Original publicado en "Supernova Betelgeuse. Con otros cuentos".
José Alberto Villalobos.
Cartago AntiguoCr 2024. ISBN 978-9968-03-641-21
La Nicte es como el módulo lunar Apolo de los años setenta, solo que tecnológicamente más avanzado.
Día 1.
Anoto en la bitácora la fecha del alunizaje: lunes 9 de abril de 2024. Las coordenadas selenográficas del sitio son: 89° Sur, 75° Oeste. Es un pequeñito valle a 3 kilómetros del borde del cráter Shackleton, entre este y el cráter Shoemaker. Casi estamos en el polo sur de la Luna.
Le dí el nombre de “Valle Lise”, en honor a la física Lise Mitner, miembro del equipo que descubrió la fusión nuclear y que quizás por ser mujer, no fue considerada para compartir el Premio Nobel de Química en 1994.
Descendimos precisamente en la fecha exacta de la luna nueva. La región está iluminada como durante el crepúsculo en la Tierra, a pesar de la fase lunar, que como sabemos, no permite ver este satélite natural desde nuestro planeta.
Sin embargo, desde el valle Lise si se notan los bordes del vecino cráter, iluminados por una luz mortecina. Parecen los dientes cariados de un extraordinario gigante que tiene la boca abierta, como para tragarse todas las estrellas, nebulosas y galaxias, que vemos en el cielo del sur y así permanecerá siempre.
De pronto suena una alarma en la Nicte, un reloj digital se ilumina y marca las 16:30 UTC.
“Eclipse total de Sol, Saros 139.
El cono de sombra viajará hacia el oriente por el Océano Pacífico.
Entrará al continente americano por Mazatlán, en México,
seguirá hacia Texas y saldrá al Océano Atlántico por New Brunswick en Canadá.
Su máximo será a las 18:17 UT y concluirá a las 19:55 UT”.
Paola, la primera oficial, nos dice: desde nuestra posición en uno de los extremos del lado cercano de la Luna (mirando desde la Tierra), el hemisferio de la Luna que siempre enfrenta la Tierra, el planeta se ve siempre frente a nosotros. “no revoluciona”, pero si rota. Por eso no veremos el final del eclipse, ya que la rotación de la Tierra -de Oeste a Este-, nos ocultará el Este de Estados Unidos a las 19:02.
Sergei, el especialista de misión es geólogo y nos dice: si fuéramos habitantes nativos de la Luna (selenitas, pero no lunáticos), seguro diríamos que hoy tenemos “Tierra llena” y el eclipse que estamos observando , sería un “eclipse parcial de Tierra”. La sombra de la Luna cae sobre una región de la Tierra.
Sin embargo; Un eclipse de Sol, ¡si pudiéramos observarlo aquí! (en la Luna), sería excepcional, por su duración tamaño y nivel de oscuridad. Esto porque la Tierra cubriría el Sol durante más minutos, que lo que hace la Luna en los eclipses solares en la Tierra, como el del 11 de julio de 1991. Ocurrirían , desde luego, en la fase de “Tierra nueva”.
Día 2 (09/04/2024)
Repasamos algunos datos orbitales y físicos de la Luna. Por ejemplo que su órbita está inclinada 5,1 grados respecto a la eclíptica (el plano de la órbita de la Tierra) y que su eje de rotación está inclinado 1,5 grados respecto a su plano orbital.
Por eso los rayos solares son casi rasantes a la superficie en ambos polos lunares y ese es el motivo por el cual las crestas de los cráteres cercanos han permanecido un poco iluminadas. Sin embargo, sabemos que el fondo de esos cráteres polares está completamente oculto por la oscuridad más negra, no importa la fase lunar.
Día 3 (10/04/2024)
Paola y Sergei descargan de la nave Nicte el equipo necesario, incluyendo un “rover”, que les permitirá acercarse a un pared baja del cráter Shackleton. Luego subir al borde y realizar la primera exploración de una pate de su circunferencia.
Yo me quedaré dentro del módulo, para supervisar y mantener comunicación constante .
El Shackleton es un cráter de impacto circular, de 21 km de diámetro y 4,2 km de profundidad. Se supone que su fondo no es completamente plano, hay varios montículos de varios tamaños, el central es de unos 200 metros de altura. La temperatura en el fondo puede bajar a 30 kelvin y podría haber hielo diseminado en algunos depósitos, o mezclado con el suelo.
