sábado, 6 de junio de 2026

Es hoy

 Es hoy

Por Natalia Henchoz
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Finalmente, mi espera ha terminado.

Todo lo que he aprendido durante los últimos años, especialmente las enseñanzas contenidas en la página tres del Manual del Explorador Espacial, y aquello por lo que he respirado, soñado y trabajado durante la última década, está a punto de convertirse en realidad.

Me he preparado física, emocional e intelectualmente para este momento. Cada sacrificio, cada entrenamiento y cada noche de estudio me han conducido hasta aquí.

Es noviembre del año 2191.

Dentro de pocas horas abordaré la nave Aberlemno-10.

Durante setenta y dos horas visitaré la Estación Espacial Picti, aprovechando el breve período de transición que ocurre cada dos años cuando se realiza el cambio de turno de su personal. Millones de personas han solicitado este privilegio. Muy pocas lo han conseguido.

Para mí, este viaje representa mucho más que una simple visita.

Fue también el sueño de mi padre.

La historia apenas menciona su nombre. A pesar de ser un hombre extraordinariamente rico y, debo admitir, algo caprichoso, desperdició la oportunidad que la vida le ofreció cuando el programa espacial apenas comenzaba. Nadie conoce con certeza las razones de su renuncia. Algunos hablan de miedo; otros, de orgullo. Lo único que sé es que aquel sueño inconcluso pasó a mí como una herencia silenciosa.

Pero mi historia será diferente.

Yo sí estoy preparada. .

Durante años cultivé una amistad con Fíanchi, quien  se desempeñó como comandante de la Base Espacial Picti, instalada sobre el asteroide 3753 Cruithne. Sus mensajes, relatos y observaciones me enseñaron a mirar más allá de mi propio mundo.

Gracias a él aprendí a amar aquel pequeño cuerpo celeste que acompaña a la Tierra en su viaje alrededor del Sol.

También aprendí a contemplar nuestro planeta desde otra perspectiva.

La Tierra ya no es para mí solamente el lugar donde nací. Es un oasis azul suspendido en la oscuridad infinita.

La Luna dejó de ser un simple satélite para convertirse en una compañera fiel de nuestro viaje cósmico.

El Sol, con su inmensa energía, se transformó en el corazón silencioso que mantiene unido nuestro hogar estelar.

Y comprendí algo aún más importante: la perfecta sincronía de todos ellos.

La belleza de formar parte de este Sistema Solar.

La pequeñez de mi existencia frente a la inmensidad del universo.

Y, al mismo tiempo, la inmensa grandeza de cada vida que habita este pequeño planeta.

 Hoy es el día.

Mientras observo el reloj de cuenta regresiva, siento cómo mi corazón late con una fuerza que jamás había experimentado.

Dentro de exactamente cinco horas partiremos a bordo de La Patrulla Espacial. Los cálculos orbitales indican que esta es la ventana perfecta para el lanzamiento. Un margen de tiempo tan preciso que apenas dura unos minutos, pero suficiente para que la misión tenga éxito.

 Cinco horas.

Después de diez años de preparación, cinco horas parecen apenas un suspiro.

Pronto abandonaré la superficie terrestre y contemplaré desde las estrellas aquello que durante toda mi vida observé desde abajo.

Y cuando llegue a Picti, cuando vea la Tierra flotando en el vacío, sabré que todos los esfuerzos, todos los sacrificios y todos los sueños heredados habrán valido la pena.

Porque algunas aventuras no se emprenden para descubrir nuevos mundos.

Se emprenden para descubrir quiénes somos realmente.

Aquella mañana de noviembre comprendí que los sueños no pertenecen a una sola generación. 

Viajan de padres a hijos, esperando a que alguien tenga el valor de hacerlos realidad. 

Y mientras la Aberlemno-10 se preparaba para partir, entendí que el verdadero destino de mi viaje no era una estación espacial ni un asteroide lejano, sino una nueva forma de mirar la vida, la Tierra y mi lugar en el universo.

 Natalia; 17/10/2026.

Taller: Escriba su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)

CG022 1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. javillalobos@ice.co.cr.

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