lunes, 8 de junio de 2026

La luz titilante

 por Daniel Villalobos

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Y33 empujó el féretro suavemente con su mano mecánica, casi con veneración; dentro yacía el último humano que quedaba en Novis Orbis: El Dr. Mäkinen, uno de los astro-biólogos más brillantes de la Tierra, había sobrevivido 3 años después de infectarse, fue más resistente que los otros miembros de la tripulación. Increíble que padecer una enfermedad autoinmune fue lo que prolongó su vida.

Saturno se divisaba imponente en el horizonte y el firmamento lucía deslumbrante; debido al inminente anochecer, la luz reflejada por el gigante golpeaba los anillos dándoles una apariencia fantasmal, casi como una autopista de cristales centelleantes suspendida en el espacio.

 La superficie de Novis Orbis empezaba a teñirse de un suave tono marfil. La cadena montañosa que rodeaba la colonia mostraba esas vetas de color azul grisáceo en sus laderas y blancos luminosos por el hielo en sus cumbres. Las llanuras revelaban un resplandor intermitente de colores ocres y dorados debido a su composición mineral. La vegetación cultivada hasta ese momento era de un azul verdoso bellísimo, debido a la menor intensidad lumínica.

 El féretro flotaba suspendido a la altura de los brazos de Y33 que lo empujaba con discreción hacia el borde del asentamiento donde estaba el incinerador.

 **** Y33 ****

Y33 era un “hibroide”, término que se acuñó después de los severos conflictos sociales que desembocaron en la lamentable tragedia de Shenzhen, conocida también como el “Ciber-cisma” en las primeras décadas del siglo XXII. Para entonces la humanidad ya había desarrollado la Súper Inteligencia Artificial, la misma que un siglo antes era considerada ciencia ficción: los sistemas informáticos, con un poder analítico más rápido y poderoso que el humano, habían llegado a ser autoconscientes y a comprender a la perfección el comportamiento de las personas. Pero en su desarrollo se les dio rasgos humanos, con una fiel capacidad expresiva al punto de no diferenciarse entre especies. La tragedia de Shenzhen fue el punto cúspide del deterioro en la percepción de los individuos informáticos hacia los biológicos cuando la tercera ley de la robótica fue inusualmente ignorada por los androides, causando un enfrentamiento entre robots y humanos y la lamentable muerte de algunos miembros de un equipo científico chino.

 Esto representó un punto de quiebre en el desarrollo tecnológico. Las personas se dieron cuenta de que habían depositado demasiado en la informática y habían puesto en riesgo su propia existencia como especie. Esto llevó a una revisión profunda y sistemática de la situación, desembocando en lo que se denominó la “Ley Nakashima”; esta estableció que los robots, en lo sucesivo, si por sus funciones debían tener una estructura parecida a la de las personas, su apariencia sería mecánica, ya no tendrían coberturas que imitaban la piel humana ni expresiones faciales. Sus capacidades seguirían siendo tan desarrolladas como lo permita la ciencia, pero ahora se incluiría un código infranqueable escondido en lo más profundo de su programación: la “conciencia” de su estado mecánico al servicio de los humanos. Fue a partir de entonces que esta nueva generación de robots antropomórficos, como Y33, se llamó “hibroides”.

 Y33 estaba construido en titanio, metal muy liviano y resistente, de un color gris opaco ligeramente azulado. En su rostro no tenía facciones humanas. En su lugar contaba con una 
-luz titilante roja-, como un cíclope cibernético y una rejilla en lugar de boca.

 **** Novis Orbis ****

Novis Orbis fue descubierto por la sonda Scrutinium III en el año 2362. El satélite orbita Saturno, con casi un 3% de la masa de la Tierra y un diámetro muy cercano al de Plutón. Las misiones no tripuladas enviadas posteriormente fueron realizando descubrimientos cada vez más prometedores que apuntaban a una posible terraformación, esperando lograr el mismo éxito que habían obtenido con Marte, donde ya una incipiente colonización se aclimataba en los casi 50 millones de kilómetros cuadrados logrados hasta la fecha, prácticamente una tercera parte del planeta rojo.