Este hielo posiblemente proviene del núcleo del cometa que originó el cráter hace unos 3600 millones de años. De los que sí estamos seguros es que allí nos toparemos con algo parecido a la más negra noche de luna nueva, en el lugar más remoto de la Tierra que usted pueda imaginar.
Día 4 (11/04/2024)
Sergei y Paola conducen el “rover”, hasta un punto donde la inclinación de las faldas del cráter llega a 35°. Lo estacionan de manera segura y comprueban que el mecanismo de control remoto está activo, por si yo lo necesito y debo traerlo por medio del programa que retrotrae su recorrido previo.
El borde del cráter está 50 metros más alto que el nivel promedio del valle Lise, por lo que solo les falta subir 32 metros. Usarán sus “jetpacks”, cuyos retrocohetes permiten ascender o descender en el débil campo gravitatorio de la Luna.
A las 08:00 (hora de la Nicte) informan que llegaron arriba, se quitan los jetpacks, los colocan en un lugar seguro y comienzan a explorar el perímetro.
Se dan cuenta que les tomó mucho menos tiempo que el esperado y toman una arriesgada decisión personal que no está en el protocolo.
Como no están cansados, con luz crepuscular, con suficiente oxígeno y energía, deciden bajar unos quinientos metros hacia el fondo del Shackleton, pero no me lo harán saber. Estiman que pueden bajar y subir en un ahora.
Decidido el cambio de planes usan su equipo de alpinismo para asegurar dos cuerdas en sendas rocas del borde del cráter, que parecen salidas y firmes y comienzan a bajar.
Son las 09:00 tiempo de la Nicte .
Las cuerdas son delgadas fibras de carbono de resistencia y elasticidad excepcional, tienen una longitud de 600 metros, sujetas a un arnés en la espalda, como las coreas para perros y están arrolladas en un anillo en la cintura de cada traje espacial. Pueden soltarse y enrollarse a voluntad con tres comandos de voz, transmitido por bluetooth a un pequeño motor incorporado en el traje de astronauta.
Solo tienen que decir los nombres de tras notas musicales de la siguiente manera:
“do” de 261,6 hertzios para subir
“si” de 493 hertzios para bajar y
“fa” de 349,2 hertzios para detenerse.
Inician el descenso, cada vez está más oscuro.
A las 09:15 llega el momento de usar las linternas altas, la altimetría señala que han descendido 500 metros. Todo ha resultado simple, las paredes son lisas, firmes, sin arena suelta. La pendiente promedio de unos 60 grados ha permitido un descenso relativamente fácil y rápido. Aquí toman un descanso sobre una pequeña saliente y aprovechan para darme uniforme, fingiendo que aún exploran el borde, yo los escucho y guardo en la grabadora de la Nicte. Sin embargo, la telemetría recibida, me indica que no están sobre el borde del cráter, pero yo cometo el error de pasar por alto esa pequeña diferencia, suponiendo que es causad por una falla de calibración.
De pronto sucede algo inesperado; la saliente rocosa se quiebra. Sergei pierde el equilibrio, sufre un severo golpe en su caso, que repercute en su cabeza y pierde el conocimiento.
Cae por la pendiente y desciende unos 50 metros hasta que el mecanismo que controla su cuerda se activa automáticamente y frena la caída bruscamente. El esfuerzo mecánico del impacto hace que la cuerda de Sergei sobrepase ampliamente su límite elástico , se fractura y revienta. Y a sin ningún control reanuda su caída inexorable, dando tumbos hacia abajo, con golpes y ruidos que nadie puede ver ni escuchar. Posiblemente dejó de existir mucho antes de llegar al fondo del cráter.
Paola imagina aterrorizad la escena.
Pero no puede ver nada.
No puede escuchar nada.
Solo puede suponer un fatal desenlace. La emoción y la angustia alteran los latidos de su corazón. Respira con dificultad, tiene un exceso de saliva en su garganta.
Siente que se ahoga, quiere quitarse el caso, pero si lo hace entonces si se ahogará.
Pensando en su compañero y algo confundida, trata de activar varis ves el comando de parada; grita:
“fa -f a - fa”.
