Dos lunas
por Ilse Ma. Blanco González.
En octubre de 1955, los
periódicos ya hablaban del Proyecto Vanguard y de los futuros satélites que
algún día orbitarían la Tierra.
La Luna seguía siendo un
mundo inalcanzable, y solo los curiosos y los enamorados podían viajar hasta
ella con su imaginación.
Fue en ese mes de octubre, cuando tuvieron la dicha de cruzarse en el camino Rodrigo, un hombre galán, contador y con alma de poeta, y una mujer hermosa, inteligente, y bohemia llamada Iris. Solo una sola mirada de complicidad en ese instante fue suficiente para iniciar un sentimiento que no habían experimentado hasta ese momento.
Me gusta pensar que
aquel nuevo sentimiento en sus vidas fue influenciado por algunos
acontecimientos astronómicos que se dieron en ese mes. Aunque en ese momento no
hubo un eclipse total visible ni un gran cometa surcando el firmamento, lo que
sí ocurrió fue una rareza celeste: se vieron dos lunas llenas en un mismo mes.
La primera apareció el día primero y la segunda el día treinta y uno, fenómeno
que hoy conocemos como una Luna Azul, aunque no por su color.
El universo fue
especialmente generoso con los nuevos enamorados, no solo regalándoles esas dos
lunas llenas, sino también otros acontecimientos estelares que serían testigos
de aquellos momentos de pasión, como si fueran señales enviadas desde el cielo para
unirlos cada vez más.
La Luna se lució aún más
cuando estuvo especialmente cerca de la Tierra y pasó por el perigeo, el punto
más cercano de su órbita. Por eso se veía ligeramente más grande, hermosa y
brillante de lo habitual.
Y si eso no hubiera sido
suficiente para Rodrigo e Iris, sobre ellos cruzaron las lluvias
de meteoros Dracónidas y Oriónidas. Las primeras provenían de los restos del
cometa 21P/Giacobini-Zinner; y las segundas, del antiguo polvo dejado por el
cometa Halley, ambos testigos silenciosos del nacimiento de un nuevo amor.
Una de aquellas noches
de octubre, el cielo se engalanó con una hermosa conjunción entre la Luna y
Júpiter, que aparecieron muy próximos en el firmamento, fue un hermoso
espectáculo, ambos se veían a simple vista extremadamente brillantes, tal cual
se veía el brillo en los ojos de los nuevos amantes cuando cruzaban sus
miradas.
Para mí no hay duda de
que aquella era una señal de que Rodrigo e Iris estaban
destinados a continuar juntos por el camino en el que habían coincidido. Algo
importante que cambiaría sus vidas, los esperaba en un futuro no muy lejano.
En aquella época, la
humanidad se encontraba a las puertas de la Era Espacial. Todavía faltaban dos
años para el lanzamiento del primer satélite artificial Ruso el Sputnik 1, y un
poco más de una década para que un ser humano caminara por primera vez sobre la
Luna.
Mientras tanto Rodrigo
e Iris seguían viajando en sueños, elevando sus miradas hacia el
firmamento mientras caminaban tomados de la mano, cómo esperando algo más, no
solo las noticias de los nuevos avances astronómicos, sino de algo que los
sorprendiera aún más.
Gracias a aquellos
acontecimientos astronómicos, a los viajes imaginarios y a los poemas que Rodrigo
escribió y dedicó a Iris, ella terminó rindiéndose a su encanto y le dio
el sí definitivo a su petición de compromiso.
Con el paso del tiempo unieron formalmente sus vidas y, cuatro años más tarde, un martes de abril de mil novecientos cincuenta y nueve, y como fiel testigo de aquel momento, en el firmamento brillaba con todo su esplendor Sirius, la estrella más luminosa de la noche, no sin antes saber que la Luna en su fase de cuarto creciente se dejaba ver como un delicado cachito de luz colgando del horizonte, tan frágil y brillante como una sonrisa, ambos eventos listos para ser testigos del acontecimiento tan importante y fruto de su amor que esa noche vivirían Rodrigo e Iris : ESA NOCHE NACI YO.
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Dedicado a mis padres por traerme
al mundo y dejarme de herencia ser una romántica soñadora.
Agradecimiento al profesor y físico
José Alberto Villalobos por enseñar sus conocimientos con tanta pasión,
entrega, y alegría y dejarme ver con otros ojos nuestro universo, el sistema
solar del cual soy una minúscula parte.


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