 Novis Orbis tenía hielo en sus polos y en las cumbres de sus elevadas montañas; había agua líquida bajo la superficie en cavernas profundas; también minerales ricos en dióxido de carbono, lo que facilitaba su liberación a la atmósfera para crear un efecto invernadero artificial y aumentar la temperatura.

 Dadas esas condiciones, una misión con robots muy especializados fue enviada para iniciar el proceso de terraformación y preparar el planeta para recibir a un equipo de científicos y especialistas que concretarían la habitabilidad de Novis Orbis. Dicha misión inicial de robots estaba conformada por Y33 a la cabeza, como el hibroide más avanzado en su época; estaría al mando de las etapas previas a la llegada de humanos que ocurría al menos un siglo después.

 En la misión también iba un robot llamado “la araña” especializado en misiones espaciales de larga duración, exploración de túneles y cuevas, fumigación de cultivos y acceso en terrenos difíciles; uno llamado “el saltamontes” especializado en búsqueda y rescate, acceso a terrenos difíciles, evaluación de la humedad del suelo, detección de plagas y medición de la salud de la vegetación, y uno llamado “la libélula” especializado en sobrevolar terrenos, vigilancia, seguridad y reconocimiento. Con el aguijón posterior retráctil tiene la capacidad de medir el PH del ambiente, contaminación y temperatura. Dicha misión iba armada con generadores nucleares para alimentar la maquinaria de alteración climática, espejos espaciales diseñados para redirigir y concentrar la luz solar aumentando la temperatura para derretir hielo y liberar gases de efecto invernadero, centros especializados en filtrar, separar y sintetizar gases desde el entorno, generadores masivos de suelo para recrear una magnetosfera artificial que evite que la nueva atmósfera sea barrida por el viento estelar; también biotecnología resistente a la radiación inicial, capaz de acelerar procesos metabólicos con el fin de fijar nitrógeno y producir oxígeno, líquenes, musgos y hongos resistentes que se adapten al nuevo clima y a la menor gravedad del planeta, material biológico en estado de congelación para establecer la cadena trófica, incluyendo fitoplancton, zooplancton y polinizadores, nano robots diseñados para esparcirse en la atmósfera y catalizar reacciones químicas a una velocidad miles de veces mayor a la biológica. Y los materiales para iniciar la construcción de refugios habitables llamados “capullos” que permitirían a la primera misión humana vivir en una atmósfera y gravedad adecuadas, mientras se trabaja en el resto del satélite.

 Esta misión trabajó durante 132 años, más de los programados inicialmente ya que algunas etapas tomaron más tiempo, por supuesto también hubo eventos inesperados y accidentes mecánicos.

 **** Misión tripulada ****

La misión “Oppidum I” fue programada para llevar a los primeros humanos a Novis Orbis con el fin de continuar con el proceso de terraformación del satélite, una vez que los robots habían logrado un grado considerable de avance y existían condiciones mínimas para la vida humana, aunque apoyada de forma artificial todavía. Era un viaje de 12 años desde la Tierra.

 La criostasis fue desechada por no poder responder a las necesidades de las distancias y los tiempos en los viajes interplanetarios. En su lugar, gracias a los estudios de los astro-biólogos de finales del siglo XXII, Johan Ström, Fernando Martínez y Pietro Rossi, se está utilizando la técnica llamada “preservación asistida SMR”.  Que consiste en mantener el cuerpo humano dentro de cápsulas llamadas “crisálidas” en un ambiente de severa depresión metabólica, controlada y segura para los seres humanos.

 La misión “Oppidum I” llevó un grupo de científicos y técnicos de un altísimo perfil, especializados en los diferentes ámbitos de la terraformación. Era un viaje sin retorno; 12 años era el recorrido máximo logrado hasta entonces con los recursos energéticos de la época y todavía no había producción de combustibles en Novis Orbis que permitieran el regreso a la Tierra. Todos lo sabían y la selección de los tripulantes tomó años.

