Por Eva Schnell
*
En
un lugar profundo y caliente de la
Tierra, en el manto superior, mucho más
abajo de las montañas, océanos y volcanes,
dos entidades
magmáticas pequeñas consciencias de calor y energía habían, nacido, crecido y
ardido felices en las profundidades del manto terrestre. Se
llamaban Chispita y Brasa.
Pero un día, Chispita suspiró (con una pequeña lluvia de diamantes) y dijo:
- Brasa, llevamos siglos viendo el mismo silicato de hierro fundido, las mismas ondas de presión, los mismos cristales de carbono aplastados convertidos en diamantes que nunca nadie verá. Necesito un cambio de fulgores.
Brasa, que era más práctica pero no menos
curiosa, arqueando una ceja de fuego
respondió:
- He oído rumores geológicos. En este país, hay volcanes muy activos como el Poás que expulsa magma a una temperatura de 1.000 °C, que es muy parecida a nuestro hogar.
Y así fue como las dos, burbujeando de emoción, esperaron pacientemente durante eones geológicos hasta que una grieta en el manto terrestre comenzó a abrirse. Chispita y Brasa se colaron en una burbuja de roca fundida que ascendía y comenzaron su viaje hacia arriba.
Al ascender por la cámara magmática del volcán se asomaron a un mundo nuevo, a pesar de las cenizas y vapor, se deslumbraron con algo inmenso, hermoso, deslumbrante, rugiente: el sol que brillaba en el cielo.
Chispita y Brasa se quedaron ardiendo, mudas, observando cómo aquella estrella ardía a 5.000 °C, sin pausa desde hacía miles de millones de años.
- La Chispita soñadora bien encendida dijo:
- ¿Y si
nos mudamos al Sol ?
-¿Seremos parte de esa estrella que mantiene viva a la
tierra?
¡ Qué emoción! Nuestros átomos se mezclarían con el Sol y arderíamos
felices para siempre en nuestro nuevo hogar.
- Pero fíjese bien —respondió Brasa, con su
chispa científica.
- Eso que vemos no es solo brillo y calor. Es
gravedad aplastante, vientos solares, y si nos acercamos demasiado, la corona
nos deshará en millones de partículas sueltas.
- ¿Y eso es malo?- preguntó la Chispita
soñadora.
- Seríamos luz. Seríamos parte de la estrella que hace viva la Tierra. Arderíamos felices para siempre!
Las dos parpadearon de emoción y entendieron
que así ya no serían Chispita y Brasa serían Sol.
Se despidieron del volcán con
un suspiro humeante y chispearon en busca de arder en nuevos horizontes, brillar en nuevas experiencias,
disfrutar de nuevos destellos.
Integrarse en el Sol no es "morir",
sino volverse luz ... energía.
- Entonces… ¿vamos?
- Vamos. Y así fue.
Epílogo solar
Y
desde entonces, cada mañana, cuando el Sol sale por el este y calienta la
Tierra, hay dos pequeños destellos un poco más brillantes que el resto que desde
la física, dejaron de ser Chispita
y Brasa.
Pero si miramos con mucha atención (y con mucha ciencia en el corazón),
podríamos pensar que allí siguen Chispita y Brasa, juntas, navegando
felices y ardiendo sin prisa, buscando iluminar siempre nuevos horizontes.
* Taller: Escriba su cuento de ciencia ficción (viaje por el sistema solar)
CG022 1-01. PIAM - U.C.R. 1.2026. javillalobos@ice.co.cr.



Què belleza de cuento, lo disfruté muchísimo, se lo leeré a mis nietos. La felicito y gracias. Saludos Ilse Ma.
ResponderEliminarBellísimo!!
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