Por Marta Chacón Mora
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Cuando éramos niños, mi mamá tenía la tradición de llevarnos a
la playa durante las vacaciones. Días antes, ella empezaba con todos los
preparativos. Al paseo íbamos sus 8 hijos y todos los primos y amigos que
quisieran apuntarse.
En la playa, pasábamos todo el día jugando en el mar, cantando,
bailando, saltando olas y sumergiéndonos para pasarlas por debajo.
A la hora del atardecer nos llenábamos de repelente para evitar ser picados por los mosquitos y ver tranquilamente el atardecer, cada atardecer era un espectáculo maravilloso, llenando el firmamento con una gran variedad de colores, mi mamá siempre nos decía: cada atardecer es único, así como nosotros...
Después de cenar, volvimos a la playa a observar las estrellas, ver meteoros cayendo del cielo y observar nuestro bello satélite, en la fase que se encontrara. Nos fascinaba la luna llena, aunque nos impidiera un poco la observación de las estrellas.
Muchas veces hacíamos fogatas, cantábamos e inventábamos diferentes juegos
alrededor del fuego.
Una noche, estaba yo callada, muy ida, observando el firmamento, cuando veo que una estrella empieza a hacerme ojitos, para llamar mi atención, yo me concentro en observarla, ella jugaba con la luz que emitía, reduciéndola y haciéndola más brillante, pasé mucho tiempo observándola.
Mas tarde le comenté a mi mamá sobre esa estrella coqueta y ella se sonrió.
Al día siguiente yo estaba muy impaciente de que oscureciera y
llegara el momento de ir a la playa. Volví a acostarme sobre la arena y
empecé a buscar la estrella de la noche anterior hasta que la vi de nuevo, allí
estaba, observándome, interrogándome, y empezó a jugar conmigo cambiando
su brillo e intensidad. Yo la observaba. De pronto ella me habló y me dijo:
" ¿Sabes, yo soy tu Estrella"?
Se la enseñé a mi mamá y me dijo: ¡Ah! esa es una estrella de la
constelación de Orión.
De ahí en adelante me interesé por mi estrella y busqué información, me fue un poco difícil porque en ese entonces no había internet. Descubrí que se llama Rigel, que se encuentra en el pie izquierdo de la figura mitológica de Orión y que su nombre proviene del árabe que significa «el pie izquierdo del central o del gigante»
También descubrí que es un sistema estelar y que a simple vista se ve
como un solo punto blanco- azul. Que es la estrella más brillante de Orión,
a pesar de ser la b y se le considera la séptima más brillante del cielo nocturno.
Supe que es muchas veces más brillante y masiva que nuestro sol. Y se
calcula que está a una distancia de 860 años luz del Sol.
A partir de ese momento, en que ella me reveló que era mi estrella, yo
la busco siempre, en cualquier lugar que me encuentre y generalmente nos
vemos. A veces está con Orión patas para arriba y otras en su
posición de pie, otras veces está más arriba o más hacia abajo...
Su posición varía según el lugar o el país de donde yo la observe y también, de la hora que la observe.
Leyendo sobre Rigel entiendo porque ella juega conmigo variando
su brillo, y haciéndome ojitos, pues se sabe que su magnitud está oscilando
constantemente, por eso se le clasifica como una estrella variable (β Ori) y la
variabilidad se debe a las pulsaciones en su atmósfera inestable.
En muchas ocasiones he conversado con ella sobre mi vida, sobre el planeta Tierra, sobre el futuro de la humanidad, sobre el universo... Pues ella es una amiga para mí.
A veces me preocupo sobre que irá pasar con ella porque dicen que tiene
una edad estimada de entre siete y nueve millones de años, que ha agotado su
combustible de hidrógeno de su núcleo, y que se ha expandido y enfriado hasta
convertirse en una supergigante azul que se espera termine su vida como una
supernova tipo II dejando como remanente final una estrella de neutrones o un
agujero negro…
Pero bueno, me consuela pensar que ya para ese momento,
yo ya no estaré por aquí.
* Taller: Escriba su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)
CG022 1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. villalobosjosealberto@gmail.com
** Ilustraciones; cortesía de "Copilot" (https://copilot.microsoft.com/)


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