Es hoy
Por Natalia Henchoz
*
Finalmente, mi espera ha terminado.
Todo lo que he aprendido durante los últimos años,
especialmente las enseñanzas contenidas en la página tres del Manual del
Explorador Espacial, y aquello por lo que he respirado, soñado y trabajado
durante la última década, está a punto de convertirse en realidad.
Me he preparado física, emocional e intelectualmente para
este momento. Cada sacrificio, cada entrenamiento y cada noche de estudio me
han conducido hasta aquí.
Es noviembre del año 2191.
Dentro de pocas horas abordaré la nave Aberlemno-10.
Durante setenta y dos horas visitaré la Estación
Espacial Picti, aprovechando el breve período de transición que ocurre cada
dos años cuando se realiza el cambio de turno de su personal. Millones de
personas han solicitado este privilegio. Muy pocas lo han conseguido.
Para mí, este viaje representa mucho más que una simple
visita.
Fue también el sueño de mi padre.
La historia apenas menciona su nombre. A pesar de ser un
hombre extraordinariamente rico y, debo admitir, algo caprichoso, desperdició
la oportunidad que la vida le ofreció cuando el programa espacial apenas
comenzaba. Nadie conoce con certeza las razones de su renuncia. Algunos hablan
de miedo; otros, de orgullo. Lo único que sé es que aquel sueño inconcluso pasó
a mí como una herencia silenciosa.
Pero mi historia será diferente.
Yo sí estoy preparada. .
Durante años cultivé una amistad con Fíanchi,
quien se desempeñó como comandante de la Base Espacial Picti, instalada
sobre el asteroide 3753 Cruithne. Sus mensajes, relatos y observaciones me
enseñaron a mirar más allá de mi propio mundo.
Gracias a él aprendí a amar aquel pequeño cuerpo celeste
que acompaña a la Tierra en su viaje alrededor del Sol.
También aprendí a contemplar nuestro planeta desde otra
perspectiva.
La Tierra ya no es para mí solamente el lugar donde nací.
Es un oasis azul suspendido en la oscuridad infinita.
La Luna dejó de ser un simple satélite para convertirse
en una compañera fiel de nuestro viaje cósmico.
El Sol, con su inmensa energía, se transformó en el
corazón silencioso que mantiene unido nuestro hogar estelar.
Y comprendí algo aún más importante: la perfecta
sincronía de todos ellos.
La belleza de formar parte de este Sistema Solar.
La pequeñez de mi existencia frente a la inmensidad del
universo.
Y, al mismo tiempo, la inmensa grandeza de cada vida que
habita este pequeño planeta.
Mientras observo el reloj de cuenta regresiva, siento
cómo mi corazón late con una fuerza que jamás había experimentado.
Dentro de exactamente cinco horas partiremos a bordo de La
Patrulla Espacial. Los cálculos orbitales indican que esta es la ventana
perfecta para el lanzamiento. Un margen de tiempo tan preciso que apenas dura
unos minutos, pero suficiente para que la misión tenga éxito.
Después de diez años de preparación, cinco horas parecen
apenas un suspiro.
Pronto abandonaré la superficie terrestre y contemplaré
desde las estrellas aquello que durante toda mi vida observé desde abajo.
Y cuando llegue a Picti, cuando vea la Tierra
flotando en el vacío, sabré que todos los esfuerzos, todos los sacrificios y
todos los sueños heredados habrán valido la pena.
Porque algunas aventuras no se emprenden para descubrir
nuevos mundos.
Se emprenden para descubrir quiénes somos realmente.
Aquella mañana de noviembre comprendí que los sueños no
pertenecen a una sola generación.
Viajan de padres a hijos, esperando a que alguien tenga
el valor de hacerlos realidad.
Y mientras la Aberlemno-10 se preparaba para
partir, entendí que el verdadero destino de mi viaje no era una estación
espacial ni un asteroide lejano, sino una nueva forma de mirar la vida, la
Tierra y mi lugar en el universo.
* Taller: Escriba su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)
CG022 1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. javillalobos@ice.co.cr.

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