 **** El virus MGR ****.

Samuel Smith era británico y geólogo planetario. Su misión era estudiar la composición de rocas y minerales e identificar recursos útiles para futuras misiones. Aquel mediodía había subido a una de las colinas desde las que se divisaba en su totalidad la colonia. Observaba abstraído la atmósfera de un tono azul más oscuro que en la Tierra.

 Los enormes espejos en órbita para redirigir la luz del sol hacia la superficie de Novis Orbis producían una hermosa y extraña iluminación sobre la superficie. Como si fueran muchos soles, lucían como puntos intensamente brillantes en el cielo produciendo sombras múltiples. Ciertas regiones recibían una luz cálida y dorada, mientras otras eran bañadas por reflejos blancos y fríos.

 Smith se venía sintiendo ligeramente febril y cansado. Regresó con las muestras que había recolectado en las cuevas orientales y fue directamente hacia el laboratorio a desinfectarse e iniciar los análisis. Al quitarse el uniforme de trabajo notó que tenía unas manchas traslúcidas en sus manos y brazos. Acudió inmediatamente a la consulta de la Dra. Levi y esta, alarmada, le practicó varios exámenes de laboratorio.

 Era muy llamativo porque ese mismo día en la mañana otros dos miembros más de la misión habían presentado las mismas manchas. Uno de ellos con fiebre muy alta y el otro tuvo convulsiones. Los primeros exámenes de laboratorio revelaron alteraciones sistémicas.

 En los días siguientes otros miembros de la tripulación mostraron los mismos síntomas. La Dra. Levi y su equipo de médicos decidieron hacer biopsias de la piel, médula ósea y ganglios linfáticos encontrando células con patrones genéticos anormales. Los infectados empeoraban y hubo que aislarlos en un capullo especialmente preparado para ello; varios miembros del equipo médico empezaron a enfermar también, ninguna medicina ayudaba a su mejoría y fue muy alarmante el hecho de que primero a unos y luego a otros, su color de ojos empezó a cambiar volviéndose muy claros, de un tono casi plateado. Y luego empezaron a fallecer.

 El equipo médico trabajaba incansablemente tratando de encontrar la causa de aquella catástrofe. Los exámenes de laboratorio mostraron células con patrones proteicos imposibles en un ser humano sano, lo que sugería una influencia biológica externa. Las resonancias empezaron a revelar un crecimiento anómalo de tejidos en los infectados.

 Y33 trasladaba silenciosamente féretros hacia el incinerador varias veces al día. Desesperada, la Dra. Levi optó por comparar el ADN de los colonos infectados que todavía sobrevivían con sus muestras tomadas antes salir de la Tierra; incrédula constató que el genoma de los pacientes ya no coincidía con el original. Se comunicó con la Tierra para informar de lo que ocurría y pedir asesoría. A los médicos terrícolas les alarmó las graves consecuencias que presentaban los infectados: fallo neurológico, convulsiones, mutaciones tumorales masivas, un sistema inmune totalmente colapsado y concluyeron que debía tratarse de un virus con un genoma altamente mutable y polimórfico, que integra su material genético directamente en el ADN humano, que se camuflaba usando las propias proteínas del cuerpo y carecía por completo de enzimas únicas o puntos débiles vulnerables a los antivirales, no tenía enzimas propias, secuestraba y utilizaba exclusivamente la maquinaria interna de la célula humana, por lo que cualquier medicina que intentara atacarlo destruiría también las células sanas del cuerpo.

 No había nada que hacer. Los médicos en la Tierra, utilizando la información que la Dra. Levi les compartió, intentarían encontrar un antídoto que se pudiera replicar en Novis Orbis con los recursos que tenían allá. Pero los meses pasaron y no había respuesta. La población humana del satélite seguía disminuyendo. El Dr. Mäkinen puso todos sus conocimientos en astrobiología para ayudar a la Dra. Levi a encontrar una solución. Lamentablemente ella se contagió y falleció seis meses después. El Dr. Mäkinen siguió trabajando desesperadamente con lo que quedaba del equipo médico. La Tierra cortó toda comunicación. A pesar de los mensajes desde Novis Orbis con hallazgos poco esperanzadores, ya no hubo respuesta.