Pero no obtiene ninguna respuesta, ella está en reposo y su registro sonoro no aplica al equipo de Sergei.
Desesperada quiere echar a mano a su jetpack, pero se ha quedado arriba. Trata de comunicarse por radio, pero las paredes del Shackleton no permiten una transmisión clara hacia la Nicte.
Su única opción es escalar la pared interior ayudada por el cordón umbilical de su cuerda, una vez allí comunicar lo sucedió y esperar un rescate.
A las 10:45 recibo la noticia del accidente.
Son las 10:50, el mecanismo de control remoto del rover está funcionado y hago regresar al vehículo de manera eficiente, regresa a las 11:35.
A las 12:00 lego al sitio donde iniciaron el ascenso, me coloco el jetpack y 25 segundos después estoy arriba junto a Paola, con un equipo de primero auxilios.
Está semiconsciente, el traje está intacto, pero ella respira con dificultad, parece algo deshidratada y débil.
Con esfuerzo, entre los dos logramos colocarnos los jetpacks y descendemos hacia el rover.
Parece haber un entendimiento tácito entre nosotros, Por ahora no podemos hacer nada por Sergei. Está desaparecido, quizás ya sin vida por los golpes recibidos, o porque su dotación de oxígeno está a punto de agotarse. Posiblemente esté en algún punto de la pendiente interna del cráter, o en el fondo.
El reloj marca las 13:01 cuando entramos a la seguridad del módulo lunar.
Día 5 (12/04/2024)
Son las 03:24, Paola y yo estamos despiertos y parcialmente recuperados.
¿Cómo encontraremos a Sergei?
Cargamos el rover con los jetpacks y las cuerdas y nos trasladamos rápidamente a lo que quedó de la saliente de rocosa en el interior del cráter, donde ocurrió el accidente.
Continuamos el descenso en la supuesta dirección de la caída de Sergei. Una hora después llegamos al fondo y allí encontramos un inconfundible signo del final de la trayectoria de caída de nuestro compañero.
El maltrecho guante de su mano izquierda con su dedo índice parcialmente atrapado en un pequeño bloque de agua congelada.
Posiblemente algo del hielo del fondo se fundió por la energía del impacto y se recongeló casi inmediatamente, debido a la baja presión.
Junto al guante, se mira un irregular huella de arrastre de unos tres metros de largo, donde se parecían cristales de hielo recientemente formados, mezclados con el regolito lunar fino y pequeñas rocas, que curiosamente termina de manera abrupta.
Se puede percibir que, inequívocamente que más allá de la huella y en todas direcciones el fondo del cráter no ha sido alterado.
Paola y yo nos juntamos, teniendo cuidado de caminar solo sobre nuestras propias pisadas.
usamos las lámparas a máxima potencia e iluminamos la escena en todas direcciones. Nada, todo parece estar inalterado diez metros a la redonda. Sólo se aprecia el típico suelo de un cráter lunar.
Pero no está Sergei, ni ninguna otra pieza adicional de su traje. No hay ninguna pista de su posible destino.
Para nosotros ha desaparecido misteriosamente.
¿Qué hacemos me dice Paola?
Los manómetros indican que tenemos justamente el oxígeno necesario para un regreso rápido a la Nicte.
Apilamos unas pocas rocas livianas que casi no podemos ver, colocamos encima el guante de Sergei y el transmisor encendido del radiofaro de Paola , cuyos “bip- bip – bip” comenzamos a escuchar.
Dos horas más tarde, de regreso a la Nicte decidimos que no habrá día 6, viajaremos a la Tierra inmediatamente.
Luego de insertar en la computadora los parámetros de la trayectoria de regreso, nos elevamos sobrevolando el cráter.
Por la radio de la Nicte seguimos escuchando los cada vez más débiles “bip- bip-bip…” del radiofaro.
¿También los podrá escuchar Sergei?, donde sea que esté?
¿En algún rincón de la fría, eterna y oscura profundidad del Shackleton? Nunca lo sabremos.
Ahora nosotros desde aquí arriba, solo nos queda saludar y despedirnos del amigo y compañero cosmonauta, con una mezcla de tristeza, respeto y alegría.
Vamos de regreso a la Tierra, con una accidentada misión, casi cumplida.
Jav
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