada vez que hay un encuentro cercano, sin que a la fecha haya indicios de una posible catástrofe.”
La Tierra, en cierta forma actúa como un “perro pastor”, modificando la órbita de Cruithne. Algo parecido  a lo que hacen algunos pequeños satélites de Júpiter y de Saturno que orbitan dentro de sus anillos, confinando las partículas  de hielo y polvo de estos, limitando sus órbitas a regiones estrechas, estableciendo así los límites o divisiones de los anillos.

Bueno, afortunadamente el turista  -no murió de miedo en Cruithne- y pudo regresar a la Tierra, conmigo, 24 horas después, para contar su experiencia de un encuentro cercano con la Tierra y la Luna, mientras viajaba a gran velocidad, montado en el asteroide 3753 Cruithne.

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