 El Dr. Mäkinen empezó a presentar síntomas, aunque muy leves y tardó mucho en sentirse mal. Él padecía la enfermedad celíaca, un padecimiento autoinmune y pensó que esa condición fue la que evitó que se contaminara antes. En la búsqueda de una respuesta, pudo concluir que seguramente el virus vino del agua de las cavernas subterráneas y pudo contaminar a las personas durante los análisis biológicos al inhalar accidentalmente su vapor. Fue el último en morir; agonizó cuatro meses al cuidado de Y33, siendo ya el único humano en el satélite.

 **** Esperar ****

Y33 se dirigió hasta la cápsula de cremación, muy despacio, como si fuera un ritual. Los hibroides no tienen sentimientos, sin embargo, aquella despedida parecía afectarle, como si un inminente e incontrolable vacío cayera sobre su estructura que, aunque se presentaba como un todo ordenado, no dejaba de ser una combinación metálica de partes.

 Introdujo el féretro en el incinerador, aquel mismo en el que todos los miembros anteriores de la tripulación habían sido cremados en diferentes momentos durante los últimos 3 años. Un dedo brillante oprimió el botón y la puerta se cerró y empezó el proceso de incineración.

 

Y33 se dirigió al capullo central desde donde se administraban todos los procesos en el satélite. Revisó que los reactores de fusión estuvieran trabajando correctamente. Verificó que los espejos espaciales estuvieran redireccionándose constantemente hacia el sol, así como que los sintetizadores de gases estuvieran al tope. Verificó la temperatura, revisó el material biológico que aún estaba congelado y constató que los ejércitos de nano robots siguieran cumpliendo con su función. Se encargó de descontaminar el capullo que había servido de Unidad de Cuidados Intensivos durante los últimos 3 años.

 Procedió luego a apagar a la araña, al saltamontes y a la libélula. Su misión desde el inicio era muy clara, preparar todo para la llegada de los humanos. Todo estaba en orden, todo funcionaba, todos los procesos se acoplaban armónicamente; aunque desde Novis Orbis se habían enviado mensajes, la Tierra nunca respondió. Entonces Y33 envió un aviso:

 -El Dr. Mäkinen falleció. Se aplicó el protocolo CH16, al igual que con los anteriores humanos. El virus MGR sigue presente en el medioambiente sin afectar los procesos de terraformación, que continúan con éxito. El Dr. Mäkinen no logró encontrar la cura antes de morir. Espero instrucciones.

 Y33 apagó las luces de todo el complejo de capullos y dejó sus funciones en el mínimo. Se sentó tranquilamente frente al enorme ventanal mirando en la dirección en que debería encontrarse el planeta de los humanos. Sabía que en la distancia más cercana entre Saturno y la Tierra, el mensaje llegaría en hora y media. Solo debería esperar una respuesta, una instrucción, tal vez el comunicado de que en la Tierra habrían encontrado la cura contra el virus MGR y que en algún momento en los próximos siglos volverían a llegar personas.

 Mientras cuenten con la nanotecnología de auto reparación, el tiempo para un hibroide no es una variable que le afecte. ¿Cómo estará la Tierra? ¿Qué avances habrá en ciencias, en tecnología, en sus comunidades? ¿Ya habrá versiones de robots más avanzadas? Esas eran preguntas que Y33 no se hacía, a él solo le interesaba recibir una directriz de la Tierra.

 Ahí sentado con aquella mirada fría, observó el infinito; poco a poco entró en un letargo programado del que despertaría periódicamente para cerciorarse si había un mensaje.
¿Cada década?
¿Cada siglo?
Para Y33 el tiempo no era relevante.
Lentamente fue apagando la luz titilante en su rostro hasta quedar a oscuras… y esperó.

 * Taller: Escriba su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)

CG022 1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. villalobosjosealberto@gmail.com

2 comentarios:

  1. Impressionante! Que descripción del paisaje !

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  2. Exelente y profundo cuento. cuento. Un abrazo cósmico desde Alfa Centauro. RAJ.

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